El productor Horacio Volpe tiene algo que decir sobre “el impuesto que pagamos todos y no vuelve en rutas”

Horacio Omar Volpe, médico veterinario y productor agropecuario de General Pinto, también es integrante de la Mesa Agropecuaria de la Fundación Alem, históricamente ligada al radicalismo.
Envió estas líneas Bichos de Campo pidiendo su publicación. Cree que servirán para entender qué es lo que está sucediendo realmente con los recursos que recauda el Estado Nacional y que debería destinar a infraestructura, pero que no llegan finalmente a convertirse en mejores caminos sino todo lo contrario. Se esfuman.
Esta es la nota de Horacio:

En septiembre, los argentinos cargaron 1.403.856 m³ de combustible. Traducido: 46,8 millones de litros por día. Un país que se mueve a nafta y gasoil, y que paga por moverse.
El Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL), creado por la Ley 23.966 (sancionada en 1991) con destino para infraestructura de transporte, fideicomiso de infraestructura hídrica, provincias, etcétera, dejó de ser un impuesto para convertirse en una máquina de recaudación.
Hoy, de cada litro de gas oíl de 2.571 pesos, 264 pesos son ICL mas el impuesto al dióxido de carbono. El 11% del precio. En noviembre de 2023 era el 8,9%.
La timba avanza: Al igual que con los fondos hídricos, Caputo pone a jugar los de las rutas y lo denuncian por tener más de 1 billón de pesos sin ejecutar

La cuenta nacional es brutal: a un promedio conservador de 264 pesos por litro entre nafta y gasoil, los argentinos pagamos 12.355 millones de pesos por día, 370.065 millones de pesos por mes y 4,44 billones al año solo por este tributo.
Mientras tanto, el consumo cae. Entre enero y agosto de 2026 se vendió 2% menos que en 2025 y casi 10% menos que en 2023. La gente carga menos porque no le alcanza, pero paga más impuesto por litro.
¿Y la contrapartida? El 28,58% del ICL debe ir al Fideicomiso de Infraestructura de Transporte. Sin embargo, la Dirección Nacional de Vialidad ejecutó solo el 32,7% de esos fondos. La recaudación real del impuesto creció 91% desde 2023. El gasto real en vialidad se desplomó 82,3%.
No es un problema de falta de recursos. Es un problema de prioridades. Pagar más para tener las mismas rutas rotas, banquinas sin mantenimiento, yuyales generalizados, los mismos pozos en las distintas rutas, no es política económica. Es un saqueo legalizado al bolsillo del que produce, del que viaja trabajar, del que lleva a sus hijos a la escuela.
El campo, el transporte, el remisero, el docente y el trabajador todos pagan lo mismo. Y nadie les devuelve en asfalto lo que les sacan en el surtidor.

Fuente: Bichos de Campo