Christina Koch, antes de recibir el premio Princesa de Asturias: “Siento nostalgia de la Luna, pero nunca habrá ningún sitio mejor para vivir que la Tierra”

Explorar el espacio puede transformar la manera de mirar el lugar del que partimos. Para Christina Koch, astronauta de la NASA e integrante de Artemis II, la posibilidad de viajar cada vez más lejos convive con una certeza: la Tierra ofrece condiciones extraordinarias para la vida que difícilmente puedan encontrarse en otro destino.En la previa de recibir el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026, la ingeniera estadounidense conversó con el diario asturiano La Nueva España sobre la exploración lunar, los desafíos de una presencia sostenible fuera de nuestro planeta y el papel de las empresas privadas en la carrera espacial.Durante la entrevista, realizada en Oviedo, también describió la emoción que le provoca observar la Luna después de haber viajado hasta sus inmediaciones. “Sí, siento nostalgia de la Luna”, expresó. Sin embargo, sostuvo que uno de los mayores logros de esas expediciones debería ser aprender a valorar y proteger nuestro hogar. Por qué la Tierra sigue siendo el mejor lugar para vivirConsultada sobre cómo podrían cambiar los seres humanos si pasaran muchos años en el espacio, Koch consideró que se trata de un escenario todavía lejano. Reconoció que vivir durante períodos prolongados en otro entorno podría modificar a las personas, del mismo modo que las transformaciones tecnológicas influyeron sobre nuestra especie.Pero puso el foco en otra enseñanza: “Lo más importante es que estamos descubriendo lo perfecto que es nuestro hogar, el planeta Tierra”.La astronauta diferenció la posibilidad de subsistir fuera de nuestro mundo de las condiciones que permiten desarrollarse plenamente en él. “Habrá maneras de sobrevivir en otros lugares, pero no habrá ningún sitio mejor para vivir y florecer que la Tierra”, afirmó. Para explicar esa diferencia, mencionó los cuidados específicos que exige permanecer en el espacio, como los suplementos y los ejercicios destinados a preservar la fortaleza de los huesos. Desde su perspectiva, explorar otros destinos también permite reconocer todo lo que nuestro planeta ofrece de manera natural.“Para mí, el mejor resultado de la exploración espacial sería que aprendiésemos a amar y cuidar nuestro planeta”, resumió.La nostalgia de la Luna y su “jardín secreto” Koch recordó que, después del regreso, las nubes le impidieron ver la Luna durante los primeros cuatro días. Cuando finalmente pudo observarla desde el patio de su casa, la imagen le produjo una impresión particular: parecía pequeña y conservaba el aspecto familiar de siempre, aunque para ella había adquirido un significado distinto.“Pero la Luna es un lugar real. Tiene un jardín secreto, la cara oculta, que puedes ver si vas allí”, describió.La experiencia le permitió pensar en ese cuerpo celeste como un mundo que existe y se transforma independientemente de la mirada humana. Mencionó su distancia, los impactos de meteoritos y los cambios que atraviesa como parte de esa realidad.“Es la prueba de que el universo existe, lo veamos o no”, sostuvo. Ahora, explicó, todas esas ideas aparecen cada vez que vuelve a mirar el cielo.Volver a la Luna para avanzar hacia MarteLa valoración de la Tierra no reduce su interés por continuar las expediciones. Por el contrario, Koch defendió la necesidad de ampliar los límites de la exploración y vinculó el regreso a la Luna con futuras misiones a Marte.“Tenemos que ir cada vez más lejos. Por eso queremos volver a la Luna, para quedarnos allí”, señaló.Según explicó, ese recorrido puede ayudar a responder preguntas fundamentales sobre quiénes somos, cómo llegamos hasta aquí y si existe vida en otros lugares del universo. Los conocimientos obtenidos en el entorno lunar, añadió, servirán para preparar el siguiente paso.También valoró la participación de compañías privadas. Consideró que las agencias gubernamentales pueden impulsar objetivos colectivos que todavía no resultan económicamente viables, mientras las empresas aportan innovación y amplían las posibilidades de acceso al espacio. “No veo la competencia como algo necesariamente negativo; nos gusta y lo fomentamos”, concluyó.

Fuente: La Nación