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Charly García, “un fenómeno vivo”: retrato del artista indómito y luminoso
Para agrandar las bibliotecas de la multitud de admiradores de uno de los artífices de la banda de sonido de la Argentina desde la década de 1970 en adelante, se acaba de publicar La indómita Luz. Un retrato de Charly García (Ediciones Universidad Diego Portales, $ 40.000), del periodista y escritor Pablo Plotkin (Buenos Aires, 1977), en una edición al cuidado de Leila Guerriero. Compositor, cantante y músico, genio inmanejable y médium, el creador de álbumes icónicos como Yendo de la cama al living (que Plotkin compara con la novela Los pichiciegos, de Fogwill), Piano Bar, el rupturista Clics modernos e Influencia, García no necesita presentación: personaje mediático, juglar veleidoso, rockstar que no temió dar saltos al vacío, prodigio de “oído absoluto” y carácter contracultural, factótum de bandas como Serú Girán y sobreviviente de varias épocas (y de sí mismo).Por invitación de Guerriero para la colección Vidas Ajenas, Plotkin trabajó más de dos años en el libro, de más de cuatrocientas páginas y con un registro panorámico e íntimo: “Había tres cosas que le gustaban cuando era niño: los mitos griegos, los planetas y los dinosaurios. Esos tópicos de enciclopedia ilustrada alimentaron su fantasía y su curiosidad”, apunta al detenerse en la génesis del clásico “Los dinosaurios”. El recorrido va del nacimiento del artista, el 23 de octubre de 1951, al homenaje de octubre de 2025 que lo encuentra “inválido, bombardeado, pacificado, vivo”. Entre un momento y otro, se describen los efectos de la “tensión entre sus fuerzas conciliadoras y destructivas”, como observa Plotkin (o, en palabras de García, “el karma de vivir al sur”), con el trasfondo inevitable de la historia argentina y un elenco que incluye a sus padres, María Rosa Yorio y Migue García, Nito Mestre, León Gieco, David Lebón y Pedro Aznar, Richard Coleman, María Gabriela Epumer, Daniel Grinbank, Mercedes Sosa, Fabiana Cantilo, Alejandro Kuropatwa, Carlos Menem, Jorge Lanata, Hebe de Bonafini, Celeste Cid, Yoko Ono y Palito Ortega, entre otros. “El método de escritura fue similar al que aplicaba cuando escribía perfiles periodísticos de largo aliento, pero multiplicado por veinte o treinta: revisión de bibliografía, archivo, producción de entrevistas y muchas horas de exposición a la música de Charly, bajando apuntes a diario –dice el autor–. Un tiempo después, con toda esa masa de información, testimonios e ideas fui moldeando grandes bloques de texto. En algún momento vislumbré una estructura y fui tomando decisiones más conscientes respecto de qué hacer crecer y qué dejar de lado”. -¿Por qué es “un retrato” y no una biografía? ¿Y cómo se integra a la serie de libros ya escritos sobre Charly García?-No me molesta el rótulo de biografía, pero supongo que la idea de “retrato” sugiere una mirada personal y no necesariamente completa sobre el protagonista. Aunque nunca lo es, desde ya. El libro tiene algo de ensayo biográfico, de crónica coral, de exploración crítica sobre su obra, de novela familiar. No sé cómo se integra al resto de los muchos y muy buenos libros que existen sobre Charly. Este tiene una tónica esencialmente narrativa. Quizás lo particular está en el ritmo, la temperatura y la perspectiva desde la que observo a Charly, sin pretender descifrar el misterio. -¿Cómo fue trabajar con Leila Guerriero? -Fue maravilloso, como siempre. Yo la he editado en Rolling Stone y ella me ha editado a mí en Gatopardo y en un par de antologías del sello de la Universidad Diego Portales. Y siempre aprendo mucho de esos intercambios. Me empujó a buscar una mayor síntesis y al mismo tiempo a profundizar en algunos aspectos que terminaron siendo muy sensibles en la construcción de la historia. -¿Conocías a Charly o lo tuviste que contactar por el libro? -Lo conocí en el año 2000, trabajando para Página/12, y después le hice dos entrevistas largas para Rolling Stone en 2004 y en 2018. No hubo una entrevista hecha especialmente para el libro. -¿A qué conclusiones llegaste sobre su obra, el impacto que tiene en la cultura argentina y su trascendencia?-Es un fenómeno vivo, en permanente expansión. Charly le adjudicó su don a esa “pobre antena”, pero también es un poco la criatura de Frankenstein: alguien animado por la actividad eléctrica de su tiempo, que pagó con el cuerpo y el equilibrio mental el costo de su travesía. Lo que queda es un legado musical que vamos a agradecer eternamente. -¿Cómo lo definirías? -Es Jekyll y Hyde, es Victor Frankenstein y la criatura. En un ensayo César Aira habla sobre la diferencia entre talento y genio. La idea de que el hombre de talento hace lo que quiere, y que en cambio el genio hace lo que puede: está obligado a hacer lo que le manda su genio, como si estuviera poseído por una fuerza sobrehumana que lo controla. -¿Cuál dirías que fue su relación con la política y la cultura argentina?-Una relación inorgánica, regida mucho más por el capricho, la intuición y la contradicción como jactancia. También es una historia de tensiones, como la de casi todos los grandes referentes culturales de nuestro país. -¿Cuál es tu vínculo personal con él y su música?-No tengo vínculo personal con Charly. Tampoco soy un charlyófilo ni pretendo serlo. Siempre me interesó su música, aunque empecé a escucharlo con mayor profundidad sobre el final de la adolescencia. Escribiendo el libro experimenté otro tipo de conexión con su obra. No hay manera de no descubrir algo nuevo cada vez que escuchás a Charly con intención. -¿Presentarás el libro y Charly ya tiene su ejemplar?-Se presenta el 6 de noviembre en la librería Naesqui (Charlone 1400). Voy a conversar con Martín Rodríguez, y quizás también esté Leila. Charly tiene un ejemplar desde un par de días antes de que saliera a la venta. Dudo mucho que lo lea.
Fuente: La Nación