Economía
“Es donde siempre quise estar”: tiene 27 años y encontró su lugar entre las vacas
La criadora Martina Schirado decidió dar un paso histórico para la cabaña familiar Los Cinco Ombúes y participó, por primera vez, de ExpoAngus con animales propios; destacó el aprendizaje y la camaradería del sector
En una mañana fría de otoño, bajo las luces de la pista indoor de la ExpoAngus 2026, en el predio ferial de La Rural en Palermo, el silencio se mezclaba con el murmullo de los cabañeros y el sonido seco de las pezuñas sobre el piso. Mientras el jurado observaba una fila de hembras Angus, Martina Schirado seguía cada movimiento con atención. Miraba aplomos, profundidad, feminidad y estructura como quien intenta descifrar una fórmula. No estaba allí solo para competir. Había viajado para aprender. Entre anotaciones mentales y conversaciones al costado de la pista, buscaba absorber todo lo que veía para luego llevarlo a su propia cabaña.A sus 27 años, Schirado representa una nueva generación de productores agropecuarios que combina la tradición familiar con una mirada más técnica y orientada a los datos. Criadora de Angus y responsable de buena parte de la gestión de la empresa familiar, decidió este año dar un paso que en su familia nunca habían dado: participar de ExpoAngus con animales propios.Despegue: proyectan un salto de hasta el 50% en las exportaciones de carne Angus certificada“Pese a que mi papá hace 20 años tiene la cabaña y nunca quiso venir a esta exposición, decidí participar. Lo que pasa es que su objetivo nunca fue venir a Palermo ni a otras exposiciones; ni estaba tan adentrado en lo que era la genética y la afinidad de los datos, sino que era más un rodeo comercial para poder producir un buen toro y también un buen novillo”, contó a LA NACION. La escena tiene algo de símbolo. Mientras observa la jura, la joven no solo analiza animales; también empieza a moldear el futuro de la cabaña Los Cinco Ombúes, fundada por su padre Luis hace dos décadas y que hoy atraviesa un cambio generacional.Son de la Patagonia y llegaron a Buenos Aires para competir con los números uno de Angus“Hoy en día, con ese cambio de paradigma generacional, reestructuramos el equipo y estamos ahora con un grupo muy fuerte y consolidado, con ganas de crecer. Entonces eso nos impulsó a probar algo nuevo”, señaló.La historia de la joven con el campo empezó mucho antes de esta exposición. Aunque nació en la ciudad de Buenos Aires, pasó buena parte de su infancia en Tandil, donde descubrió una conexión profunda con la vida rural. “Cuando era muy chiquita mi familia se fue a vivir a Tandil y ahí arrancó mi relación con todo lo que es el ámbito rural”, recordó.La vida entre sierras y cabalgatas terminó marcando su identidad. Su padre provenía del sector empresario agroindustrial, pero tras jubilarse compró el primer campo familiar. A partir de ahí, el vínculo con la producción agropecuaria se volvió cada vez más fuerte. “Desde chica íbamos al campo. Me acuerdo que nuestros programas de fin de semana eran hacer cabalgatas, ir a las sierras y ahí me empapé de lo que es la naturaleza y el amor por la ruralidad”, contó.Con el paso de los años, ese interés inicial se transformó en vocación. “Cada vez me fui interiorizando más en lo que era la producción ganadera y me di cuenta que me fascinaba”, dijo.Sin embargo, el camino no fue lineal. Cuando la familia regresó al área metropolitana y se instaló en Pilar, terminó el secundario y comenzó a estudiar Administración de Empresas. Había detrás de esa decisión una enseñanza familiar muy marcada. “Desde siempre mi madre me inculcó que, haga lo que haga, lo importante era saber administrar lo que uno tenga, sea lo que fuere”, explicó.También reconoció que, como hija mayor, sentía cierta responsabilidad vinculada a la continuidad del negocio familiar. “Tenía ese mandato familiar de que la que tenía que seguir con el campo era yo y para mí siempre fue una responsabilidad”, afirmó.Con el título universitario en mano, asumió un rol más activo en la empresa familiar. Primero desde la administración y las finanzas y, más recientemente, desde la producción: “Cuando me había recibido de administración me hice cargo del campo que está entre Las Flores y General Belgrano”.Tras recibirse, avanzó luego con estudios en producción agropecuaria, aunque finalmente decidió dejar la carrera el año pasado por el ritmo que implicaban los viajes constantes entre Pilar, Puerto Madero y el campo: “Sentía que no estaba pudiendo brindarle todo ni al trabajo, ni al estudio, ni a la familia”.Actualmente la empresa tiene dos establecimientos. El campo San Jorge, en Las Flores, concentra la actividad ganadera y la cabaña Angus. En tanto, San Carlos, en Trenque Lauquen, tiene un perfil mayormente agrícola y trabaja bajo arrendamiento. “En el manejo productivo del campo de Las Flores tenemos tres nichos de negocio; principalmente hacemos recría, cría y tenemos la cabaña de Angus”, explicó.La cabaña Los Cinco Ombúes debe su nombre a una particularidad del establecimiento: “En el campo hay, no sé por qué, como tres o cuatro sectores que tienen solamente cinco ombúes”.La nueva etapa de la cabaña, según contó, busca profundizar el trabajo en genética y producción. “Mi papá la arrancó hace unos cuantos años con un objetivo y hoy en día con la superposición de nuestras dos generaciones estamos arrancando con un camino distinto, con más enfoque a los datos, a la producción, a la genética”, señaló.El rodeo está compuesto por vacas puras controladas y por vaquillonas de 15 y 20 meses, de donde obtiene la reposición. El resto de los animales se comercializa de manera particular o en remates junto a otras cabañas. “Por ahora hacemos solo puro controlado, pero ya está el proyecto de arrancar a hacer pedigree, que me motiva mucho hacia el futuro”, sostuvo.La participación en ExpoAngus representó una experiencia completamente nueva para el equipo. Llevaron un lote de cuatro vacas con cría, categoría seis dientes y, más allá de los resultados, asegura que el aprendizaje fue enorme. “Vinimos al mejor lugar para compararnos y para aprender de los mejores”, afirmó.Pero hubo otro aspecto que terminó impactándola especialmente: el clima de camaradería dentro de la exposición. “Conocí un montón de gente y todos estuvieron dispuestos a darnos una mano, sabiendo que éramos nuevos y que por ahí nos faltaban cosas. Todos nos quisieron apoyar”, relató.En la actualidad, la rutina diaria de la criadora combina planillas de Excel, conciliaciones financieras y trabajos de manga. La transición desde el escritorio hacia el trabajo de campo fue progresiva, pero natural. “La mayoría de los días me levanto y lo primero que hago es Excel, financiero, conciliaciones, y después todos los trabajos del campo”, describió. También participa activamente de las tareas sanitarias y del manejo de los animales. “Voy a la manga, la vacunación y demás. Me encanta todo lo que se hace en el campo”, resumió.Instalada actualmente en el establecimiento, aseguró estar atravesando un momento personal muy especial. Después de años imaginando esa vida, siente que finalmente llegó al lugar donde siempre quiso estar. “Celebro el momento que estoy viviendo porque es donde siempre quise estar”, dijo.La imagen que alguna vez construyó de chica, mientras recorría las sierras, hoy parece haberse vuelto real. “Cuando era chica y estaba en Tandil, me veía y me imaginaba siendo más grande en este lugar. La foto es la que hoy estoy viviendo”, reflexionó. Por eso, mientras la jura continúa en la pista indoor de Palermo y el jurado sigue señalando campeonas, observa en silencio. Mira genética, estructura y funcionalidad, pero también imagina el futuro. Un futuro que, según parece, ya empezó a construir desde adentro de la pista.