De un lado están los aserraderos, que diariamente generan aserrín, virutas y otros subproductos durante el procesamiento de la madera.
Del otro, industrias que necesitan vapor, agua o aire caliente para sostener buena parte de sus procesos productivos. Entre ambos mundos aparece un pequeño cilindro de madera con potencial para transformarse en una fuente de energía térmica.
Los pellets de madera se producen a partir de biomasa forestal, aunque también pueden elaborarse con materiales provenientes de otras actividades agrícolas, que es compactada para su utilización como combustible en equipos diseñados específicamente para su combustión.
Para el Consejo Foresto Industrial Argentino (CONFIAR), el desarrollo de esta alternativa representa una oportunidad que va más allá del propio sector forestal: convertir un subproducto de una actividad rural e industrial en energía para otras cadenas productivas.
La alternativa gana relevancia en un contexto en el que las empresas buscan diversificar sus fuentes energéticas, reducir su dependencia de combustibles fósiles, mejorar la previsibilidad del abastecimiento y avanzar en sus estrategias de transición energética.
Un dato permite dimensionar su capacidad: un kilo de pellets de madera aporta una energía equivalente a aproximadamente 0,81 litros de gas licuado de petróleo (GLP). Además, puede almacenarse durante períodos prolongados y utilizarse mediante sistemas automatizados de alimentación y combustión.
ENERGÍA PARA PRODUCIR
Cuando se habla de pellets de madera, una de las primeras asociaciones suele ser la calefacción residencial. En distintos países europeos, su utilización en viviendas y edificios está ampliamente desarrollada. Sin embargo, el potencial de esta fuente energética excede ampliamente ese mercado.
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Con la tecnología adecuada, los pellets pueden utilizarse para generar vapor, agua caliente y aire caliente, tres recursos indispensables para numerosos procesos industriales. Entre los potenciales usuarios aparecen las industrias láctea, avícola, porcina y cárnica, además de otras actividades agroindustriales.
También existen aplicaciones para el secado de granos, té, yerba y otros productos agrícolas; procesos frigoríficos; calefacción de instalaciones productivas; generación de agua caliente y climatización, entre otros usos.
Esta diversidad permite analizar el desarrollo de los pellets desde una perspectiva diferente: no solamente como un nuevo producto de la forestoindustria, sino como un insumo energético para otras actividades económicas. Lo que comienza como aserrín o viruta en un aserradero puede terminar aportando el calor necesario para procesar alimentos, secar productos agrícolas, calefaccionar instalaciones o sostener distintos procesos industriales.
DE LA LEÑA A LOS SISTEMAS AUTOMATIZADOS
La biomasa forestal no es una fuente energética nueva. Lo que cambió en los últimos años es la tecnología disponible para aprovecharla. Actualmente existen estufas, quemadores, calderas y centrales térmicas capaces de operar con pellets, incorporando automatización, monitoreo remoto y control de diferentes variables de funcionamiento.
“Esta evolución también permite diferenciar al pellet de otras formas tradicionales de biomasa, como la leña o el chip. Su homogeneidad y formato facilitan el almacenamiento, el transporte y la alimentación automática de los equipos, lo que permite incorporarlo a sistemas de mayor sofisticación tecnológica”, señalan desde CONFIAR.
En instalaciones modernas, la combustión de biomasa puede integrarse con sistemas automatizados y herramientas de monitoreo y control, aportando mayor previsibilidad a la operación. El desafío, por lo tanto, no consiste solamente en contar con el combustible, sino en articular la producción de pellets, la tecnología disponible y las necesidades energéticas concretas de cada industria.
ARGENTINA: PRODUCIR ENERGÍA A PARTIR DE LO QUE YA PRODUCE
La Argentina cuenta con una ventaja para desarrollar esta cadena: una importante base forestoindustrial capaz de generar parte de la materia prima necesaria. El país posee alrededor de 1,3 millones de hectáreas de plantaciones forestales, de las cuales aproximadamente el 75% se concentra en la Mesopotamia.
Durante el procesamiento industrial de esa madera se generan subproductos que pueden aprovecharse para producir energía y, de esa manera, sumar valor al recurso forestal. En 2025 se habían identificado en el país alrededor de 10 plantas productoras de pellets de madera.
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Entre las empresas con producción integrada aparecen compañías radicadas en Misiones y Corrientes, como Lipsia, Victoria Maderas/Laharrague Chodorge, Enrique R. Zeni, EUCA-O y Acon Timber, esta última señalada como la mayor productora de pellets del país. El directorio sectorial también muestra que algunas de estas firmas cuentan con certificaciones vinculadas a la gestión forestal sostenible y específicas para la producción de pellets.
El próximo paso consiste en fortalecer la conexión entre quienes disponen de esta fuente energética y las industrias que requieren energía térmica por cuestiones de disponibilidad, costos, diversificación de su matriz o estrategias de transición energética.
UN MERCADO MUNDIAL QUE YA MARCA RÉCORDS
Mientras Argentina busca desarrollar esa conexión, el mercado internacional ofrece una referencia sobre la escala que puede alcanzar esta industria. En 2025, la producción mundial de pellets de madera llegó a un récord de 53,5 millones de toneladas, un 10% más que el año anterior, mientras que el consumo alcanzó las 51,5 millones de toneladas.
Europa constituye uno de los mercados más desarrollados. En 2024, la Unión Europea produjo alrededor de 19,5 millones de toneladas y consumió cerca de 22 millones, con una demanda que combina calefacción residencial y aplicaciones industriales.
Para Argentina, esa experiencia muestra dos caminos que pueden desarrollarse en paralelo: construir una demanda interna capaz de aprovechar la disponibilidad local de biomasa y, al mismo tiempo, generar escala, calidad y estándares que permitan acceder a las oportunidades que ofrece el mercado internacional.
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EL DESAFÍO ES QUE LOS ELIJAN
La discusión energética ya no pasa solamente por disponer de una determinada fuente. Antes de definir cómo generar el calor que necesitan, las industrias evalúan costos, disponibilidad, tecnología, logística, previsibilidad, requerimientos ambientales y las características particulares de sus procesos.
Allí aparece el próximo desafío para los pellets de madera argentinos: competir por esa elección. Frente a los combustibles fósiles, ofrecen una alternativa energética de origen renovable que puede integrarse a estrategias de transición energética y que, en determinados casos, puede resultar competitiva frente al GLP. Frente a otras formas de biomasa, como la leña o el chip, suman ventajas vinculadas con el almacenamiento, la automatización y la utilización en equipos de mayor sofisticación tecnológica.
En un mundo que produjo más de 53 millones de toneladas de pellets de madera en un solo año, Argentina tiene la posibilidad de mirar aquello que hoy sale de sus aserraderos no solamente como un subproducto, sino como la materia prima de una nueva cadena de valor, capaz de vincular energía, competitividad y desarrollo regional.
Agro & Campo
Energía forestal: los pellets de madera, un insumo con potencial para crecer en la agroindustria
Fuente: InfoCampo