Trabajando en silencio, en el Salón de Toros de la Sociedad Rural de Rafaela, Gabriela Degraf apareció como una cara desconocida en un universo de dedicación, detalles y mucho cuidado.
Concentrada en su tarea, con elementos poco habituales para una muetra ganadera, su contacto con las vacas Holando se veía especial y se escuchaba en portugués.
Ella es una profesional que ha sabido abrir un camino poco explorado en la veterinaria latinoamericana. Nacida en Paraná, Brasil, se graduó en 2018 como médica veterinaria y desde entonces orientó toda su formación hacia la fisioterapia y la rehabilitación animal.
“No tenemos materias específicas en la universidad, así que tuve que buscar cursos afuera. Hice introducción a la fisioterapia, posgradp, ozonoterapia, quiropraxia, terapia sutil, kinesio taping. Todo primero aplicado a caballos y luego adaptado a bovinos”, relata.
En definitiva, Gabriela está especializada en grandes animales, aunque también atiende perros en rehabilitación posoperatoria y geriátricos. Pero enfatiza: “Mi carrera está marcada por los equinos y las vacas de leche”.
Su llegada a la Argentina se dio a través de la Cabaña La Lilia de la familia Barberis. “Antonella vio en una exposición a una veterinaria que hacía lo mismo que yo, pero estaba muy lejos. Un colega le dijo que había alguien más cerca de Argentina y así me encontró. Mi primera visita fue en diciembre y ahora ya es la quinta vez que estoy aquí”, cuenta sobre la tarea que desarrolla con los ejemplares excepcionales de estos criadores de vacas lecheras de Colonia Aldao, en el centro-oeste santafesino.
La Lilia de los Barberis: En Colonia Aldao funciona una cabaña tambo en la que se gesta el futuro del Holando Argentino
En Brasil trabaja en su región y ahora también en Argentina, aplicando técnicas que buscan mejorar la biomecánica de las vacas en pista.
“Uso una manta de campo magnético pulsado para relajamiento muscular, estimular la circulación y la regeneración celular. Todo para que las vacas caminen mejor y se presenten más tranquilas ante los jurados”, explicó.
Son los juzgamientos los que les dan categoría a la genética y genómica que hace desarrollar a la raza. Su buena presentación y el bienestar animal significan más que lo que pueden mirar los ojos.
El protocolo que diseñó combina terapias sutiles, quiropraxia y finalmente la manta electromagnética.
“Primero relajo la columna por el estrés del transporte y la exposición, luego ajusto con quiropraxia y termino con la manta. Es un protocolo que yo misma creé y que funciona muy bien”, explica, tomando a bien la sugerencia de certificar un método que se ve con grandes resultados.
La recepción de los animales a ese tratamiento resulta casi siempre positiva. “Toda acción buena que hagas, el animal te lo permite. Claro que depende del manejo y de la raza, pero en vacas de leche la seguridad es mayor. Desde 2020 solo dos o tres no me dejaron trabajar”.
“Si llegas lentamente, ellas aceptan. Los efectos biológicos se mantienen hasta 24 horas después, por eso comienzo con tiempo para que al día siguiente estén en su punto, al momento de salir a la pista”.
El bienestar animal es el eje de su trabajo, explica, entendiendo que “las vacas reciben el cuidado como un cariño extra. Se trata de mejorar su caminar, aliviar tensiones y permitir que se muestren mejor. Es como en los humanos, cuando te acomodan la columna y al día siguiente te sientes mejor”, compara.
La pasión es evidente en sus palabras. “Estoy enamorada de lo que hago. Es mucho trabajo, requiere paciencia, pero es muy lindo. Te tiene que gustar mucho lo que haces, porque si no, no vale la pena. Yo disfruto cada día de estar con los animales y de ayudarlos a sentirse mejor”.
La práctica que Gabriela introduce en la lechería argentina abre una nueva dimensión en el vínculo entre ciencia, técnica y bienestar animal. Su mirada pone en relieve que detrás de cada vaca en pista hay un trabajo invisible de cuidado y respeto que busca no solo resultados estéticos sino también salud y confort.
“Las vacas también piensan, también sienten. Cuando ajustamos una vértebra o relajamos un músculo, ellas cambian su forma de caminar y hasta su actitud. Es un proceso que demora, como en los humanos, pero al día siguiente se nota la diferencia”, afirma.
“En la sangre Barberis corre genética”: La historia de una cabaña pionera en el mejoramiento de vacas lecheras, que pasó de elegir los mejores toros a producir embriones de elite
Gabriela tiene la calidez en el trato que su trabajo le demanda, así la fisioterapia aplicada a bovinos es un campo en expansión y que Argentina tiene un potencial enorme para desarrollarlo.
“Aquí hay genética, hay manejo, hay pasión por las vacas. Sumando técnicas de bienestar podemos lograr que los animales estén mejor y que se luzcan más”, lo dice convencida y a sabiendas que Horacio Barberis, el titular de la cabaña, junto a sus hijos y al equipo de trabajo, le ponen en sus manos a lo más preciado, a las grandes protagonistas de la Cabaña La Lilia.
Agro & Campo
Las vacas lecheras ahora se hacen quiropraxia para salir más relajadas a las pistas: “Es como en los humanos, cuando te acomodan la columna y al día siguiente te sientes mejor”, explica la veterinaria brasileña Gabriela Degraf
Fuente: Bichos de Campo