Hace una década, dentro de un grupo empresario con trayectoria en distintos eslabones de la cadena agropecuaria, comenzaron a preguntarse cómo podían ayudar al productor no solo a administrar o comercializar mejor sus granos, sino también a producir más. La respuesta que encontraron fue la nutrición de cultivos, un aspecto en el que entendían que la agricultura argentina todavía tenía mucho margen para crecer.
Así nació Amauta, una empresa que está cumpliendo sus primeros diez años y que, según explicó su gerente comercial, Joel Suvirada, buscó desde el comienzo especializarse en un terreno que por entonces estaba bastante menos desarrollado que en la actualidad.
“Pensábamos de qué manera podíamos agregar valor al productor y cómo podíamos ayudar a ese grano a generar más granos, a contribuir con su rendimiento. Y se pensó que la nutrición era la herramienta para ayudar a ese productor a aspirar a los rendimientos potenciales que nuestro suelo daba”, contó Suvirada a Bichos de Campo.
La idea partía de una constatación bastante conocida dentro del agro: Argentina produce sobre suelos naturalmente fértiles y durante muchos años esa condición permitió sostener buenos rindes aun sin estrategias nutricionales demasiado complejas. Pero esa ventaja, a medida que los techos productivos fueron creciendo, empezó a mostrar sus límites.
Para Suvirada, allí aparece hoy uno de los principales desafíos. “La genética ha evolucionado a pasos agigantados, pero la nutrición, en algunos casos, sigue siendo”. Entre los muchos ejemplos está el del maíz, donde hoy existen materiales capaces de alcanzar rendimientos que generaciones anteriores difícilmente hubieran imaginado, pero cuenta con una oferta nutritiva bastante “old fashioned”.
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Ese desfasaje es el que Amauta intenta abordar. La empresa ya no plantea la nutrición como la simple elección de un fertilizante o de una dosis determinada, sino como una estrategia que debe construirse según cada lote, el cultivo, la disponibilidad de agua y la expectativa de rendimiento.
En ese sentido, Suvirada aseguró que incluso las consultas de los propios productores fueron cambiando. “Ya no nos preguntan sobre un nutriente o una dosis, sino que nos consultan cuál es el desafío para determinado cultivo en su lote, con sus expectativas de rendimiento y con un contexto agronómico determinado”, explicó.
Es un cambio que obliga a sentar en la misma mesa a asesores, productores y responsables financieros, porque la respuesta tampoco es unívoca.
“No todos los lotes son iguales, no todos los sistemas son iguales”, resume el vocero de Amauta, que admite que parte del trabajo con los cultivos se asemeja al de un médico nutricionista, que no prescribe sin antes conocer al paciente y analizar su situación. La nutrición de un planteo tampoco debería comenzar directamente con una receta.
Sobre esa lógica, Amauta desarrolló estrategias que denomina “Sabio” para distintos cultivos, como trigo, maíz, soja y girasol. No se trata, explicó Suvirada, de un solo producto, sino de combinaciones de nutrientes y herramientas aplicadas en distintos momentos del ciclo del cultivo.
El propio nombre de la empresa está relacionado con esa idea. “Amauta” es una palabra de origen quechua que remite a quien transmitía conocimiento de generación en generación. De allí surgió también el concepto de “Sabio”, que la firma adoptó para esas estrategias nutricionales.
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La apuesta, según Suvirada, es que la inversión adicional tenga una traducción directa en kilos producidos y, finalmente, en margen. En ese sentido, afirmó que en los planteos que vienen realizando con maíz y soja registran “respuestas promedio que están alrededor del 16 o 17%” sobre los rendimientos que venía obteniendo el productor.
Para explicar por qué considera que esa discusión tendrá cada vez más importancia, el gerente comercial recurre a una vieja jerarquía agronómica: primero está el agua, luego la genética y después la nutrición. Si las primeras dos variables permiten elevar los techos de producción, la tercera no puede quedar rezagada. “Hoy podemos lograr rendimientos que nos dejan tranquilos o que antes nos dejaban tranquilos”, reflexiona, pero recuerda que en un sistema productivo donde otras variables ya no necesariamente compensan un rendimiento bajo, la ecuación empieza a cambiar.
“La salud de la actividad va a estar muy relacionada al rendimiento”, sintetizó. Y ese es, precisamente, el espacio sobre el que Amauta decidió trabajar hace diez años: aprender a “darles de comer” a cultivos que, por genética y manejo, hace tiempo empezaron a pedir bastante más.
Agro & Campo
Vieron un déficit del agro argentino y apostaron por la nutrición: Joel Suvirada, de Amauta, dice que los cultivos evolucionaron mucho más rápido que el modo de “darles de comer”
Fuente: Bichos de Campo