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Adolf Eichmann, el arquitecto de la solución final, se escondió en la yunga argentina durante años
Hace un año, mientras visitaba en San Miguel de Tucumán a mi profesora de literatura, la escritora Gladys Coviello, ella me mostró un artículo de La Gaceta del año 2020. Allí se hablaba del asunto Eichmann y sus ramificaciones norteñas. Me dijo que era un buen tema para investigar. La verdad, no le di demasiada importancia. Pero escuché con atención el relato que me hizo sobre una compañera suya del magisterio donde había cursado en la década del 50. La jovencita de entonces —me reservo su nombre y apellido, son de origen alemán— contaba con orgullo que sus padres recibían a un exsoldado nazi, una persona muy importante, según ella. También había otros.Por entonces, la conciencia social argentina sobre el genocidio nazi no tenía el rigor actual. La joven relataba fascinada aquellas reuniones de sus mayores. Coviello, ya en ese momento, sospechaba y veía con cierto rechazo aquellas actitudes de gente acomodada.La idea de un reducto nazi en Tucumán fue una anécdota insólita que guardé entre mis pensamientos sin más intención. No quedaría allí.Nueve meses más tarde viajé al noreste catamarqueño, una zona verde de yungas que limita con Tucumán. Lo mío era armar un itinerario de viajes para la revista LUGARES, pero durante la producción encontré un dato inesperado: Adolf Eichmann, uno de los máximos responsables del exterminio judío de la Alemania nazi, había vivido varios años en Aconquija. La hipótesis apareció dentro de mi cabeza: ¿era posible que el jerarca nazi hubiese transitado entre Catamarca y Tucumán durante un buen tiempo?Camino al norteConocido como “el arquitecto de la solución final”, se cree que Eichmann llegó a la Argentina en algún momento de julio de 1950 a bordo del Giovanna C con pasaporte falso emitido por la Cruz Roja. Entonces, era Ricardo Klement. Antes, durante la huida por Europa, había sido Otto Eckmann, luego Otto Heninger.Un tiempo más tarde se trasladó a Tucumán contratado por la empresa CAPRI (Compañía Argentina para Proyectos y Realizaciones Industriales), una firma fundada por Carlos Horst Fuldner, argentino educado en Alemania y exintegrante de las SS. Marcos Rosenzvaig cuenta en su libro “Querido Eichmann” (Editorial Marea 2021) que Fuldner asesoraba a la Dirección de Migraciones en el plan de recibir fugitivos del III Reich, una vez que el régimen perdió la guerra. Al parecer, también se ocupaba de darles un empleo. En el trabajo de investigación “Clandestinidad e integración social: Adolf Eichmann en el interior argentino (Tucumán y Catamarca 1950-1953)”, la historiadora Constanza Jerez Villarreal asegura que CAPRI funcionó como “un espacio privilegiado para la inserción de técnicos europeos, principalmente austríacos y alemanes, y operó mediante convenios con organismos estatales vinculados a la obra pública, a la planificación hidráulica y a relevamientos territoriales e infraestructura”. Según Villarreal, la presencia de CAPRI en Tucumán se debió a la existencia previa de profesionales centroeuropeos instalados en la provincia, entre ellos Armin Schoklistch, un experto en hidráulica muy valorado en esos años y vinculado a la Universidad Nacional de Tucumán. Hay que recordar que, durante aquellos tiempos, dicha universidad sufrió una gran expansión; no era un hecho excepcional que recibiera científicos y profesores exiliados del nazismo de origen alemán y austríaco.Según Villareal, Eichmann pasó de ser un prófugo internacional a convertirse en un técnico aparentemente ordinario del interior argentino, integrado a las rutinas sociales en un sitio donde nadie preguntaría por su pasado.El hombre había estudiado ingeniería mecánica, pero no llegó a graduarse. Arribó al norte como técnico hidrólogo; esto último lo cuenta también Rosenzvaig, quien enhebró datos reales con otros novelados para escribir un relato de ficción.Según el profesor Eduardo Vela, exintendente de Concepción (Tucumán): “Todo el mundo le decía ingeniero; así era como llamaban a los alemanes en esa época”. En una nota que se publicó en La Gaceta señala a modo de descripción: “Eichmann pasaba desapercibido al lado de otro alemán que trabajaba para la misma empresa, un tal Klame, de carácter extrovertido, que hablaba con énfasis y le compraba café a mi padre”, concluye Vela. Una estadía en La CochaEichmann se instaló primero en La Cocha, al sur de la capital tucumana. Según recuerda Pedro Figueroa en el documental El vecino alemán (2018): “Nosotros trabajábamos midiendo el caudal de los ríos a caballo. El jefe era Eichmann, pero no era delicado, en el almuerzo se tiraba a compartir viandas con nosotros…”Vera Liebl, esposa de Eichmann, llegó en 1952 a bordo del buque Salta el día de la muerte de Evita. Desembarcó con sus tres hijos (aquí tendrían un cuarto): Klaus, Horst y Dietter. El plan de la mujer fue decir que Eichmann era el tío de los chicos, no su padre.La prueba irrefutable del paso de Eichmann por Tucumán es una cédula de identidad de la policía provincial, firmada por el jefe de policía (y futuro gobernador peronista de Tucumán) Amado Juri. Esta nueva identificación estaba bajo el nombre de Klement, lo mismo que un documento anterior emitido por la policía bonaerense. Carlos Miguel y María Marta Segura sostienen que Eichmann trabajó bajo las órdenes de Armin Scholkist, quien además de ser uno de los directores principales de CAPRI, era el responsable del Instituto de Estabilidad y Construcciones de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Tucumán. En el libro que ambos escribieron “Historia del municipio de La Cocha” (2017) recogen el testimonio que José Darmanin dio en una entrevista de 1992: “Llegué un día a la Facultad de Ciencias Exactas, donde me desempeñaba como titular de Diseño de Construcciones y Arquitectura I, y en la sala de profesores me presentaron a este señor, como Richard Clement, aforador de ríos de la empresa CAPRI, una consultora internacional de la hidráulica”. Durante su estadía en la villa, Ricardo Klement realizó aforos sobre el río San Ignacio; además, recorrió y aforó la cuenca del río Potrerillo–Huacra, lo cual resulta posible considerando que desde el año 1950, la empresa CAPRI ya proyectaba estudios en la cuenca del río Huacra. Esto lo asegura el historiador local Pedro Vázquez. Según el mismo Vázquez, el exmilitar nazi se hospedó sin sus parientes en una casa alquilada a la familia Martínez. Los días en AconquijaCuando le cuento sobre la nota que estoy armando, Gladys Coviello me dice que la casa de La Cocha se destruyó hace tiempo, quizá para evitar que se convierta en objeto de revancha o en un santuario diabólico para los fans trasnochados del nacionalsocialismo.Conocida antiguamente como Las Estancias, esta zona está alejada de la capital catamarqueña –a unos 230 km– y protegida por el macizo del Aconquija que oficia de límite natural con la provincia de Tucumán. De hecho, ha sido desde siempre un destino elegido por los tucumanos para vacacionar.Aún hoy es una zona poco visitada más allá de ese tránsito local. Imagino que por aquellos años era el escondite perfecto.Busco en Google Maps, desde La Cocha son 123 km hasta Aconquija por un camino que hoy mismo resulta casi imposible y atraviesa el PN Aconquija.La CAPRI se abocó aquí al proyecto Potrero del Clavillo, un dique que finalmente no se concretó. Eichmann vino como parte de ese equipo para estudiar la viabilidad del proyecto.La casa donde vivió aún queda en pie. Nadia Jaimez y Matías Villacorta, responsables de Turismo y Cultura del municipio de Aconquija, respectivamente, me llevan a conocerla. Solo curioseamos por fuera porque, si bien ahora la vemos desocupada, tiene dueño. A través de las ventanas que acumulan meses de polvo vemos algunos pocos muebles. El jardín se pierde en la selva, luego la sierra y los tres ríos que se unen ahí nomás.Carolina Castagnola, mi compañera de equipo, fotografía una y otra vez la casa. Suponemos que tuvo algunas refacciones posteriores a la estadía del nazi. Hoy se observa sólida con una base de piedra a modo de cimiento y techo de chapa acanalada. Después vamos hasta la estación de aforo a orillas del río; es la Boca de la Quebrada Las Cañas, donde antiguamente se calculaba el caudal de las aguas. Imagino a Eichmann con sus instrumentos haciendo mediciones aquí y allí. ¿Habrá podido olvidar en esos días las atrocidades que ordenó durante la guerra? ¿La yunga pudo apaciguar sus pesadillas? ¿O nunca las habrá tenido? No puedo dejar de pensar.Sobre la ladera de las sierras están los túneles que se hicieron para investigar la firmeza del terreno. Para conocerlos nos acompaña el guía Ariel Ordoñez. Cruzamos el río por un puentecito angostísimo y caminamos sierra arriba a través de la selva.Algunos afirman que los túneles se construyeron para esconder a los nazis del lugar. Una suerte de ruta de escape por si los descubrían. Según Ariel, solo fueron parte del estudio de viabilidad del dique. Se los conoce como los túneles de la Boca de la Quebrada. Con las linternas encendidas y el casco puesto visitamos algunos. El corazón de la sierra es oscuro, húmedo, pegajoso; requiere ir con calma y con un guía conocedor.Pequeña testigo Hoy quedan pocas personas que hayan conocido a Eichmann; la mayoría repite la historia de sus mayores, a veces condimentada con sus fantasías o datos que se supieron más tarde por los diarios. Irma Valdez lo conoció a los 5 años. Su familia vivía muy cerca y su padre le vendía huevos, pollos y verdura de su producción. “Él sabía venir a mi casa —recuerda Irma—. Lo buscaba mucho a mi papá, incluso le trajo semillas de hortalizas que no teníamos para que plantara. Mi padre era muy callado —continúa—; seguro pensó: ´Este hombre no me va a delatar´”.Irma es de las que piensan que los túneles se construyeron para que los nazis pudiesen escapar en caso de emergencia. “Ellos decían que era parte del proyecto del dique, pero son muy raros, se comunican entre sí como si fuesen un gran laberinto”, comenta.Con el tiempo, Irma se convirtió en maestra. Rec
Fuente: La Nación