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La toma del Justine. La hazaña de Güemes durante las invasiones inglesas: rindió a la marina británica con una carga de caballería
El general Martín Miguel de Güemes fue fundamental para la emancipación sudamericana. Su nombre quedó ligado para siempre a sus heroicas luchas en la provincia de Salta -su terruño natal-, donde se convirtió en la pesadilla de las tropas españolas. Sin embargo, el bautismo de fuego de este valiente guerrero se produjo muy lejos del norte argentino: ocurrió en el Río de la Plata. Fue el 12 de agosto de 1806. Buenos Aires estaba ocupada por los ingleses. Criollos y españoles combatían en las calles contra el ejército invasor para reconquistar la ciudad. Desde el Río de la Plata, la flota británica atacaba a cañonazos las posiciones de los invadidos. Lo más intenso de la lucha se daba en la zona de la Alameda, actual avenida Alem y la Plaza de Toros de Retiro (hoy, plaza San Martín). Entre los barcos de la marina inglesa que acosaban desde el río se encontraba el Justine, una fragata mercante que había sido adaptada para la lucha con 26 cañones y que contaba con una tripulación de un centenar de marinos. En el fragor de la batalla, la nave se aproximó a la costa para hacer más certeros sus ataques. Pero la naturaleza a veces puede ser el peor enemigo...Una súbita baja de las aguas provocó que la embarcación quedara varada en el cenagoso lecho del río, a unos 400 metros de la costa. Los marinos hicieron lo posible para salir del encallamiento, pero fue inútil. Para colmo de males, el mastil de popa había sido derribado el día anterior. Entonces sucedió un evento pocas veces visto en la historia de los combates: hombres montados a caballo galoparon a través de las aguas para atacar el barco y apoderarse de él. Se fragua el ataque del JustineEs que, según cuentan los distintos historiadores, el capitán de navío Santiago de Liniers que, pese a su origen francés, era el comandante general al servicio de la Real Armada Española y el encargado de dirigir la resistencia contra el invasor británico, observó desde la costa, catalejo mediante, el encallamiento del Justine. Y de inmediato hizo correr la noticia. A su lado tenía al propio Güemes, a quien había tomado recientemente como ayudante. A él le encomendó que galopara hasta la posición de combate de Juan Martín de Pueyrredón, cerca de la actual Plaza San Martín, para ordenarle atacar al barco inglés. Pueyrredón, vecino de la ciudad que había formado una tropa de voluntarios de caballería (se conocerían más tarde como “los Húsares de Pueyrredón”), envió a Güemes a la misión junto a un puñado de sus hombres. Güemes había llegado a Buenos Aires pocos meses antes, ante el peligro de una invasión inglesa, como cadete del Regimiento Fijo de Infantería. Para el momento de la reconquista, el salteño era uno de los ayudantes en el cuartel general de Liniers. Ese era el puesto que ocupaba cuando Pueyrredón lo puso a cargo de la partida de caballería que acometió contra la fragata inglesa. “Así, al caer la tarde del 12 de agosto, el cadete del Fijo, don Martín Miguel de Güemes, al mando de un grupo de jinetes montados con el agua hasta el cuello de los caballos, tomó la fragata de bandera inglesa conocida como Justine”, escribe el historiador Jorge Virgilio Núñez. Los hombres que guiaba Güemes eran entre 40 y 60. En esa tarde fría y lluviosa, armados de sables y armas de chispa, se enfrentaron con los 100 marinos del Justine. Dos horas después, alcanzaron la victoria. En palabras del escritor Pastor Obligado, la heroica acción fue llevada a cabo “con toda energía por soldados bisoños que el amor a la tierra improvisó, doblando a expertos veteranos que venían de vencer soldados de Napoleón en San Juan Arce”. Güemes tenía 21 años cuando, con los jinetes a su mando se lanzó a la aventura de abordar una nave perteneciente a la marina más poderosa del mundo. El acto del gaucho salteño que luego sería héroe de la Independencia se enmarca en un día que terminó siendo de gloria para Buenos Aires. Porque ese 12 de agosto los ingleses fueron derrotados en su conjunto. El general William Beresford, al frente de las fuerzas invasoras, se rindió ante Liniers. Después de 48 días de ocupación británica, la ciudad había sido reconquistada. Las banderas del vencidoAlgunos historiadores afirman que la bandera del Justine que los hombres de Güemes tomaron en su epopeya se encuentra en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo, el lugar donde reposan los restos de Belgrano. Como los ingleses, en su ocupación de Buenos Aires, habían prohibido el culto y la exposición del Santísimo Sacramento, Liniers, creyente devoto, había prometido a Nuestra Señora del Rosario que, si los invasores eran vencidos, le entregaría a ella las banderas del enemigo. Juan Bautista Alberdi, según figura en el tomo I de Güemes Documentado, se refiere a este episodio histórico protagonizado por el salteño y las enseñas británicas: “Güemes bajo las órdenes de Liniers lucha en las jornadas de 1806 en Buenos Aires, contra los ingleses y contribuye a arrancar las banderas que decoran hoy los templos de la orgullosa Buenos Aires”.Con respecto a estas banderas correspondientes a la primera invasión inglesa que pueden verse en la Iglesia del Convento de Santo Domingo, hay que decir que en total son cuatro. Dos de ellas pertenecen al primer y segundo batallón una unidad escocesa del ejército Británico, el Regimiento 71 Highlanders. El mito dice que estos regimientos no volvieron a utilizar estandartes por haber perdido los originales. Luego, hay dos enseñas de la Marina Real Británica. Una es del Real Batallón de Marina y otra un estandarte naval que izaron los invasores en Retiro, en un asta en la Plaza de Toros. Esta última es la bandera que algunos historiadores vinculan con la que flameó en el Justine y fue tomada por Güemes. Eso se sustenta en que ese tipo de estandartes solían colgarse en los mástiles de los buques de guerra. Otros estudiosos, en tanto señalan que no existen pruebas fehacientes de que la bandera colgada en el mástil de Retiro sea la misma que utilizaron en el Justine. Pero estas controversias no empañan ni disminuyen la gran gesta de Güemes, posiblemente única, de copar, a caballo, un buque de guerra. Como curiosidad final, puede decirse que en los tiempos de las invasiones inglesas el río llegaba mucho más adentro de la ciudad que lo que ocurre actualmente. De modo que el lugar donde encalló el Justine corresponde, exactamente, al predio donde hoy se levanta la llamada Torre de los Ingleses, en Retiro. Un guiño de la historia.
Fuente: La Nación