“Hemos pasado por todos los estadios que ha tenido la actividad apícola en nuestro país, así que estoy para lo que necesite saber”, dice al otro lado del teléfono Claudio Auger, quien con tu tono de voz denota un gran orgullo.
La historia de este cordobés, oriundo del pequeño pueblo llamado Villa Concepción del Tío, un nombre por demás simpático, es una que escapa a lo que marcan las estadísticas apícolas del país. Lejos de tenerla como una actividad secundaria a otras del rubro agropecuario, Auger se aboca a esta producción desde hace 40 años y vive exclusivamente de ella desde hace 25.
“Tenía 18 años recién cumplidos cuando me inicié en esto, por lo que hoy, a mis 58 años, cumplo cuatro décadas desde el día en que tuve mi primera colmena”, recordó el hombre en charla con Bichos de Campo, que a diferencia de muchos de sus colegas no heredó de su familia ningún tipo de conocimiento sobre esta actividad.
“Yo me inicié en la apicultura por un crédito que en ese momento otorgaba la Federación de Centros Juveniles de Sancor a los hijos de productores o personas que trabajaban vinculadas a la producción láctea. En aquel entonces hacía control lechero en los tambos, por lo que apliqué para el crédito, que constaba de 20 colmenas y el asesoramiento de un técnico para aprender de la actividad”, contó Auger.
Gracias a sus contactos con productores lecheros de la zona, y aún a su corta edad, muchos le abrieron las tranqueras de sus campos para colocar sus colmenas, que en poco tiempo comenzaron a multiplicarse. Y si bien Sancor se encargaba de comprar y fraccionar la miel de aquellos que habían recibido los créditos, el cordobés afirmó que ya en ese entonces había muchos exportadores ávidos de adquirir materia prima. “Vender la miel nunca fue un problema”, dijo.
Para 1997, 10 años después de obtener aquellas primeras 20 colmenas, el apicultor ya contaba con 700. Y con el dinero que había reunido por la venta de su miel, más otros ahorros de actividades secundarias, Auger se animó a dar el paso que al día de hoy lo distingue: vivir de forma exclusiva de la apicultura, con su emprendimiento bautizado como “El Recreo”.
“En ese momento, 700 colmenas era un número interesante donde una persona podía vivir de esto. Hoy un productor que tenga 700 colmenas, a mi criterio, necesita en paralelo otro trabajo para poder vivir dignamente. Dedicarse exclusivamente a esta actividad implica tomar un riesgo. Muchos no se animan a dejar otro trabajo. Y antes tuvimos que hacer muchos malabares para obtener información que hoy sacamos de Google. Antes era todo prueba y error, requirió mucho ingenio”, reconoció el productor, que actualmente maneja unas 3000 colmenas.
Ese ingenio fue puesto a prueba en varias oportunidades, en especial de cara a los distintos virajes que tuvo la actividad.
“Un cambio muy profundo lo tuvimos en el centro del país alrededor de los 2000. Por estar en una cuenca lechera, los cultivos que se hacían para alimentar eran pasturas con flores. Eso hacía que nosotros pudiéramos tener nuestras colmenas sin ningún inconveniente y con buena producción. A partir del 2000, cuando cambia el rumbo de la actividad agropecuaria y se empieza a producir fuertemente soja, muchos tambos dejaron de funcionar, empezamos a perder áreas donde teníamos colmenas y gradualmente nos tuvimos que ir al norte del país, a las provincias con montes autóctonos como Santiago del Estero, Catamarca y el norte de Córdoba”, explicó Auger.
https://bichosdecampo.com/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Video-2026-05-07-at-6.58.57-PM.mp4
Aquello lo obligó no solo a aprender de las floraciones de otras especies, y de los tipos de miel que se obtenían en cada caso, sino también a comenzar a realizar trashumancia de las colmenas, algo que el productor mantiene hasta hoy.
“En los últimos años la zona donde estábamos se recompuso. Luego del cierre de tambos, entre 2018 y 2019 abrieron nuevos. Aparte en la zona se empezó a hacer mucho girasol, lo que contribuye a la actividad. Aún así, hoy sigo con mis colmenas distribuidas entre esas tres provincias. Esto hizo que nos tengamos que especializar en producir en zonas más complejas”, sostuvo.
En esta línea, Auger marca también como clave los cambios que se dieron de cara a profesionalizar la actividad.
“Antes, por decirte algo, andábamos en vehículos que no tenían puertas. Hoy para movernos tenemos que estar inscriptos en Senasa, tener Renapa, tener las verificaciones técnicas de los vehículos, tener carnet profesional. Fueron muchas cosas las que cambiaron y tuvimos que adaptarnos para seguir en carrera”, reconoció.
-¿Cómo analiza actualmente al negocio?- le preguntamos.
-Para responder tengo que hacer un poco de historia. En los últimos cuatro años la apicultura en Argentina ha perdido el 50% de la rentabilidad. Hoy los riesgos a la hora de empezar este negocio son mucho más altos que hace cinco años. Yo siempre digo que la apicultura es una actividad de promedio. La mayoría de los agricultores toman 5 años de promedio para poder saber dónde están parados y para saber qué tipo de inversiones pueden hacer. La miel en el mundo hoy vale un 40% menos que hace 5 años, de la mano de la miel china que entra a Europa y Estados Unidos, que es más barata y de menor calidad. Eso hizo bajar el precio de la miel argentina. Lo que vendíamos entre 2,80 y 3 dólares 5 años atrás, hoy ronda los 2 dólares.
-¿Y el contexto local?
-Tenemos un dólar muy deprimido, que sabemos que eso te vaporiza la rentabilidad. Tenemos un dólar que no es competitivo para ningún sector de la cadena agroexportadora, inflación en dólares y costos internos también en alza. Yo soy optimista por naturaleza, pero la realidad es esa. Hoy hay que ser muy minucioso con los costos si queremos seguir en carrera, por eso creo que para alguien que quiere empezar hoy es muy riesgoso.
-¿Cuánta miel produce hoy?
-Nosotros tenemos una meta que hay años que se cumple y años en que no, justamente porque dependemos de un montón de factores externos. Primero y fundamental el clima, y segundo las pasturas que se siembren en cada lugar. Nuestra meta son 110 mil kilos. Este año estamos en los 140 mil kilos. Ha sido un año bastante bueno, y la producción va toda a extracción. Yo no vendo en el mercado interno. De esos 140 mil kilos, 80 serán mieles oscuras y 60 claras.
-Tamaño esfuerzo no llega, sin embargo, sin amor a la actividad. Esto le apasiona.
-Sin ninguna duda. Esto es una pasión, es algo que los apicultores amamos. Y lo hablamos con muchos colegas. Después 40 años yo digo que si volviera a nacer, volvería a ser apicultor. Lo digo absolutamente convencido, porque acá encontré todo, lo económico, lo personal, amigos, familia.
-¿Qué le brinda esta actividad para que usted la siga eligiendo?
-Primero libertad. No dependo de un patrón. En segundo lugar no hay monotonía. La apicultura tiene muchas facetas, desde la producción de miel, la construcción de los materiales, la limpieza de los campos, el traslado de las colmenas. En tercer lugar no tiene techo, se pueden tener todas las colmenas que se quiera. Y por otro lado, durante mucho tiempo fue muy rentable, por lo que se han podido hacer cosas importantes en materia de inversión.
-¿Qué imagina a futuro?
-Tengo todas hijas mujeres, así que no tengo a quien delegarle esto. Pero sí tengo un plan de retiro, que lo pondré en marcha a finales del año que viene, con el que pretendo entregarle la mitad de mis colmenas a los empleados del norte del país. La apicultura es una actividad que demanda muchísimo esfuerzo físico y la edad pasa para todos. Es más bien un plan de achicamiento.
Agro & Campo
Una miel de historias: “Si volviera a nacer, volvería a ser apicultor”, dice Claudio Auger, que dedicó 40 años de su vida a esta actividad y que hoy, a pesar de los vaivenes, todavía la elige
“Hemos pasado por todos los estadios que ha tenido la actividad apícola en nuestro país, así que estoy para lo que necesite saber”, dice al otro lado del teléfono Claudio Auger, quien con tu tono de voz denota un gran orgullo. La historia de este cordobés, oriundo del pequeño pueblo llamado Villa Co...