En el Palacio Libertad: el homenaje a Pipo Pescador que emocionó a todos

Pipo Pescador recibió este sábado un emotivo homenaje en el Palacio Libertad, donde unas 1000 personas colmaron la sala La Ballena para asistir a otra edición especial del ciclo Esenciales, dedicada íntegramente a su obra. Con el creador de clásicos como Canción del auto nuevo, Marcha de los antisopas y El profesor del vuelo sentado en la primera fila junto a toda su familia, el concierto recorrió parte de un repertorio que marcó la infancia de varias generaciones y que volvió a cobrar vida a través de una cuidada puesta en escena y un elenco de jóvenes intérpretes. Fue una conmemoración de la obra de Enrique Fischer, pero también del lugar que sus canciones siguen ocupando en la memoria colectiva de los argentinos.La propuesta, presentada en el marco de las vacaciones de invierno, evitó el recurso fácil de la nostalgia. Bajo la dirección musical de Jacques Luce y la dirección general de Vero Pecollo, el espectáculo recuperó las canciones de Pipo sin intentar imitarlas. Los nuevos arreglos respetaron el espíritu original mientras incorporaron sonoridades contemporáneas, logrando que aquellas composiciones dialoguen con el presente sin perder la ternura, el humor, la picardía ni la poesía que las convirtieron en clásicos.El escenario acompañó esa premisa con una estética despojada. Tan solo una mesa vestida, un libro y su emblemático acordeón bastaron para evocar el universo del trovador entrerriano. Antes de que aparecieran los intérpretes, los seis músicos —Richard Nant en trompeta, Martino Gesualdi en trombón, Gustavo Cámara en saxo y flauta, José Maidana en bajo, Luis Pondal en guitarra y Marcelo Fernández en batería— abrieron la función con un medley instrumental que comenzó con los sutiles acordes de Canción del auto nuevo, para encender a una platea expectante. Desde los primeros compases quedó claro que no se trataba de reproducir versiones conocidas, sino de ofrecer nuevas lecturas musicales, entre elegantes y sofisticadas.La primera en ingresar al escenario fue Lucien Gilabert, lookeada cual animadora infantil, para interpretar El profesor de vuelo. Luego aparecieron Julián Rubino, Nahuel Adhami y Miguel Gómez; artistas que recrearon un empático equilibrio entre el canto, la actuación y la narración, para conquistar al público en su totalidad y no quedar en la pantomima infantil. Rubino, con la clásica boina que remite inmediatamente al personaje de Pipo, siguió con Receta para hacer una mariposa leyendo sus rimas con notable expresividad. Más tarde, esa misma boina pasó simbólicamente a Nahuel Adhami para interpretar La canción del eco, mientras Gómez aportó humor y precisión escénica con Tubutacaesunahamaca.La puesta avanzó como un relato continuo donde las canciones convivieron con cuentos, performances y juegos teatrales. Lucien volvió al escenario para narrar El ovillo, los cuatro compartieron juntos una divertida versión de A la pipeta, Adhami entonó Canción para bañarse, Rubino encabezó Juguemos a tender la mesa y luego todos unieron sus voces en Marcha de los antisopas. Uno de los momentos más sentidos llegó con Canción de viento y sal, donde la voz de Gilabert confirmó su virtuosismo interpretativo.Sin embargo, la emoción alcanzó su punto más alto cuando Pipo Pescador dejó su lugar en la platea y subió al escenario para cantar Canción del auto nuevo, más conocida como El auto de papá. Bastó verlo tomar el micrófono para que decenas de celulares se levantaran al unísono con la intención de inmortalizar el momento. Cuando comentó que este año cumplió 80 años, el auditorio lo ovacionó de pie. Después ocurrió una de esas escenas que justifican un homenaje, grandes y chicos acompañando con las manos la tradicional coreografía de la canción, imitando el gesto de la bocina, el movimiento de las curvas, la inercia de las frenadas y cantando cada estrofa como si el tiempo no hubiese pasado. La interpretación concluyó con los cuatro cantantes acompañando a Pipo, en una imagen que sintetizó el espíritu del espectáculo, diferentes generaciones unidas por el sentimiento lúdico de la música.El ciclo Esenciales volvió así a demostrar que su objetivo no es únicamente recuperar repertorios históricos, sino ofrecer nuevas miradas sobre obras fundamentales de la cultura argentina. Por su parte, el Palacio Libertad ratificó por qué hoy es uno de los grandes espacios de Buenos Aires. La calidad de su programación gratuita, la excelencia técnica de sus producciones, la amabilidad de los asistentes distribuidos en todas los pisos y el impecable estado de conservación del edificio convierten cada visita en una experiencia agradable que trasciende lo artístico. El homenaje al inigualable y artesanal Pipo Pescador se completa en el sexto piso con una muestra dedicada a su repertorio, donde pueden verse sus escenografías, fotografías, documentos, instrumentos musicales, vestuarios originales y materiales de archivo que recorren su extensa trayectoria. La segunda función del espectáculo prevista para hoy domingo será reprogramada debido a la final del Mundial entre la Argentina y España. Será apenas una postergación para una celebración que deja en claro que las canciones de Pipo siguen ocupando un lugar de privilegio en la memoria afectiva de los argentinos.

Fuente: La Nación