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Pisos de madera: cómo cuidarlos, restaurarlos y elegir el más adecuado para cada ambiente
Hay materiales que se reemplazan cuando envejecen. La madera, en cambio, suele mejorar con el paso del tiempo. Basta entrar en un departamento antiguo o en una casa construida hace más de un siglo para encontrar pisos que todavía conservan su belleza original, a veces con marcas, cicatrices y diferencias de tono que cuentan la historia de quienes vivieron allí.Aunque muchas veces todo se llama simplemente “parquet”, existen distintos tipos de pisos de madera, construidos con especies diferentes y pensados para usos específicos. Conocer esas diferencias es clave para elegirlos, cuidarlos y restaurarlos correctamente.Un piso, muchos mundosCuando hablamos de pisos de madera solemos pensar primero en el parquet tradicional, pero el universo es mucho más amplio.Parquet: el clásico de las casas argentinasCompuesto por pequeñas piezas ensambladas que forman dibujos geométricos, fue uno de los grandes protagonistas de la arquitectura local entre las décadas de 1930 y 1970. Las especies más habituales fueron el roble de Eslavonia, el guatambú, el incienso y el viraró, maderas elegidas por su resistencia al uso cotidiano y por su estabilidad a lo largo del tiempo.Además de la madera, una de sus características más atractivas son los patrones decorativos que forman las piezas. Algunos de los diseños más conocidos son:Espiga (herringbone): el clásico dibujo en zigzag.Chevron: similar a la espiga, pero formando una “V” perfecta.Punta Hungría: una versión más sofisticada con cortes angulados.Damero: cuadrados que alternan la dirección de las vetas.Versalles: un entramado geométrico inspirado en los palacios franceses.Entablonados: el protagonismo de las vetasFormados por tablas largas y anchas, ofrecen una imagen más continua y contemporánea.Aquí suelen destacarse especies como roble europeo, nogal, peteribí e incienso, maderas cuya belleza radica precisamente en la riqueza de sus vetas y tonalidades naturales.A diferencia del parquet, donde el dibujo geométrico ocupa el centro de la escena, en los entablonados el protagonismo lo tiene la madera misma.Pinotea: la joya de las casas antiguas.Si existe una madera capaz de despertar nostalgia en la arquitectura argentina, esa es la pinotea.Presente en innumerables casas construidas entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, se reconoce por sus tablones anchos, sus vetas intensas y sus tonos cálidos que van del dorado al rojizo. Gran parte de la pinotea instalada en el país provino de bosques de pino de crecimiento lento del sur de Estados Unidos. Los ejemplares que se utilizaban hace más de cien años producían una madera especialmente densa y estable, difícil de encontrar hoy.Por eso, los pisos originales de pinotea se consideran actualmente un verdadero patrimonio arquitectónico. Cuando aparecen ocultos debajo de alfombras, moquettes o pisos flotantes, arquitectos y restauradores suelen recomendar recuperarlos antes que reemplazarlos.Pisos macizos: diseñados para durar generacionesEstán fabricados íntegramente con una sola pieza de madera. Las versiones más apreciadas suelen realizarse en lapacho, roble, peteribí o viraró, especies capaces de soportar décadas de tránsito y múltiples restauraciones. Su gran ventaja es precisamente esa: admiten sucesivos pulidos y renovaciones, lo que puede extender su vida útil durante generaciones.Pisos de ingeniería: tecnología al servicio de la maderaA simple vista son prácticamente indistinguibles de un piso macizo. Sin embargo, están compuestos por varias capas. La superior es madera natural, mientras que las inferiores aportan estabilidad estructural. La capa visible suele ser de roble europeo, nogal, lapacho o peteribí, por lo que conservan la textura y la apariencia de la madera auténtica. Su principal ventaja es que reaccionan menos a los cambios de humedad y temperatura, razón por la cual son cada vez más elegidos en obras nuevas y ambientes donde las condiciones climáticas pueden variar con mayor frecuencia. ¿Qué maderas son las más aptas para pisos?No cualquier especie sirve para resistir años o décadas de uso intensivo. Para pisos se buscan maderas con buena dureza, estabilidad y capacidad para soportar cambios ambientales sin deformarse excesivamente.Entre las más valoradas se encuentran: Roble europeo, Roble de Eslavonia, Lapacho, Viraró, Guatambú, Peteribí, Incienso, Nogal, Eucalipto tratado, Pinotea recuperada.Cada una aporta características particulares. El roble combina elegancia y resistencia; el lapacho es una de las especies más duras disponibles; el guatambú se destaca por su color claro y uniforme; mientras que el nogal y el peteribí son apreciados por sus vetas marcadas y tonos cálidos.El mayor enemigo: la humedadContrariamente a lo que muchos creen, el desgaste provocado por el uso cotidiano rara vez es el principal problema. La humedad sigue siendo el desafío más importante para cualquier piso de madera. Cuando absorbe agua, la madera se dilata. Cuando pierde humedad, se contrae. Ese movimiento natural puede provocar separaciones entre tablas, deformaciones o levantamientos.Por eso los especialistas recomiendan:Limpiar con mopa apenas humedecida.Evitar acumulaciones de agua.Secar rápidamente los derrames.Mantener una ventilación adecuada.Colocar fieltros en las patas de los muebles.¿Se pueden usar en cocinas y baños?La respuesta es sí, aunque con ciertos cuidados. En las cocinas, la tendencia actual apunta a mantener la continuidad visual entre los distintos ambientes de la casa, por lo que cada vez es más habitual extender el mismo piso de madera al área de preparación de alimentos. Para lograrlo son fundamentales las terminaciones protectoras, como los poliuretanos de alta resistencia o los aceites de última generación.En los baños, la elección debe ser más cuidadosa. Las especies naturalmente resistentes, como lapacho o teca, junto con una correcta ventilación y un mantenimiento periódico, permiten incorporar madera incluso en espacios expuestos a mayores niveles de humedad.Restaurar antes que reemplazarUna de las tendencias más fuertes de los últimos años es la recuperación de pisos originales. Ya sea un parquet de roble, un entablonado antiguo o una pinotea centenaria, muchas veces la restauración ofrece mejores resultados que el reemplazo. El proceso suele incluir:Evaluación del estado general.Reparación de tablas flojas o dañadas.Sustitución de piezas faltantes.Pulido de la superficie.Aplicación de selladores y terminaciones protectoras.En el caso de la pinotea, la restauración tiene un valor especialmente importante. Gracias al espesor de sus tablas, estos pisos admiten varias intervenciones a lo largo de su vida útil. Cuando falta alguna pieza, los profesionales suelen recurrir a madera recuperada de antiguas demoliciones para mantener la coherencia estética.Laca o aceite: el debate actualLas terminaciones modernas se agrupan en dos grandes familias.Los poliuretanos y lacas ofrecen mayor resistencia superficial y requieren menos mantenimiento cotidiano.Los aceites y ceras modernas, en cambio, conservan una apariencia más natural y permiten realizar reparaciones puntuales sin intervenir toda la superficie.La elección depende tanto del uso previsto como de la estética buscada.La belleza de las huellas del tiempoQuizás el cambio más interesante en el mundo del diseño tenga que ver con la manera de mirar los materiales. Si durante años el objetivo fue ocultar cualquier signo de envejecimiento, hoy arquitectos e interioristas valoran precisamente aquello que vuelve único a cada piso: las vetas irregulares, los nudos, las pequeñas marcas y la pátina construida con el paso de las décadas.Tal vez por eso los pisos de madera siguen vigentes. Porque, a diferencia de otros revestimientos que nacen perfectos y se deterioran con los años, la madera parece seguir el camino inverso: envejece, pero gana carácter.
Fuente: La Nación