Más del 80% de probabilidad de ocurrencia de un “Súper Niño” para el último trimestre de 2026 ¿Ya compraste el bote?

El Centro de Predicciones de la Agencia Climática de EE.UU. (CPC-NOAA por sus siglas en inglés) acaba de actualizar el pronóstico relativo a la evolución del fenómeno ENSO para la campaña 2026/27. Y cada vez quedan menos dudas de cuál será el escenario climático por enfrentar.
Para el trimestre julio-septiembre de 2026, la mayor probabilidad (57%) corresponde a la ocurrencia de un “Niño” de intensidad fuerte, según el modelo de CPC-NOAA.
Para el período comprendido entre agosto y octubre de este año, la probabilidad de ocurrencia de un “Niño” fuerte es del 42%, mientras que la de una fase “muy fuerte” del evento crece al 48%.
El pronóstico cambia en el  trimestre comprendido entre septiembre y noviembre de 2026, cuando el modelo del CPC-NOAA estima que las chances de un “Súper Niño” alcancen nada menos que el 71%
“Existe un 81% de probabilidad de que se presente un evento ‘El Niño’ muy fuerte durante el período de octubre a diciembre próximo, que estaría posicionándose entre los eventos de ‘El Niño’ más grandes en el registro histórico, que data desde el 1950”, señala el informe de CPC-NOAA publicado este jueves.

“Las condiciones de El Niño continúan fortaleciéndose y se espera que sigan intensificándose hasta finales de año, con un 97% de probabilidad de que persistan hasta comienzos de la primavera de 2027”, añade.
El fenómeno Niño-Oscilación del Sur (ENSO por sus siglas en inglés), que comprende la variación de parámetros meteorológicos del Océano Pacífico ecuatorial, influye de manera determinante en los regímenes de precipitaciones de diferentes regiones del mundo.

En el centro y norte de la Argentina, así como también en Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil, el fenómeno “El Niño” suele estar asociado a precipitaciones abundantes que promueven rendimientos elevados, pero también con desastres provocados por inundaciones en regiones anegables.
Por otra parte, el pronóstico de “Súper Niño” coincide con el período  de cosecha de cebada y trigo en la región –entre otros cultivos invernales–, lo que podría promover pérdidas productivas y de calidad en el momento de recolección.
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