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La obra con Nicolás Cabré y Mariano Martínez: niveles altos de disparate, un público activo y la destreza física de Bicho Gómez
Ni media palabra fue un éxito en Villa Carlos Paz, y hace unos días desembarcó en el Paseo La Plaza
Autor: Fernando Schmidt. Intérpretes: Nicolás Cabré, Mariano Martínez y Bicho Gómez. Vestuario: Divo – Jc - Agustino. Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Iluminación y Sonido: Maximiliano Toledo. Dirección: Nicolás Cabré y Rocío Pardo. Sala: Paseo La Plaza (avenida Corrientes 1660). Funciones: Miércoles, a las 20; jueves, viernes y sábados, a las 22 y domingos, a las 21. Duración: 80 minutos. Nuestra opinión: BuenaLa escenografía que recibe al espectador que asiste a ver Ni media palabra promete lo que luego cumple: un living de departamento, extrañado, de esos que no existen en el mundo real, que será habitado por un excéntrico personaje proveniente de la industria del entretenimiento. Pero la verdadera promesa llega segundos antes de comenzar la función: sin que nadie lo pida ni justifique una bola espejada de boliche desciende del techo del Paseo La Plaza y la música comienza a hacer lo suyo, mientras una platea enfervorizada comienza a recibir, y a dar, lo que fue a buscar al teatro: diversión en estado puro, sin que haya demasiada reflexión ni conexión con el mundo (casi como si lo que funciona en ese pacto teatral fuera muy parecido a lo que el texto original pretende parodiar del mundo de la TV y del entretenimiento). Y es ahí cuando ese espacio escenográfico comienza a ser habitado por quien se lo va a apropiar, interpretativamente hablando, al desplegar todo su histrionismo y capacidad lúdica: Nicolás Cabré.La trama diseñada por el escritor uruguayo Fernando Schmidt es simple en la superficie y no haremos aquí ningún adelanto que arruine el mecanismo dramatúrgico que propone. Diremos simplemente que se trata de un texto que nos lleva a la casa de un personaje muy importante en la industria de la televisión, atravesado por un gran egocentrismo y una superficialidad colosal, del que no se entiende demasiado cuáles son sus vínculos: se sabe que estuvo casado, que se separó y que se dice que tal vez es homosexual. Y hay que decir que por momentos no se comprende cómo desde la dirección de actores se decidió remedar cierto código actoral, muy propio de los años 80 y principios de los 90, en donde lo afeminado, lo amanerado era el modo de representación de lo gay. Por fuera de esa apreciación hay que decir que de Dani Duval, tal es el nombre del personaje en cuestión, solo se sabe que no puede mirar al mundo por fuera de sí mismo y que el “mundo de la televisión” pareciera serlo todo, y en ese todo dispone de la moral y la ética a su antojo: se puede todo en nombre del show (ejemplos de la TV de los 90 sobran para entender la crítica). Dupla con historiaPara el público es enormemente significativa la reunión de dos partes de este trío: Cabré y Mariano Martínez. Son ellos dos actores enormemente reconocidos y queridos por el público, y ese amor se nota en el desarrollo del espectáculo. Permanentemente se rompe la cuarta pared porque la obra llega a niveles tan altos de disparate que el público se siente habilitado a intervenir desde la platea tirando letra o adelantando situaciones dramáticas inmediatas. Y los actores, profesionales en ese juego, lo llevan al límite: actúan para esa platea que fue a buscar lo que está encontrando: diversión en estado puro. Martínez compone un personaje que tiene una profundidad un poco mayor, percibiéndose que hay en él una historia que nunca va a asomar, ya que su rol parece estar subsumido por el carácter avasallante y extrovertido de su estrella, el personaje que compone Cabré, que en esa lógica dramatúrgica se siente habilitado para desplegar todas las técnicas actorales que conoce sin importarle ni la cohesión ni la coherencia. La risa a como dé lugar. ¡Y vaya si lo logra!Pero esta dupla está completada magistralmente por alguien que conoce mucho el humor, y, fundamentalmente, el de tipo físico: Bicho Gómez. Él sabe que tiene que jugar con su fisicalidad para contrastar, y ganar, con sus compañeros, siendo claramente el “otro”, ese que no pertenece al mundo de la frivolidad, del que se quiere vengar o hacer algún tipo de justicia. Y es allí cuando despliega todo su talento a través de un juego de repeticiones físicas que le da una densidad a la escena que no encuentra en los otros lenguajes teatrales: sonido, iluminación, vestuario. Luego de un paso exitosísimo por Villa Carlos Paz, Ni media palabra se instala en la avenida Corrientes como uno de los espectáculos más esperados que pone en escena a un trío de actores muy queridos y que conocen a la perfección el juego que se proponen jugar: el de la risa; una risa que asomará de cualquier modo y por medio de estrategias diversas, pero siempre en la búsqueda de complicidad con la platea.3 stars