Ganadero, industrial y cliente, las tres caras de José María Roca, el gerente del frigorífico Logros: “La facultad te enseña a producir mejor y más, pero no para quién”, dice

“Evidentemente siento placer”, dice José María Roca, el gerente del frigorífico cordobés Logros, que en cada encuentro con Bichos de Campo cuenta el derrotero de algún un nuevo proyecto que tiene entre manos, siempre vinculado a la ganadería. Su trabajo como industrial de la carne, su planteo bubalino en Catamarca –el primero en su tipo-, y sus asesorías a productores de Santa Fe y Santiago del Estero justifican bien su mote de tipo inquieto, con el que ya se amigó.
“Esto a uno lo apasiona. Aparte estoy convencido de que tenemos una gran responsabilidad social, más aún cuando uno entiende qué hay detrás de toda esta cadena”, indicó Roca en una nueva charla con este medio.
Aquel fuego, recuerda, llegó de la mano de su título de ingeniero agrónomo. En pleno gobierno de Isabel Perón, ingresó al Ministerio con una beca para trabajar en inseminación, algo más que incipiente y arriesgado para la época.
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“Me parecía que era el futuro, que era lo que se venía en ese momento”, recordó. Pero la necesidad de sostenerse económicamente lo hicieron virar hacia la producción de cereales, desde donde, aseguró, “remó y remó” hasta volver a vincularse con el negocio de la carne.
Pero 40 años después de su introducción en el rubro profesional, y ya con muchos años de trayectoria dentro de la cadena, Roca no teme en asegurar que el negocio se encuentra estancado.
-La producción no crece. Más allá de la innovación puesta en el sector, la producción de carne se mantiene en 3 millones de toneladas. Hay como una suerte de fracaso colectivo, ¿no?
-Sí, sin duda.
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Eso, para el industrial, tiene varias aristas. Una, quizás la más importante, está vinculada a la propia formación de los profesionales del sector.
“A mí la facultad me enseño a producir mejor y más, pero no me enseñó para quién. Si vos querés venderle carne en Japón, hace la carne que consumen los japoneses”, marcó Roca, que recordó la época en que, junto al empresario Juan Carlos Grimaldi y previo a la crisis de aftosa de comienzos del siglo, trabajó para levantar un feedlot que terminara animales según los requerimiento de ese país orienta.
“Había todo un estudio donde decía que la baja talla del japonés estaba dada por las carencias de proteínas rojas durante la infancia. Ellos ambicionaban con llegar a los 5 kilos. La expectativa era buenísima. Era subir el consumo porque detrás había un sentido nutricional”, contó.
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Esto se ata, para él, con otras dos cuestiones: ser también cliente, para comprender esas demandas, y valorar más al rol de la industria en la cadena.
“Siempre está la imagen de la industria como mal vista, esa que se lleva la tajada de león. Pero la industria es directamente la que le da precio a la carne. La cantidad de gente que trabaja allí, el orden, el tipo de trabajo, todas las medidas de inocuidad que tener que tener para sostener a esa empresa, todo eso le da valor al producto”, analizó Roca.
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Pero para el empresario, lo central está en la falta de un rumbo claro, agravado por el poco o nulo recambio generacional en el sector.
“Me preocupan las 1.040.000 cabezas faenas en marzo, el 48,1% de hembras. Una faena altísima, que cuanto la medimos en el frigorífico notamos una gran cantidad de preñadas. Entonces vos decís, ¿a dónde estamos yendo? ¿Qué estamos haciendo mal?”, dijo.
“Lo que falta es pasión y ganas de estar en el campo. Hoy tenemos hijos de productores que se jactan de que nunca fueron al campo y no van a ir. Hay un error nuestro de cómo vendimos el campo, de en qué consiste y qué podemos hacer. No motivamos a los jóvenes a que se den cuenta de esto, de que Argentina tiene una fortaleza tremenda en cantidad de hectáreas improductivas, teniendo montones de herramientas y un mercado ahora tremendo”, puntualizó luego.
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-¿Sos mas ganadero, más frigorífico, o hay que ser un poco de ambas?
-Hay que ser cliente también, son las tres cosas.
-Y hay que salir de la zona de confort.
-Siempre, todos los días. Mi cabeza me dice eso, no digo que esté bien o mal, pero la cosa está en lo que se viene. No está todo hecho. Y pelearnos intracadena es perder el tiempo.
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