¿Qué canal está mirando el secretario de Agricultura de Javier Milei? Quince razones por las cuales Sergio Iraeta no merece los aplausos que reclama por su gestión
El secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, ganó súbita fama en las últimas horas luego de protagonizar casi un gag humorístico en la inauguración de Maizar 2026, cuando luego de una frase para el olvido reclamó a la platea agropecuaria por un aplauso que no llegó. Ese silencio desató casi una súpl...
La frase que no arrancó aplausos no era, justamente, una gran pieza de oratoria y mucho menos escondía un pensamiento profundo: “No es fácil llegar al todo. Pero para llegar al todo siempre hay que empezar por algo”, formuló el funcionario, ensalzando una gestión más que opaca al frente de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. De hecho opinó que “muchos algos hemos estado haciendo estos dos años”. Y esperó, al pedo, esos esquivos aplausos que luego reclamó, patético.
Iraeta, a esta altura, más que mendigar aplausos debería agradecer que no lo puteen.
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En esta nota exponemos quince argumentos por las que -como observadores de lo que sucede en el sector- creemos que este productor ganadero “acomodado” (en todos los sentidos de la palabra) no merece ningún tipo de aplauso de parte del sector. Y eso aún cuando sabemos que muchísimos productores todavía prenden una vela por el éxito de la gestión del presidente Javier Milei ya que está muy vivo el recuerdo de las malas política agropecuarias de gobiernos anteriores.
1) Suponiendo que Iraeta esperase aplausos por la anunciada baja de los derechos de exportación (DEx), hay que decir que solo se bajaron 2 puntos de las retenciones al trigo y la cebada, que se están empezando a sembrar recién ahora. Todo el resto del arco agropecuario no disfrutará de la rebaja de la presión fiscal en 2026, ya que el cronograma anticipado por Luis Caputo (y todavía no oficializado), comenzará a regir desde enero de 2027 y tomara velocidad recién en 2028, posiblemente con otro gobierno. Además el presidente aclaró: “todo dependerá de la recaudación”.
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2) La rebaja de retenciones de 7,5 a 5,5% para los cereales de invierno tendrá un impacto fiscal mínimo para las arcas fiscales, estimado en menos de 40 millones de dólares (eso sin decir que media cosecha de trigo se vendió ya con las retenciones previas más elevadas). Pero el resto de los cultivos que seguirán tributando como hasta ahora, especialmente la soja, sufrirán el “robo” de más de 5.500 millones de dólares a lo largo de todo 2026, según todas las estimaciones. Es decir que la reducción efectiva alcanza a solo el 0,7% de la masa de dinero que se le saca a los productores de granos.
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3) Pese a esta situación evidente, que no existe prácticamente una rebaja de las retenciones para este año, los productores agropecuarios (sean de carne, leche o granos) ya se comen las puteadas del ciudadano común. Los argentinos están sufriendo una fuerte caída de su poder adquisitivo, no llegan a fin de mes, y además tienen miedo de perder el trabajo. Pero en los medios de comunicación y en la prédica de los políticos opositores, el “campo” empieza nuevamente a ser mencionado como parte de los sectores privilegiados por la política económica (junto a minería y energía), cuando esto no parece ser así, pues es un sector que sigue sometido a una altísima presión impositiva. Si la generalización “campo” ya luce injusta, que se considere como privilegiados a un montón de productores que se están cayendo del mapa lo es mucho más.
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4) Cierto es que entre los “algos” que dice haber hecho Iraeta hubo una baja de la presión fiscal por DEX en 2024 y 2025, que hizo que las retenciones a la soja retrocedieran de “1 de cada 3” a “1 de cada 4” camiones cosechados que se lleva el Estado, ya que la alícuota se redujo de 33 a 24%. Pero también es cierto que la rentabilidad de los productores de granos no ha mejorado a pesar de esas medidas, sino que empeoró, al punto tal que ahora se pierde plata en muchas zonas haciendo agricultura en campos alquilados, según delatan todas las planillas de márgenes. La explicación es que las retenciones no son el único factor que incide sobre el negocio. Por un lado, los precios internacionales han cedido bastante desde 2023, en tanto que los costos en dólares han subido y mucho más desde la declaración de la Guerra en Medio Oriente.
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5) El gobierno nacional no es responsable (y mucho menos Iraeta) de situaciones que lo exceden, ciertamente. Pero el secretario de Agricultura debería saber que un factor clave de la rentabilidad en la producción de granos es el tipo de cambio, y que el visible atraso cambiario que instaló el gobierno de Milei (usando los dólares de la propia cosecha de los productores para achatar los precios en pesos que cobran esos mismos productores) es tanto o más relevante que la presión fiscal ejercida por retenciones. De hecho, era lo que argumentaban los libertarios en tiempos del cepo, cuando se obligaba a los chacareros a vender su soja a precios muy inferiores a los de la paridad real de mercado. Ahora sucede algo parecido aunque por otra vía: el dólar es único pero se achata, mientras siguen subiendo otros costos. Por lo cual, el poder adquisitivo de los granos se ha ido pulverizando.
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6) Iraeta no solo no habla del visible atraso cambiario que sufre el sector (y mucho más las economías regionales) sino que tampoco hace mención a la notable suba de los costos. Y vaya que son visibles: solo en gasoil, según un estudio de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la factura que pagarán los productores de granos será 1.200 millones de dólares más abultada esta campaña que en la anterior, totalizando 3.758 millones. Nunca se pagó tan caro el combustible, que ya ronda 1,50 dólares por litro. Y desde la Secretaría de Agricultura ni siquiera le prendieron una vela a la estampita de YPF. Nada.
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7) Mientras se va notando el deterioro de los márgenes agrícolas, el gobierno libertario consume los meses haciendo anuncios tan inconducentes como los que hacía el anterior ministro Sergio Massa en otros tiempos. Que se va a poder importar maquinaria agrícola usada… Y no mueve los precios. Que se rebajaron los aranceles de importación de agroquímicos y fertilizantes… Y no se sienten ni cosquillas. Que se va a mejorar la productividad de las semillas reconociendo la propiedad intelectual de los obtentores… Y las entidades rurales no están de acuerdo con el método. Que se licitará la hidrovía… Y los peajes se reducen apenas 10%. Y muchos otros etcéteras.
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8) Cuando la discusión se traslada al terreno de la infraestructura, con toda la red vial detonada por la falta de obras nuevas y de mantenimiento en todo lo que va del gobierno de Milei, la única respuesta de funcionarios como Iraeta es responsabilizar de la situación a los gobiernos provinciales y repetir que la prioridad de la Nación es asegurar el superávit fiscal, para mostrar una macroeconomía ordenada. Y ese es el principal “algo” que hizo Iraeta desde que abandonó la casona de la calle Posadas, en Recoleta, desde donde administra sus negocios agropecuarios para desembarcar en Paseo Colón 981 y dedicarse a la función pública. Su principal responsabilidad es haber ejecutado un plan de sometimiento total de las políticas agropecuarias al Ministerio de Economía. Bajo esa lógica, todo lo que tenga que ver con el agro se resuelve no en función de los números y necesidades de los chacareros y sus comunidades, sino en función de los burócratas especializados en finanzas, siempre más proclives a pensar en tasas de interés y comisiones que en cosas banales de la producción. Si llueve o no llueve es una entelequia: ellos aguardan siempre por los dólares de la cosecha.
9) Valga un apunte para recordar que para llegar a ser secretario de Agricultura de la Nación, Iraeta tiene por único mérito el ser pariente político de Juan Pazo, mano derecha de Luis Caputo en el primer tramo del gobierno libertario. Fue Pazo entonces quien lo instaló en la cartera agropecuaria primero como subsecretario, para controlar la gestión del ex decano de Agronomía, Fernando Vilella. Y luego, derrocado éste en julio de 2024, como máximo responsable de un organismo degradado y controlado 100% (en personal y recursos) desde el Ministerio de Economía. Desde esta lógica de subordinación total, mal puede Iraeta presentar “algo” propio, pues carece de iniciativa propia y todo lo que se hace en materia de política agropecuaria (que ha sido poco y nada) está sometido a las decisiones y antojos del Palacio de Hacienda.
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