Estamos invitados a tomar el té: La Expo Té Argentina se consolidó como una vidriera para impulsar el consumo interno y mostrar la nueva cara de ese sector productivo

 En Misiones, la producción de té lleva más de un siglo como una de las economías regionales más importantes de la provincia. Sin embargo, mientras el modelo industrial atraviesa un escenario complejo marcado por una caída en la rentabilidad, un nuevo segmento comenzó a ganar protagonismo: el té de especialidad, asociado al valor agregado en las chacras, la calidad artesanal y las experiencias turísticas en torno a la producción de este cultivo.
En ese camino, la Expo Té Argentina se convirtió en uno de los principales espacios para mostrar cómo productores, emprendedores y elaboradores buscan posicionar al té argentino en el mercado interno. El pasado fin de semana, la ciudad de Posadas fue sede de la cuarta edición del evento que reunió a más de 70 expositores, capacitaciones, degustaciones y visitantes llegados desde distintos puntos del país y también del exterior.
La propuesta apunta a un público de nicho, apasionado por el universo del té, pero también seduce y atrae a consumidores curiosos que encuentran en la Expo una oportunidad para conocer la historia de la actividad, probar productos innovadores y descubrir todo lo que hay detrás de una taza de té.

“Tenemos el desafío de cambiar el paradigma de volumen por valor”, resumió Adriana Yañez, titular de Akasha Tea y presidenta de la Asociación de Tealeros Argentinos. “Y con valor no me refiero únicamente al precio, sino a poder contar cómo hacemos el té, cómo lo producimos, de qué calidad es y que la gente pueda vivir una experiencia en la Expo Té”, agregó.
 Para Yañez, el evento funciona además como una herramienta para ampliar el consumo interno, todavía muy bajo en comparación con otras infusiones. “Recibimos gente de todo el país, tea blenders que arman sus blends con nuestro té. Ellos son multiplicadores porque conocen cómo producimos y después vuelven a sus provincias a contar qué hacemos en Misiones”, explicó. A su vez, remarcó la importancia de que el té argentino cuente con la Indicación Geográfica como herramienta de visibilización y diferenciación. 
 La escena tealera que se mostró en Posadas dejó en evidencia que el sector artesanal se presenta como una alternativa económica concreta para pequeños productores y emprendimientos familiares que buscan diferenciarse del mercado tradicional.

Jonathan Klimiuk, titular de Klimiuk Infusiones, consideró que la Expo “es una vidriera de todo el trabajo que vienen realizando los pequeños productores para el crecimiento del té en hebras en Misiones”. En este sentido, Klimiuk destacó que el interés de visitantes de otras provincias e incluso de países vecinos funciona como incentivo para continuar desarrollando el segmento gourmet.

En los stands se presentaron desde hebras de calidad premium hasta innovaciones vinculadas a nuevos formatos comerciales. Lorena Runge, de la firma Ykua, presentó licores de té y yerba mate junto con infusiones frías saborizadas a base de té negro y té verde. “Mucha gente vino a probar los productos y también estamos estableciendo contactos comerciales”, señaló.

El crecimiento del turismo rural ligado al té fue otro de los ejes visibles de la exposición. Carolina Okulovich, creadora de La Ruta del Té y directiva de la empresa Don Basilio, sostuvo que el gran objetivo es “contarle al país y al mundo que Argentina produce té”.
 “Nuestro país es un gran consumidor de yerba mate y café, pero poco de té. Ese es el desafío que tiene nuestra generación”, afirmó. En paralelo, explicó que desde la empresa Don Basilio avanzan tanto en productos de consumo masivo para supermercados como en propuestas gourmet vinculadas a experiencias turísticas y sensoriales en La Ruta del Té.

La historia de las familias pioneras también tuvo su lugar en la Expo. Taro Kaeriyama, de Kaeriyama Tea, recordó que su familia emigró desde Japón hacia la Argentina en 1920 y pocos años después comenzó a producir yerba y posteriormente té en Misiones.
 “En 1935 empezaron con la producción de té verde para consumo propio y para la comunidad japonesa en Buenos Aires. Después el mercado demandó té negro y la producción se orientó hacia ahí”, contó. Décadas más tarde, la familia retomó las técnicas tradicionales para elaborar té de especialidad cosechado a mano.
 “A partir del 2000 comenzamos a rescatar los saberes de cómo hacía el té nuestro abuelo y ese camino fue el acertado”, explicó Kaeriyama. Hoy elaboran tés premium orientados tanto al consumo en hebras enteras como al mercado de tea blenders.

Por su parte, Tokuji Kairiyama, desde la localidad de Los Helechos, destacó que cuentan con una producción orgánica certificada e integrada, que abarca desde las plantaciones hasta la industrialización, el envasado y la comercialización. “Además del té, uno de nuestros productos destacados es la yerba mate compuesta con té verde, un blend propio en el que logramos equilibrar sabores y que hoy se posiciona entre los productos de mayor demanda. Nuestra marca, Ninusha, nació como un homenaje a la mezcla de nuestras raíces familiares, que combinan ascendencia japonesa, polaca y rusa”, expresó.

La búsqueda de diferenciación también alcanza a productos poco conocidos en el mercado argentino. La ingeniera agrónoma Amalia Radovancich, productora de té amarillo en Oberá, explicó que se trata de uno de los procesos más complejos para obtener esta infusión tan particular que la que tiene como protagonista. 
Radovancich tiene el orgullo de poder afirmar que es la única elaboradora de esta variedad de té en todo el continente. “Es un té muy demandante, con una elaboración totalmente sensorial. Tenés que ir chequeando el punto de marchitez por el color de los brotes y la flexibilidad, trabajando a mano en el wok”, relató.
 La productora bautizó su marca como Sa’yju, que significa amarillo en guaraní. “Tengo un gran respeto por los pueblos originarios y es una forma de dar a conocer la etnia originaria que habita nuestra tierra”, manifestó.

Otro de los segmentos que gana espacio es el té proveniente de producciones agroecológicas y con cosecha manual. Iván Sand, ingeniero agrónomo al frente de Alma Annette, contó que trabajan bajo protocolos de cosecha selectiva para elaborar té blanco y negro certificados.
“Logramos una trazabilidad que garantiza al consumidor que este producto se cultiva y se elabora bajo estándares de calidad, con cuidado del ambiente y de la sociedad”, señaló.
Sand también destacó la necesidad de articular entre todos los actores de la comunidad tealera. “De esto no se sale solo, se sale entre todos: productores, ceramistas, escuelas de té, ingenieros, catadores y consumidores”, afirmó. Según planteó, el desafío es construir una actividad económicamente viable pero también sustentable desde lo social y ambiental.

En paralelo, el té también busca abrirse camino en nuevos formatos comerciales. Lucas Vallejos y Laura Krieger, de Nest Tea, presentaron unas pequeñas monedas prensadas de té llamadas “mini nest”, pensadas especialmente para cafeterías y hotelería. En la edición anterior de la exposición ya se habían destacado por los “nest”, unos nidos con forma de esferas elaborados con hebras de té cuidadosamente armadas una a una y que se abren lentamente al momento de infusionar.

 La Expo Té además fue escenario del segundo concurso nacional para elegir al mejor blend argentino. En esta edición participaron 49 muestras evaluadas en una cata por un jurado especializado. El primer premio quedó en manos de Andrea Burgos, tea blender de la firma Amarte Patagonia Blends, llegada desde Neuquén. Su blend “Aldea de montaña”, inspirado en la localidad de San Martín de los Andes, combina té negro (proveniente del establecimiento Del Iguazú Infusiones) con frutilla, arándanos, rosa mosqueta e hibiscus.
La programación también incluyó una nueva edición del seminario “Té Argentino: camino a la excelencia”, orientado a productores y consumidores interesados en profundizar conocimientos sobre calidad y procesos. El cierre de la Expo Té se realizó este lunes, a campo, con recorridos guiados e inmersivos en los establecimientos protagonistas del té artesanal en Misiones. Tan importante como la calidad de las hebras, la posibilidad de la experiencia donde los productores se vuelven anfitriones en sus chacras abre un nuevo universo de posibilidades para el té misionero de la mano del turismo rural.
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