Jacobo Llanes tiene 75 años pero trabaja como si tuviera 25, sembrando tomate, morrón y pimiento sin saber lo que va a valer: “Toda la verdura es así, a veces se gana y a veces se pierde”
Jacobo Llanes tiene 75 años y sin embargo sigue trabajando todas las mañanas como si tuviera 25. Desde que tiene uso de memoria se dedica a producir en los Valles Calchaquíes de Salta, de donde es oriundo. Lo encontramos en un paraje de Cachi Adentro, pero él fue criado en San Miguel. “Agricultor to...
Llanes creció en las épocas donde toda esa rica región salteña formaba una única estancia. Aquella línea de terratenientes viene desde la época de las encomiendas. Primero en 1673 ese territorio se asignó a doña Margarita de Chávez. Años después, en 1719, figuraba como propietario don Pascual de Elizondo y más tarde don Felipe de Aramburu, dando origen a lo que se conoció como “Hacienda de Cachi”, inmensa propiedad que por años encerró en su seno al pueblo homónimo. Pero luego se construyó un pueblo nuevo, en terrenos expropiados a la finca en 1946 por el gobierno nacional.
Llanes mantuvo en sus primeros años como productor una relación habitual entre terratenientes y campesinos: él brindaba su fuerza de trabajo, el estanciero ponía la tierra, y allí se cosechaban el poroto, el pimentón y el comino, los tres principales cultivos de esa zona. Luego se acordaba un porcentaje de la cosecha para el mediero. Luego, con la fragmentación de la estancia, la cosa no cambió demasiado y él sigue “arrendando” unas pocas hectáreas para producir sobre todo verduras, a valores que llegan hasta los 2 millones de pesos por hectárea de buena tierra, que es la que viene de un descanso con alfalfa. “Si está flaca es menos precio”, aclara.
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Zapallito, morrón y tomate, y solo un poco de pimentón porque ya no cubre los costos, han sido los cultivos que hizo Jacobo en la última temporada. Los vende allí mismo, a los camioneros intermediarios que llegan desde los mercados concentradores de Salta o Jujuy, en busca de la verdura. Obviamente no es Llanes el que pone el precio.
-¿Y es buen negocio?
-¿Y qué vamos a hacer? Tenemos que trabajar algo. Por ejemplo, todo este tiempo atrás se ha vendido la jaula de zapallito a 4.000 pesos, y no es negocio. Cuando vale 10 mil para arriba ahí si, pero 4 mil no conviene. Pero hay que sacarlo si o si, porque si no se pasa. Igual con el tomate. El morrón lo mismo. Si vale 5 o vale 7 igual hay que sacarlo.
Esta situación donde el productor siembra sin saber cuánto va a cobrar y si va a ganar o perder plata es de lo más frecuente. Pero a veces llega a puntos críticos, donde ni vale la pena cosechar. A Llanes le sucedió el año pasado con la cebolla, como a muchos otros productores. “Valía 2 mil pesos la cebolla. Pagabas el peón (para cosechar) y no te queda nada. Por eso se ha dejado, se ha tirado todo”.
¿Y cómo decide cada año que va a sembrar usted?
-El pensamiento. La cosa es ver si se vende caro o barato. Toda la verdura es así. A veces se gana, no diré mucho pero se gana. Y a veces se pierde.
Jacobo resume sus tareas agrícolas con una sencillez pasmosa: “Primero hay que arar y después poner el abono, así se cría la planta”. Y cuando le preguntamos si necesita algo para seguir produciendo y ganar algo de dinero, nos responde que le gustaría recibir abono y “alguna ayuda con tractores”, ya que ese es otro costo importante: ellos no solo arriendan la tierra sino que deben pagar las labores a un contratista que tenga la maquinaria adecuada.
Nada de pedir un mercado justo o líneas de financiamiento o precio sostén, o cosas más complejas.
Llanes nos dice que el pimentón, que era el cultivo emblemático de esta zona por su alta calidad, ya hace rato que no cubre esos costos, y que por eso él ya no lo siembra. Pero se desmiente de inmediato al mostrarnos una fracción del campito arrendado donde crece ese cultivo. Los trabajos empiezan en agosto de cada año haciendo los almácigos. En noviembre lo plantan y luego sigue el control de plagas: “primero viene el gusano, luego el pulgón y la polilla; hay que curarlo”. Si hacen las cosas bien, en abril o mayo ya están cosechando los pimientos para pimentón, a razón de entre 600 y 1.500 kilos por hectárea. Lo secan ahí nomás en el campo, aprovechando los fuertes soles de la zona.
-¿Y se paga bien?
-Barato también. el año pasado las primeras ventas han sido de 4.000 y después a bajado a 2.000 o 2.200 pesos. No cubre los gastos. Dicen que de afuera entra mejor de Chile o de Perú. Viene de afuera y nosotros quedamos atrás, abajo.
Jacobo Llanes tiene 75años y trabaja cada mañana sobre el surco como si tuviera 25. Él supone que ese destino le tocó porque “no he estudiado y me quedé aquí” y porque “mi padre me enseñó a trabajar con plantas y me a gustado y me he quedado aquí”. Confiesa que alguna vez se imaginó enfermero o maestro, que le hubiera gustado serlo, pero no ha sucedido. “Mi padre he perdido yo cuando tenía 14 años, Falleció mi padre y me he quedado ya solo”.