Es argentina, perdió a un hijo y transformó el dolor en una oportunidad para ayudar a otros

En abril de 2020, cuando recién comenzaba la pandemia por el Covid-19 y la incertidumbre era la emoción predominante, Jess Browne recibió una noticia devastadora: su hijo Nacho se había quitado la vida. En ese entonces, vivían a miles de kilómetros de distancia, ya que ella estaba en Londres y su hijo en la Argentina, por lo que el confinamiento impidió que lo despidiera en persona. Pero Nacho dejó algunas cartas, entre las que se encontraba una con un pedido especial: que su historia se difundiera con la verdad. El suicidio es una problemática que preocupa desde hace años y las cifras confirman la necesidad de abordar el tema. En 2025, 5209 personas murieron por suicidio, lo que implica 14 personas por día y más de una cada dos horas. Si se tiene en cuenta que en 2016 hubo 2897 víctimas, se concluye que en menos de una década el número casi se duplicó. Además, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que por cada persona adulta que muere por suicidio, hay más de 20 personas que intentaron suicidarse. Esto quiere decir que hubo 104.000 intentos en un año y más de 285 intentos por día.Jess Browne decidió transformar la tragedia de su hijo en una causa y fundó Empesares, una comunidad dedicada a la prevención del suicidio y al acompañamiento de personas que atraviesan problemas de salud mental o están en duelo. “Creo que él estaría orgulloso de que hayamos puesto el tema sobre la mesa”, aseguró emocionada Browne en el décimo segundo capítulo de Mujeres Líderes organizado por LA NACION. “Fue durísimo, tanto que en algún momento dije, si él sintió esto, entiendo perfectamente su decisión. Tuve la gente indicada que me ayudó a estar acá hoy y, casi seis años y medio después puedo sonreír también”, señaló Browne. La fundadora de Empesares explicó que no siempre existen señales que permitan detectar o anticipar que una persona podría tomar una decisión de ese tipo. Al mismo tiempo, no siempre existen los medios económicos para buscar ayuda o la disponibilidad de turnos médicos para atender estas situaciones. “Nosotros podemos hablar, estar, acompañar”, agregó Browne. Al mismo tiempo, señaló que muchas veces se puede sentir el juicio de los otros, que piensan en que uno como padre hizo algo mal. “Hay chicos que, a la vista de los demás, tenían todo: buenos padres, medios. Y existen otros que viven en la calle, padecen el frío extremo y aun así luchan por la vida”, explicó Browne.¿Cómo acompañar? “Le diría a cualquiera que cuide su espacio, que piense con quiénes está, quiénes te ayudan y te hacen bien, estar atentos a qué mira uno en instagram y qué lee. Prestar atención a los otros, para ver cómo acompañar y cómo no presionar. Creo que el trabajo es más de comunidad”, explicó. Browne aclaró que, hoy en día, no es fácil encontrar ayuda profesional. “No hay psiquiatras infantojuveniles, no hay cantidad, no se forman y cada vez se suicidan chicos más chicos, incluso de 13 años”, agregó. También señaló que la situación actual de los jóvenes no es fácil, ya que existe mucha presión a su alrededor: “Crecieron con la idea de que el día que no tuvieron una jornada fantástica, no están teniendo un día bueno. Y se ha hecho difícil también para los padres discernir entre qué es real y cuándo los chicos buscan llamar la atención”. La fundación “Empesares” se escribe con “s”, en lugar de “z” y Browne explica que tiene que ver con una frase que muchas personas le repetían en ese entonces: “Tenés que volver a empezar”. En una oportunidad, mientras hacía deporte, le daba vueltas a la frase y pensó, “hay que volver a empezar con estos pesares”. Browne resaltó la importancia de cuidar a aquellos que siguen estando y guarda la esperanza de que la historia de su hijo, aunque dolió tanto, pueda ayudar a otros: “Algún día, me lo encontraré de nuevo ahí arriba; primero, le voy a dar un sopapo y luego un abrazo”.

Fuente: La Nación