Economía
Lecciones para cambiar de industria a los 50, romper moldes y aprender de las nuevas generaciones
La historia de Sandra Yachelini es de resiliencia y una masterclass de adaptación. Su recorrido demuestra que es posible construir un liderazgo propio sin resignar identidad y que cambiar de industria a los 50 años, incluso después de una carrera consolidada, puede convertirse en una oportunidad para volver a aprender.Hoy se desempeña como directora general de Refinación y Comercialización de Axion Energy, donde lidera tanto el negocio de downstream como la operación de la refinería. Pero su recorrido profesional comenzó mucho antes y en una industria muy diferente. Ingeniera electrónica egresada de la Universidad Nacional de Rosario, desarrolló buena parte de su carrera en compañías tecnológicas y ocupó posiciones de liderazgo en organizaciones multinacionales. En la duodécima edición de Mujeres Líderes, el encuentro organizado por LA NACION, conversó con la periodista Carla Quiroga sobre los desafíos de abrirse camino en ámbitos históricamente masculinos, la decisión de cambiar de rumbo y las enseñanzas que encuentra en las nuevas generaciones.Construir un liderazgo propioCuando comenzó su carrera en 1987, las mujeres que ocupaban posiciones jerárquicas en las empresas eran una excepción. Para llegar, muchas veces sentían que debían adoptar códigos y comportamientos asociados al mundo masculino. “En ese momento, todas las mujeres que eran CEO de algo tenían una corbata. No porque se usara, sino porque era la forma de ser hombre. La forma en la que te comunicabas tenía que ser la forma de ser hombre”, recordó Yachelini.Su propia experiencia no fue ajena a esa lógica. “Yo hasta los 40 era un señor más, pero no me daba cuenta”, recordó. El cambio llegó cuando empezó a comprender que algunas de las características que había dejado de lado para adaptarse a ese modelo podían ser, en realidad, fortalezas para conducir equipos. “En un momento me di cuenta de que las mujeres tenemos una empatía distinta. Muchas veces, cuando estás en un proceso de transformación, tenés que ser firme pero cálida, escuchar y que traer mucho a la mesa. Yo me perdía la mitad de las cosas”, explicó.Hoy, esa reflexión se transformó también en un consejo para las mujeres más jóvenes con las que trabaja: no confundir profesionalismo con la obligación de adoptar una identidad ajena. “La parte femenina, desde el concepto de la empatía, de la calidez, del acoger, suma un montón”, sostuvo.Ante la pregunta de qué le diría a una mujer que sueña con desarrollarse profesionalmente, pero está llena de miedos, Yachelini fue directa: “Lo primero es creer que podés. No digo ser arrogante. Las mujeres tendemos a querer tener todo perfecto antes de animarnos. Los hombres en general son mejores en eso. Eso hay que trabajarlo”.También es fundamental aceptar que equivocarse forma parte del camino. “La resiliencia, saber que te podés equivocar, que te podés levantar y seguir andando, es fundamental”. A eso le suma tener claridad sobre los objetivos y entender que ningún proyecto se construye en soledad. “El mundo de hoy es trabajo en equipo y pensar que no podés sola es la clave. Siempre te olvidás de alguien. Hay que seguir evolucionando en eso de integrar a más gente”, agregó.Reinventarse a los 50Después de una extensa trayectoria en tecnología, Yachelini llegó a ocupar posiciones de máxima responsabilidad en ese sector. Fue CEO hasta 2015 y, en ese momento, tenía por delante la posibilidad de continuar su carrera en el exterior. Sin embargo, después de haber vivido tres años y medio en Estados Unidos, la expatriación que le ponían sobre la mesa no era el futuro que quería para sí misma.Quería volver a vivir en la Argentina y encontrar un desafío diferente. La oportunidad apareció en 2017, cuando se incorporó a Pan American Energy (PAE) para liderar el negocio comercial de Axion Energy. Después de 30 años en tecnología, debía aprender los códigos de una industria completamente distinta. “Me tenía que reinventar. Tuve la suerte de poder acceder a este trabajo donde podía ofrecer todo lo que había aprendido y aprender una industria que no era la mía”, contó.La adaptación no fue inmediata. Se encontró con una actividad que desconocía y con equipos que llevaban muchos años trabajando en el sector. Pero también descubrió una dinámica de trabajo que le resultó estimulante: la posibilidad de tomar decisiones con mayor velocidad y llevar adelante transformaciones sin atravesar tantas instancias corporativas. “Lo maravilloso y motivador que encontré es que en una empresa donde tenés al accionista acá, le podés imprimir una velocidad a los cambios que en una corporación es mucho más difícil”, contó.Para explicar cómo atravesó ese cambio, recordó una frase que le había transmitido un antiguo jefe chino: “El hombre es como el junco, se dobla, pero no se quiebra”. La enseñanza, según explicó, consiste en entender que un error no es el final de un camino. “Cuando algo te sale mal, tenés que levantarte y seguir andando. La verdad es que, con ese concepto, no le tenés miedo a nada, porque sabés que vas a tener una segunda oportunidad”, añadió. En una industria en la que las transformaciones requieren convencer a equipos, pares y superiores, la capacidad de aprender de los errores se vuelve especialmente importante. Desde hace tres meses, además, asumió la responsabilidad sobre la refinería, una operación industrial de procesos continuos que funciona las 24 horas, los siete días de la semana, y que exige un foco especial en seguridad e integridad. Un nuevo desafío, incluso después de casi una década en la compañía.“Me encanta. Tengo que aprender cosas que no sabía. Mi regla es que un trabajo me motive cuando tengo un 50% de cosas para aportar y un 50% de cosas que puedo aprender. Porque puede haber mucha inteligencia artificial, pero si no te vas reinventando y no aprendés cosas nuevas, te volvés obsoleta”, afirmó.Escuchar para innovarLa apertura al aprendizaje también atraviesa su manera de conducir equipos. Al frente de una organización integrada por personas de distintas edades y trayectorias, Yachelini encuentra en las nuevas generaciones una fuente de ideas y una oportunidad para revisar prácticas que durante mucho tiempo parecían inamovibles.Su vínculo con ellas no comenzó en el trabajo: su hija de 37 años vive en España y, a través de ella y de sus amigas, hace tiempo que observa otras formas de organizar la vida personal y profesional. “Tienen un uso del tiempo infinitamente mejor que el que yo tuve cuando estaba a esa edad. La sociedad fue evolucionando y les permite compatibilizar mejor su vida personal con la profesional, y eso funciona. Me han mostrado que son capaces de ser excelentes profesionales y hacer mejor uso del tiempo”, señaló.También destaca la espontaneidad con la que los colaboradores más jóvenes expresan sus opiniones. Como parte de su dinámica de trabajo, organiza desayunos con equipos de distintas áreas y valora especialmente las preguntas y observaciones que surgen en esos encuentros. “Me encanta ver cómo te hacen una pregunta que en otro momento hubieran pensado 17 veces antes de hacerla. Las mejores ideas vinieron de operadores que me dan feedback o de colaboradores que me dicen: ‘¿Sabés qué, Sandra, no pensaste en esto?’“, contó.“Los necesitás como cómplices para entender cómo operan, cómo atraerlos y cómo retenerlos. Ese aprendizaje es maravilloso. Por más que te expliquen que la generación Z es esto, hasta que no te encontrás con ellos no sabés cómo manejarlos, con qué te vas a encontrar”, cerró.
Fuente: La Nación