Javier Álvarez Bento denuncia la pérdida de más de 5000 hectáreas por un basural a cielo abierto: “Tiran a camionadas”

EL CALAFATE.- Javier Álvarez Bento administra Punta Loyola, una de las estancias pioneras en Santa Cruz y denuncia que el basural municipal de Río Gallegos, lindante a la estancia, no cumplió con el enterramiento comprometido y ya lleva afectadas más de 5400 hectáreas por la diseminación de residuos desparramados por el viento. El cuadro quedó imposibilitado de ser usado como campo de invernada: retiró las ovejas y las vacas del sector por el peligro que los animales ingieran los microplásticos. “Es un absurdo lo que están haciendo, que en la ciudad más ventosas te tiren basuras a camionadas”, detalla Álvarez Bento a LA NACION.Agrega: “A medida que se muele más el plástico es difícil que las ovejas no lo coman. Cada vez que llueve este plástico molido entra a la tierra. El primer año teníamos bolsas arriba de las matas, el segundo teníamos pedacitos tirados arriba del piso y ahora ya tenemos plástico muy molido que se está metiendo al suelo”. Encuesta: ocho de cada diez productores agropecuarios que incorporaron tecnología digital registraron mejoras mediblesEn junio del año pasado, cuando la situación ya era insostenible, la Estancia Punta Loyola presentó un amparo ambiental contra la Municipalidad de Río Gallegos para que cese con la actividad; el caso ya tiene más de un año de demora y en las últimas horas Álvarez Bento decidió mostrar lo alarmante de la situación a través de un video que fue difundido desde la Sociedad Rural de Río Gallegos.“La desesperación nuestra es para que paren de tirar basura, porque cada día que hay viento, son más kilos de plástico acá”, asegura el productor. “Como estancia pegada a la ciudad convivimos con un montón de actores, de toda la vida, los pescadores, los perros, los cazadores; esa era la convivencia, pero ahora el problema es la mugre, pasamos a ser el basural de la ciudad, es una situación que ya atenta contra nuestra economía”, sostiene el administrador, quien sucedió a su padre en la administración de la estancia que tiene 65.000 hectáreas, 12.000 ovinos y 50 vacas.

Fuente: La Nación