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De los lectores: cartas & e-mails
ConsecuenciasLos economistas suelen repetir que “en economía se puede hacer cualquier cosa, menos evitar las consecuencias”. Javier Milei -que como buen economista debe conocer esta sentencia- está tratando de revertir las lamentables consecuencias de 80 años de populismo. Pero quizá debiera preguntarse si esta sentencia no es aplicable a la política, porque sus dichos fuera de lugar están generando consecuencias no deseadas, con un costo cuya trascendencia es difícil de evaluar.Ricardo E. Fríasricardoefrias@gmail.comCharlas y juegosHace años, en los espacios sociales la gente se reunía para jugar a las cartas, charlar de la vida diaria y reírse entre todos. En la infancia era igual: hacíamos juntadas en nuestras casas para entretenernos con nuestros juguetes infantiles y creábamos historias sin la necesidad de usar un celular.Hoy en día, con el uso masivo de la tecnología, vemos que en los restaurantes o cafeterías cada persona está en su propio mundo digital, ya no hay charlas, ni juegos, ni risas.La situación con los niños es similar. Ya no hay tantas ocurrencias ni historias creativas, solo una pantalla que los mantienen aislados perdiendo contacto con otras personas. Los padres, en vez de poner límites a los chicos para que no molesten, les dan un teléfono o tablet olvidándose de las consecuencias sociales y cognitivas; cuantos menos límites ponemos, el aislamiento y el daño al vínculo familiar crece. Jugar con peluches, cartas o conversar con el otro no necesita de un dispositivo tecnológico, sino que precisa tiempo y presencia.Recuperemos que se pueda recuperar el juego y el diálogo social evitando las pantallas.Angelina Ferrariomariaangelinaferrario@gmail.comGestualidadEl señor Presidente de la Nación, Javier Milei, en sus ataques a los periodistas con ofensas, insultos y agravios, llegó a un nivel que supera todo límite. Cuando se trata de temas discursos políticos o económicos, su alocución no tiene la continuidad necesaria, luce entrecortada y se apoya en la muletilla ´digamos´. Cuando su palabra ofende e insulta, se inspira y ensaya la gestualidad ante un espejo y así consigue mayor fluidez. Su imagen en toda foto o pantalla siempre aparece acompañada por un funcionario, político o empresario, con un gesto que siempre es el mismo: junta los puños cerrados con pulgares hacia arriba, la cabeza inclinada hacia adelante, los ojos mirando hacia arriba y la boca con los labios fruncidos. Esta imagen es de un infantilismo inocultable.Alberto Martínmaquibetomartin@hotmail.comTarifasCuando uno pregunta por qué aumentaron la electricidad o el colectivo, la respuesta es: “para no aumentar los subsidios que el Estado (nosotros) le pagamos a las empresas proveedoras de servicios”. Pero, ¿quién sabe cuáles son los valores que hay que alcanzar, entre lo que pagamos con la boleta y lo que pagamos con subsidios? ¿Y cómo se actualizan dichos valores? ¿Y quién los determina?Jorge Manuel Llorensjorgemanuel.llorens@gmail.comEl padel aquí Julio Menditeguy, José Lata Liste (dueño de Mau Mau) y yo fuimos los que trajimos el padel a nuestro país. Estando en 1974 en Marbella el Príncipe Hohenlohe, dueño del Marbella Club, nos invitó a jugar “tennis Corcuera”, el padel, en una cancha que había hecho construir allí. Fue la primera cancha en Europa. En ese lugar hoy existe una placa recordatoria que vi hace dos años en un viaje. Un día Julio me dice: “…Vasco, midamos la cancha porque quiero construir una en mi haras ”. Así Julio levantó ese año la primera cancha en Argentina. Inmediatamente proliferaron canchas en el país. Entonces surgió un obstáculo: los médicos decían que el padel era el culpable de lesiones en codos y rodillas. Siempre opiné que las lesiones se producen porque, al ser fácil, lo jugaron muchos que nunca habían practicado deporte, y por eso las lesiones. Después de una década exitosa se abandonaron y demolieron canchas. Ahora resurgió el padel más fuerte que antes. Es el deporte que más ha crecido.Ricardo Olaviagarolaviaga157@gmail.comSubte BRecientemente se terminaron los trabajos de mantenimiento de la estación Uruguay del subte B, a la que se dotó de un aspecto nuevo, relacionado con el teatro, por existir varios teatros en la zona de la estación.Me parece bien que, en el sector de salida, al nivel del suelo, haya material de vestuario de distintas obras de ayer y de hoy. Lo que no me parece bien es que en el subsuelo haya 600 lamparitas prendidas todo el día. Es un derroche de energía que pagamos los usuarios, porque este gasto el concesionario lo incluye en el esquema tarifario que pasa a la ciudad, y que forma parte del precio del boleto, que actualmente está en $1817. Para un trabajador es mucha plata, si debe hacer varios viajes diarios.Sugiero que hagan como en el teatro, que cuando empieza la función, se apagan las luces.Alberto Gesualdiagesualdi2014@gmail.comLos textos destinados a esta sección no deben exceder las 15 líneas o los 1100 caracteres. Debe constar el nombre del remitente, firma, domicilio, teléfono y número de documento. Por razones de espacio y de estilo, LA NACION podrá seleccionar el material y editarlo. Los mensajes deben enviarse a: cartas@lanacion.com.ar o a la dirección: Av. Del Libertador 101, Vicente López (B1638BEA)
Fuente: La Nación