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ACV antes de los 50: los principales factores de riesgo de una afección cada vez más común en adultos jóvenes y cómo reconocerla
Históricamente, el accidente cerebrovascular (ACV) estuvo asociado principalmente con la vejez. Sin embargo, también puede afectar a personas de 30 o 40 años. Aunque sigue siendo mucho más frecuente en adultos mayores, sufrirlo antes de los 50 presenta particularidades tanto en los mecanismos que lo provocan como en sus consecuencias y posibilidades de recuperación. Además, la evidencia internacional sugiere que su incidencia está aumentando entre los adultos jóvenes.Entre los factores de riesgo aparecen las lesiones en las arterias del cuello asociadas con movimientos bruscos o esfuerzos físicos extremos; determinadas alteraciones cardíacas, trastornos de la coagulación y el consumo de drogas. Aunque los actores tradicionales como la hipertensión, el tabaquismo y la obesidad también tienen un papel importante. En la Argentina, según el registro Jacaranda de la Sociedad Neurológica Argentina, aproximadamente uno de cada 13 ACV isquémicos registrados corresponde a personas de entre 18 y 50 años.Una tendencia que comienza a cambiar“Aumentó claramente la incidencia de strokes isquémicos y hemorrágicos antes de los 50 años, especialmente los hemorrágicos”, sostiene Pedro Lylyk, reconocido neurocirujano argentino y pionero en técnicas endovasculares. El especialista señala que investigaciones estadounidenses identificaron incrementos importantes, aunque aclara que en la Argentina todavía no se ha demostrado un crecimiento de esa magnitud.Una investigación publicada en 2025 en The Lancet Regional Health – Americas, encontró que entre 2015 y 2021 la incidencia de ACV en personas de 15 a 49 años aumentó en 22 de los 38 países y territorios del continente analizados. Entre estos se encuentran Brasil, México, Venezuela y Estados Unidos. La tendencia fue especialmente marcada entre las mujeres. Además, en 13 de los 38 países estudiados (34%) se registró un aumento de la mortalidad por ACV isquémico en ese grupo etario.“A partir de 2015, la curva dejó de descender: empezamos a ver más casos y más muertes, y las mujeres resultaron las más perjudicadas”, explica Virginia Pujol Lereis, jefa del Servicio de Neurología Vascular de Fleni y una de las autoras del estudio.Fabián González, neurólogo del equipo de enfermedad cerebrovascular del Hospital Británico de Buenos Aires, introduce un matiz: “Si bien es posible que haya un aumento en la incidencia de ACV en pacientes jóvenes, existe una mayor tasa de detección, ya sea por mayor sospecha o disponibilidad de estudios”, señala.Por qué las causas cambian con la edadDespués de los 50 años, especialmente a partir de los 65, adquieren mayor importancia las consecuencias de décadas de exposición a factores cardiovasculares. Entre ellas están la aterosclerosis, que produce placas en las arterias; la fibrilación auricular, una arritmia que favorece la formación de coágulos y el daño de pequeños vasos cerebrales asociado con hipertensión o la diabetes.“En pacientes jóvenes predominan causas diferentes a las de los adultos mayores, como lesiones en las arterias, ciertas alteraciones del corazón y problemas de coagulación que favorecen la formación de coágulos”, explica Florencia Deschle, neuróloga y jefa del Departamento de Neurociencias de Santa Catalina Neurorehabilitación Clínica.Esto no significa que los factores tradicionales estén ausentes. Según Jacaranda, el 66% de los jóvenes con ACV isquémico presentaban factores de riesgo vascular clásicos. La hipertensión estaba presente en el 31%, el tabaquismo en el 29,3%, la dislipidemia en el 20,1% y la obesidad en el 18,8%.Pujol Lereis explica que entre los 43 y los 50 años se produce una transición. Los factores tradicionales comienzan a adquirir mayor importancia y los mecanismos se aproximan progresivamente a los de los adultos mayores.Movimientos bruscos, alteraciones cardíacas y consumo de drogasUna causa característica del ACV en jóvenes es la disección arterial, una lesión en la pared de una arteria que lleva sangre al cerebro y que puede favorecer la formación de un coágulo.“Puede desencadenarse por traumatismos menores, manipulación quiropráctica, giros bruscos del cuello o deportes de contacto, a veces sin trauma evidente”, detalla Deschle. En ocasiones aparece dolor cervical o de cabeza intenso de un solo lado antes de los síntomas neurológicos.Lylyk menciona especialmente las lesiones de las arterias vertebrales, que recorren la columna cervical, y advierte sobre movimientos extremos y esfuerzos físicos excesivos sin preparación adecuada. “La idea es evitar las cosas extremas”, señala. Sin embargo, insiste en que esto no debe desalentar el ejercicio, ya que el sedentarismo también aumenta el riesgo de ACV.Otra causa es el foramen oval permeable, una comunicación entre las cavidades superiores del corazón que normalmente se cierra después del nacimiento, pero permanece abierta en algunos adultos. “Si se genera una trombosis en algún sitio, como, por ejemplo, un miembro inferior, esta puede migrar y, a través del foramen cardíaco, llegar al sistema nervioso central”, explica Deschle. Su presencia no implica necesariamente que vaya a producirse un ACV.El consumo de drogas estimulantes, como cocaína y anfetaminas, también representa un riesgo. Pueden provocar aumentos bruscos de presión arterial, espasmos vasculares y lesiones de los vasos sanguíneos. “La hipertensión está haciendo estragos. Y un poco la vasculitis de las drogas, de lesión de las arterias”, advierte Lylyk, al referirse a los mecanismos que pueden favorecer estos episodios.En las mujeres jóvenes existen factores adicionales. “Los anticonceptivos hormonales, el embarazo y el puerperio aumentan el estado protrombótico”, explica Deschle, en referencia a una mayor tendencia a formar coágulos. El desafío de encontrar la causaDeterminar qué provocó un ACV en una persona joven no siempre resulta sencillo. Según Pujol Lereis, en Jacaranda el 50,4% de los episodios quedó clasificado como de causa indeterminada. En casi la mitad de esos casos no se había completado la evaluación diagnóstica.“Muchos de ellos son provocados por enfermedades que denominamos inhabituales. Además de los factores vasculares habituales, deben investigarse disecciones arteriales y alteraciones de la coagulación, entre otras causas”, señala González, especialmente sobre los pacientes de entre 30 y 40 años.Identificar el origen es fundamental para orientar el tratamiento preventivo y reducir el riesgo de recurrencia, ya que una disección arterial, una arritmia cardíaca y un trastorno de coagulación requieren abordajes diferentes.La recuperaciónLos pacientes jóvenes suelen tener mayor capacidad de rehabilitación y de recuperar funciones motoras, cognitivas y visuales. Lylyk destaca que, en general, evolucionan mejor que los adultos mayores, aunque esa ventaja no garantiza una recuperación completa.“La edad influye en el perfil de riesgo, las causas del ACV y las posibilidades de rehabilitación, pero no determina por sí sola la gravedad ni el pronóstico”, advierte González. La extensión de la lesión cerebral y la rapidez del tratamiento también son determinantes.Según Jacaranda, el 83,1% de los pacientes jóvenes recuperó su independencia funcional a los tres meses y la mortalidad a los 90 días fue del 4,8%. Aunque las cifras citadas por Pujol Lereis indican que solo entre el 63% y el 68% consigue regresar al trabajo o a los estudios.“Un ACV en una persona joven irrumpe en plena etapa de estudio, de trabajo o de crianza. Además de las secuelas motoras, muchas veces aparecen la ansiedad, la depresión, el temor a que se repita y la sensación de haber cambiado”, explica Pujol Lereis.Señales de alertaLos expertos indican que ante una pérdida repentina de fuerza, dificultades para hablar, desviación de la boca, alteraciones de la visión o del equilibrio, es necesario llamar inmediatamente a emergencias. Independientemente de la edad, reconocer los síntomas y actuar rápido resulta decisivo para mejorar las posibilidades de recuperación.
Fuente: La Nación