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Netanyahu ante una elección decisiva: cómo funciona el sistema político de Israel y qué puede pasar
TEL AVIV.- Un enorme cartel publicitario domina una de las principales autopistas de Tel Aviv, la Ayalon, que atraviesa de norte a sur esta moderna ciudad costera con playas sobre el Mediterráneo. “Ellos quieren que Netanyahu pierda. No dejes que ganen”, dice el anuncio. Pero, llamativamente, no aparecen allí los rostros de ningún candidato de la oposición, sino de reconocidos dirigentes extranjeros musulmanes, desde el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, hasta el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que han criticado duramente al premier israelí en un marco de creciente aislamiento internacional.Con una campaña que plantea una suerte de dilema —“el islam o yo”—, el líder derechista apuesta ahora al temor como uno de los ejes de su estrategia electoral en unos comicios en los que pone en juego sus más de 18 años de permanencia no consecutiva en el gobierno.En un país con un 73% de población de religión judía, donde los debates por la masacre perpetrada por Hamas el 7 de octubre de 2023 y la posterior guerra –una de las más extensas en la historia del país- dividen a familias y amigos, y que además sigue atento al peligro de un nuevo enfrentamiento con Irán, el premier busca convertir la preocupación por la seguridad en un argumento decisivo en las urnas acusando a la oposición de “debilidad” frente a la “amenaza islámica”.Incluso este domingo publicó en su cuenta de Instagram una imagen generada por inteligencia artificial en la que se ve un hongo nuclear sobre esta ciudad de Tel Aviv. “El Estado de Israel se encuentra en un peligro existencial real y tangible. Si los iraníes adquieren armas nucleares, nada volverá a ser igual”, dice el texto.Pero según las encuestas, el partido de Netanyahu, el Likud (“la unidad”), no tiene un predominio claro frente a la creciente popularidad de Gadi Eisenkot, un exjefe del Ejército que lidera el partido Yashar (“Honesto”). Como se descuenta que ninguna agrupación alcanzará la mayoría parlamentaria, el ganador deberá luego hacer alianzas con otros partidos para eventualmente formar gobierno.Y haciéndose eco de un fuerte reclamo de la población, que se manifiesta casi a diario en las calles de esta ciudad, la oposición ya advirtió que si llega al poder formará una comisión independiente para investigar la responsabilidad de Netanyahu frente a las supuestas advertencias previas al 7 de octubre de 2023 sobre un ataque inminente de Hamas, y también sobre su conducción de la guerra. (Además de tres procesos por corrupción en contra del premier que avanzan con lentos trámites en los estrados judiciales)Las posibilidades de Netanyahu de seguir en el poder no dependen solamente de sumar votos para su partido, sino también de explotar otra de las particularidades del sistema político israelí: aquí, la capacidad para tejer alianzas después de las elecciones puede ser más decisiva que la de votos obtenidos por cada fuerza. Un ejemplo fue lo ocurrido en 2021, cuando el derechista Naftali Bennett, cuyo partido había quedado quinto en los comicios, llegó al cargo de primer ministro al encabezar una coalición de fuerzas políticas.Por eso, aunque sabe que la mayoría de los judíos ultraortodoxos no votará por el Likud, Netanyahu se encargó también de hacer varias promesas a los partidos religiosos. Entre otras, una que genera rechazo en buena parte de sus propios votantes de la derecha laica: aseguró que “nadie irá preso por estudiar la Torá”, en alusión a su intención de mantener la exención del servicio militar obligatorio para los estudiantes de las yeshivot, los seminarios religiosos judíos.Los sondeos indican que los partidos religiosos, en conjunto, reúnen como máximo alrededor del 15% de la intención de voto. Sin embargo, su respaldo fue clave para que Netanyahu formara gobierno en 2022 y sigue siendo imprescindible para sus aspiraciones de permanecer en el poder.“Aunque Netanyahu pierda las elecciones, el apoyo de los religiosos puede permitirle conservar el poder. Pero luego del 7 de octubre perdió mucho apoyo de sus propios votantes del Likud, por eso esta vez seguramente no le va a ser suficiente”, explicó a LA NACION el experto uruguayo-israelí Alberto Spektorowski, profesor de la universidad de Tel Aviv en ciencias políticas. durante una conferencia organizada en Tel Aviv por la agencia de noticias israelí Fuente Latina, en la que participó este diario.Spektorowski llegó desde Montevideo a Israel a los 20 años, en 1972, y se doctoró en Ciencias Políticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Su propia historia refleja una característica que marca la sociedad y la política israelí: las variadas olas migratorias que dan identidad al país. Eso se puede ver en una recorrida por esta ciudad, desde las coloridas tiendas árabes del sur donde un comerciante persigue a este cronista con un regateo interminable al grito de “Argentina, Messi, precio especial for you, amigo”, pasando por el barrio de Bat Yam, de predominio ruso, con sus carteles electorales en alfabeto cirílico, hasta la zona bohemia de Florentin, fundada por judíos griegos, con sus edificios desbordantes hoy de jóvenes inmigrantes emprendedores de todo el mundo que impulsan esta “start up nation”.Spektorowski forma parte de ese 20% de la población que es nacida en el extranjero, un número que llegaba al 65% en 1948, cuando se creó el Estado de Israel. Esa diversidad quedó plasmada también en este sistema parlamentario en el que incluso partidos que representan a sectores sociales relativamente pequeños pueden llegar a obtener escaños, su voz es escuchada y se convierten en piezas decisivas para formar gobierno.De todas maneras, se estima que, pese a las alianzas, “Netanyahu no llegará a obtener la mayoría de 61 de las 120 bancas del Parlamento. Y tampoco el conjunto de partidos opositores, llamado ‘Bloque del Cambio’, liderado por Eisenkot, tienen por sí solos un camino claro hacia la mayoría parlamentaria”, comentó Spectorovsky.Luego de los comicios del martes, el presidente Isaac Herzog –una figura ceremonial en el esquema de poder- realizará consultas con todos los partidos y evaluará quién está en mejores condiciones de recibir el encargo de alcanzar una mayoría de apoyos para formar gobierno en un plazo de 45 días extensible por otro período similar.En ese lapso, para destrabar el bloqueo, o los partidos anti-Netanyahu que quieran formar la coalición deberán retractarse de sus promesas de no trabajar con el primer ministro, o el “Bloque del Cambio” alcanza un acuerdo de gobierno con el apoyo de las listas de mayoría árabe.Pero Eisenkot, un sionista de centroderecha, ha descartado hasta ahora una alianza con los partidos árabes -que representan al 21% de la población de Israel, fuera de los árabes que viven en los territorios palestinos-, al considerar que no comparten los mismos valores de la integridad del territorio de Israel.En diálogo con LA NACION, el director de campaña de la Lista Árabe Conjunta, Mauricio Lapchik, fue claro en cuál es su principal objetivo en esta elección. “Aunque no nos convoquen a formar una coalición, votaremos en el Parlamento por cualquier grupo que se oponga a Netanyahu. La clave es impedir que vuelva a formar gobierno”. Los sondeos previos señalan que el conjunto de partidos árabes podría incrementar el número de 10 bancas que tiene en la actualidad y “hasta podría llegar a duplicarlas”, se entusiasmó Lapchik.Para eso deben movilizar a sus votantes que, históricamente, han tenido una baja tasa de participación en las elecciones en la convicción de que ni su voz ni sus votos son tenidos en cuenta.Pero los partidos que los representan, y que siguen teniendo esperanzas en la solución de dos estados, uno israelí y otro palestino, pueden tener la llave para poner fin al mandato más largo de un premier en la historia de Israel.
Fuente: La Nación