Economía
Aliados indispensables: los animales que conocen el camino y guían a miles de vacas para escapar de la inundación
En las islas del Paraná, cuando el agua avanza y la crecida obliga a trasladar la hacienda hacia tierra firme, hay animales que cumplen una función decisiva: los “siñuelos”. Son animales, en general novillos castrados, que conocen los caminos y acostumbran a encabezar los movimientos del rodeo. Cuando se abre una tranquera, suelen ser los primeros en avanzar. Detrás de ellos lo sigue el resto de la tropa, una conducta que los convierte en aliados indispensables para los productores isleños.En medio de la creciente por el fenómeno de El Niño, que afecta a la zona de Las Garzas, en Santa Fe, estos animales volvieron a demostrar su importancia. La evacuación de la hacienda exige experiencia, coordinación y conocimiento del comportamiento del ganado. No se trata solamente de llevar las vacas hacia un lugar más alto: en muchos casos deben atravesar kilómetros de terrenos anegados, malezales y cursos de agua, en plena época de parición y con terneros que todavía no tienen fuerzas suficientes para completar el recorrido. “Todos los isleros tradicionales tienen sus siñuelos. Si no es imposible trabajar en la isla”, explicó a LA NACION Víctor Masat, productor ganadero y veterinario de Las Garzas. La industria frigorífica anticipa menores precios para la hacienda que no cumpla con la exigencia europea sobre deforestaciónContó que estos novillos también se utilizan para otras tareas habituales, como juntar terneros para destetarlos, trasladar animales o reunir una tropa. Cuando hay que buscar hacienda en un campo vecino, por ejemplo, los siñuelos siguen al jinete y los demás animales tienden a acompañarlos.La función se vuelve todavía más importante cuando hay que “azotar la hacienda”, como se denomina al procedimiento de hacer que los animales crucen a nado un río o riacho para trasladarse de un lugar a otro. En esos casos, los siñuelos deben ir separados del resto del rodeo y avanzar adelante, porque conocen el recorrido. Las vacas preñadas y las que tienen cría observan cómo cruzan y siguen sus pasos.Golpe en Chicago: la soja se desploma y toca su valor más bajo en dos meses tras las elecciones en Brasil y un dato de Estados UnidosEl trabajo requiere una maniobra precisa. Al llegar al río, algunos peones deben desensillar y cruzar con sus caballos sin montura ni otros elementos que puedan sumar peso a su montado. Mientras tanto, el resto del personal organiza el traslado de los aperos y acompaña la tropa que debe avanzar de a tres o cuatro por vez, en una fila angosta, para evitar que se amontonen en la barranca.Si el ganado entra al agua en un frente demasiado amplio, los animales que ya están nadando pueden intentar volver hacia la costa al ver a otros todavía en tierra. Ese movimiento genera situaciones peligrosas y puede formar remolinos. Por eso, para Masat, la tarea no puede quedar en manos de personal sin experiencia: los trabajadores deben ser baquianos, conocer el río y saber cómo conducir a la hacienda. En esos cruces, la tradición y el conocimiento acumulado de los isleños pueden marcar la diferencia.Pero ni siquiera esa experiencia alcanza para evitar todas las pérdidas cuando la creciente avanza sobre los campos. En la zona inundable de Las Garzas, la salida de los animales se convirtió en una carrera contra el agua. “En mis 50 años nunca vi una salida tan organizada y anticipada como esta, con una creciente tan importante como es la de ahora”, afirmó Masat. Según detalló, ya habían sido evacuados más de 45.000 animales.La mayor parte de la hacienda salió por arreo y a nado, porque las condiciones del terreno todavía impedían ingresar con embarcaciones a determinados sectores. Algunos productores tuvieron que trasladar sus animales hasta 16 kilómetros para llegar a tierra firme. En ese trayecto, el esfuerzo y la dificultad del terreno hicieron que parte del ganado perdiera estado y se estresara. Los terneros más pequeños quedaron especialmente expuestos: algunos no pudieron seguir a sus madres entre los malezales, los esteros y los bañados.Masat calculó que, como mínimo, un 10% de los terneros nacidos se perdió durante esos traslados. La vegetación espesa complica la tarea: en campos donde antes predominaba el pajonal, hoy avanzan plantas espinosas como el aromo y el garabato, que forman una cobertura difícil de atravesar tanto para los animales como para el personal rural.El problema, según el productor, se profundizó después de varios años secos, que favorecieron la aparición y expansión de esos arbustos. “Se están generando un monte donde el animal no tiene acceso como así el personal que tiene que hacer la recorrida”, señaló. La maleza impide ver la hacienda a distancia y hace más difícil reunirla, controlarla y trasladarla. Así, la evacuación se vuelve más lenta y aumenta el riesgo de que queden animales rezagados. Según contó, la salida de la mayor parte de los rodeos tampoco significa que el trabajo haya terminado. Una vez que el agua cubra los campos, los productores deberán volver en canoas para buscar los animales que quedaron atrás. Esos operativos demandan más tiempo, personal y dinero. A la dificultad del terreno se suma la falta de trabajadores rurales. Para sacar unas 400 vacas preñadas pueden necesitarse al menos siete peones, entre quienes conducen la hacienda, manejan los caballos y se ocupan de organizar el cruce. Ante la escasez de personal, algunos productores tuvieron que formar cuadrillas extraordinarias para poder afrontar la emergencia. Además, la evacuación ya no siempre se puede hacer en una sola tropa: en muchos casos deben avanzar por etapas.El impacto más importante, sin embargo, podría verse después de la inundación. La salida de los campos coincide con la época de servicio, cuando las vacas deben quedar preñadas para sostener la producción del año siguiente. El cambio abrupto de ambiente, los recorridos largos y el estrés del traslado amenazan con reducir los índices reproductivos.“Si bien hemos solucionado la salida de la mayor parte de los animales, lo más grave es que en este momento estamos en plena fecha de servicio”, advirtió Masat. En la zona, explicó, los porcentajes habituales de preñez se ubican entre el 60% y el 65%. Su estimación es que la próxima campaña podría registrar una caída de al menos 20 puntos porcentuales, con una preñez cercana al 40%.“El problema económico, más allá de los gastos extras por el traslado, es la parición del año que viene donde va a haber un 20% menos como mínimo”, sostuvo. El efecto de la creciente, por lo tanto, no se limita a los animales que se pierden durante el arreo ni al costo de encontrarles un campo donde permanecer. También puede traducirse en menos terneros nacidos en el próximo ciclo.La situación es especialmente delicada para los productores más pequeños, que no siempre tienen campos propios o recursos para alquilar fuera de las islas. Algunos consiguieron lugar para sus animales en Chaco o Santiago del Estero. Otros, con rodeos de apenas 40 o 50 vacas, debieron recurrir a las banquinas de rutas nacionales, provinciales y caminos vecinales, donde improvisaron pequeños cercos para mantenerlos.En el área inundable comprendida, estimó que hay alrededor de 25 productores. Aunque todos lograron sacar la mayoría de sus animales, no todos pudieron resolver de la misma manera dónde alojarlos. El propio Masat trasladó su hacienda a un campo de tierra firme, aunque advirtió que esa solución será transitoria porque el espacio disponible no alcanzará para sostenerla durante mucho tiempo.La duración de la creciente es otra de las preocupaciones. Masat anticipó que el agua podría permanecer en la zona durante varios meses, con períodos de subas y bajas, y que tal vez no se pueda volver a ingresar a las islas hasta julio o agosto del año próximo. Después, la recuperación de los campos tampoco será inmediata: mientras el pasto demora en rebrotar, las malezas volverán a ganar terreno.
Fuente: La Nación