A 40 kilómetros de la capital de La Rioja, en un paisaje que coptan las enormes montañas y a unos 1300 metros de altura, se ubica el valle de Huaco. Es una región que, por las características que le imprime a la uva, es apta para producir vinos de alta calidad y tiene una historia muy antigua vinculada a esa bebida espirituosa.
Las investigaciones ubican a los jesuitas como los primeros en cultivar esas tierras y se estima que la actividad vitivinícola en Huaco datan del siglo 17. El valle formó parte del circuito del vino colonial, transportado en carretas durante semanas, y cientos de años más tarde una familia, la única instalada en la región, busca recuperar esa tradición.
Por su altitud, la radiación solar y la temperatura, sus vinos trasladan parte de la geografía al paladar. Ahora, al igual que otras zonas productivas, serán reconocidos precisamente por su lugar de origen, pues acaban de obtener el sello que así lo acredita.
A través de la resolución 6/2026, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) aprobó la Indicación Geográfica (IG) para el vino de Huaco o del Valle de Huaco, que ahora podrá usar ese sello para distinguirse de otras regiones.
Perteneciente al Departamento Sanagasta, la región, destaca el INV, “está formada por terruños con cualidades distintivas, aptos para la producción de vinos de calidad”. Con la Indicación Geográfica, de ahora en más todos los viñedos instalados en ese área serán identificados con ese sello, que busca agregar valor a la bebida y diferenciarla en las góndolas.
La solicitud de una determinada Indicación Geográfica requiere demostrar técnicamente qué diferencial otorga esa región al producto determinado. En este caso, el Valle de Huaco se destaca por contar con viñedos de altura, que llegan a los 1300 metros sobre el nivel del mar y son expuestos a determinadas condiciones de presión y temperatura que los hacen aptos para producir vinos de alta calidad.
La región es caracterizada por su clima “muy cálido”, según el índice de Winkler, y con noches templadas, donde la amplitud térmica es menos marcada que los viñedos de altura de Salta, pero con un nivel de irradiación solar que ayuda a que la uva concentre la acidez necesaria.
Sus suelos franco arenosos, de baja concentración de humedad, y los vientos constantes aseguran la sanidad vegetal y crean las condiciones para llevar adelante producciones orgánicas. Es lo que hoy hace, en soledad, Vista Larga, la única plantación en el valle y la que, por ende, tramitó formalmente la IG ante el Instituto de Vitivinicultura.
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“Desde el siglo 18, el Valle de Huaco pasó inadvertido desde el punto de vista productivo. Confiando en la apuesta que habían realizado los jesuitas siglos atrás, decidimos retomar el desafío”, señala la familia Leborán, la única instalada en esa zona y hoy dispuesta a ser reconocida por lo que hace.
El proyecto unifica conocimiento técnico y arraigo. Alberto es ingeniero hidráulico y trabajó diseñando sistemas de riego. Matías, su hijo, es ingeniero industrial y se vuelca a la elaboración. Actualmente, producen unas 20.000 botellas anuales pero tienen el potencial de crecer aún más, porque vinifican apenas un tercio de su uva, que envían en cantidad a importantes firmas de la región.
La apuesta familiar es producir de manera 100% orgánica y diversificarse entre los olivos, vides y nogales, los cultivos más representativos de la región. En uva, producen Torrontés, Chardonnay, Malbec y Bonarda, que luego vuelcan a su pequeña bodega artesanal. “Nuestro volumen es muy pequeño, estamos desarrollando una línea de vinos muy cuidada y la idea es salir a competir. Nuestro sueño es exportar”, señala Matías.
Utilizan energía solar, riego por goteo y orujo de aceitunas para fertilizar sus cultivos. Sin vecinos a sus alrededores, declaran tener más de 100 hectáreas al cuidado y preservación del monte nativo, donde conviven todas las especies que habitan el valle.
Entre fauna, olivos y nogales, ahora el vino de alta gama producido allí podrá llevar el sello que recuerde a esa región, a pocos minutos de la capital provincial y con un potencial productivo muy notorio.
Agro & Campo
Cuatro siglos después de los jesuitas, el vino vuelve a poner a Huaco en el mapa: De la mano de un proyecto familiar, el valle riojano consiguió su propia Indicación Geográfica
Fuente: Bichos de Campo