Ni con dos frigoríficos y una faena récord le alcanza: La apertura patagónica dispara la demanda de asado y fuerza a La Anónima a salir a comprar carne a terceros

La Anónima nació como una cadena de supermercados con fuerte presencia en la Patagonia, pero con el crecimiento de su negocio también se convirtió en un jugador relevante de la industria frigorífica y la exportación de carne vacuna. Hoy, con dos plantas habilitadas para abastecer tanto al mercado interno como a los principales destinos internacionales, la empresa faena hasta 28.000 cabezas mensuales y observa un escenario de demanda firme, escasez de oferta y precios que vuelven a acercar los valores de exportación a los del consumo doméstico.
“Este septiembre tuvimos el récord histórico de faena con 28.000 cabezas entre las dos plantas”, contó Martín González, referente de exportaciones de la compañía, durante la feria SIAL de París. El promedio habitual, explicó, se ubica entre 23.000 y 25.000 animales mensuales.

La empresa opera dos frigoríficos: uno en Salto, provincia de Buenos Aires, y otro en La Pampa, cerca de General Pico. Ambos están habilitados para exportar a distintos mercados. En Salto realizan faena kosher para Estados Unidos, mientras que en La Pampa hacen la destinada a Israel, aunque las dos plantas también abastecen a Europa y China, entre otros destinos.
La integración con el supermercadismo le permite colocar una parte importante de la producción en sus propias sucursales, sin necesidad de avanzar sobre la cría o el engorde. “Para un supermercado, estar integrado verticalmente en la cadena con dos frigoríficos ya es un montón”, explicó González, quien sostuvo que a la empresa le ha funcionado bien comprar hacienda directamente a productores y a través de consignatarios.
La Anónima vende principalmente a Estados Unidos, Israel, Europa y China. En el mercado europeo comercializa entre 300 y 400 toneladas mensuales de cortes finos, dentro y fuera de la cuota Hilton. González destacó que los compradores valoran cada vez más el marmoleo, es decir, la grasa intramuscular que aporta jugosidad y sabor. “Hace 25 años el gusto de la carne era mucho más de pasto; hace 10 o 15 años el marbling es cada vez más importante”, señaló.

El contexto internacional acompaña. Estados Unidos tiene el rodeo más bajo de los últimos 70 años, mientras que Argentina mantiene una cantidad de animales similar a la de hace tres décadas. A eso se suma una demanda mundial creciente de proteínas de calidad. “La demanda nuestra está superando la oferta claramente”, resumió.
Sin embargo, el negocio depende de los precios y de la capacidad de abastecimiento. González espera que, con el inicio de la nueva temporada de faena kosher, se afirme la demanda de novillos pesados y mejoren las cotizaciones. En paralelo, valoró que en Argentina haya comenzado una retención de vientres, una señal que considera necesaria para recuperar el stock y producir más novillos.
En el mercado interno, la compañía observa una situación más favorable que meses atrás. Con el tipo de cambio actual, varios cortes de consumo masivo alcanzan valores en dólares comparables o incluso superiores a los que se obtienen exportando. “Los cortes de la rueda y del pecho, como la nalga o la paleta, se venden muy bien”, explicó.
Buscando bajar los costos, el frigorífico Bustos y Beltrán apostó por la inversión y comenzó a exportar carne a China

La flexibilización de la barrera sanitaria patagónica también tuvo consecuencias concretas para la empresa. La posibilidad de enviar carne con hueso al sur disparó la demanda de asado, al punto de que los frigoríficos propios ya no alcanzan para cubrirla y deben comprar ese producto a terceros. Antes, el asado llegaba deshuesado y el consumo era menor.
Según González, la modificación también repercutió en los precios al público, que bajaron entre 10% y 15% en la región. En cuanto al impacto sobre los productores, señaló que, de acuerdo con referencias que recibió de ganaderos de la zona, la caída se sintió más en la vaca gorda que en el novillo terminado.
Para La Anónima, el cambio mostró cómo una modificación sanitaria puede alterar el consumo y los flujos comerciales, mientras la empresa sigue apostando a abastecer sus supermercados y aprovechar las oportunidades que ofrece la exportación.

Fuente: Bichos de Campo