En los últimos años, la recuperación de los precios de la hacienda alimentó las expectativas de una nueva etapa de expansión para la ganadería argentina, pero no todos los eslabones de la cadena están consiguiendo transformar esa mejora en rentabilidad. Carlos Milicevic, productor y ex vicepresidente del SENASA, advirtió que el negocio atraviesa un momento delicado, con costos crecientes, valores de venta que perdieron impulso y un consumo interno debilitado, algo que hasta ahora no pasaba.
“El potencial ganadero existe, la posibilidad de la Argentina de abastecer al mundo y el crecimiento de la demanda de proteínas animales existe”, reconoció Milicevic. Sin embargo, enseguida puso un límite al entusiasmo que se instaló alrededor de la actividad. “La coyuntura y el momento actual de la ganadería lo veo sumamente riesgoso. Los números han cambiado”, afirmó en diálogo con Bichos de Campo.
Su diagnóstico apunta a discutir la idea de que la recomposición de los precios de los últimos años alcanza para hablar de un boom ganadero consolidado. Según planteó, la mejora que experimentó inicialmente la cría no puede analizarse de manera aislada del resto de la cadena, porque los costos de producción, el precio de la hacienda terminada y la capacidad de compra de los consumidores condicionan el resultado de todo el negocio. “Los números empiezan a modificarse y la cadena empieza a retraerse”, resumió.
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Uno de los primeros puntos que puso sobre la mesa es el efecto de la inflación sobre los ingresos de los productores. Milicevic recordó que, a comienzos de año, el ternero cotizaba en torno a los 7 mil pesos, mientras que ahora está alrededor de los 6 mil.
En la conversación estimó que la inflación acumulada durante 2026 rondaba el 24%, una diferencia que, según su análisis, deterioró el poder adquisitivo de los ingresos ganaderos. Su conclusión fue que, pese a los valores nominales que todavía se observan en algunas categorías, el negocio perdió competitividad frente al año anterior.
La advertencia tiene especial relevancia para la cría, el segmento que durante buena parte de la recomposición de precios quedó mejor posicionado. Milicevic atribuyó aquella mejora a una combinación de expectativas y recuperación de los valores de la hacienda.
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“La generación de expectativas y la recomposición de precios que se dio al principio del gobierno actual hicieron que el precio subiera y pegara un golpe muy grande”, explicó. En ese proceso, agregó, la ternerada y la reposición de vientres alcanzaron valores que estimularon el optimismo entre los productores.
Pero, a su juicio, el escenario actual exige revisar esas proyecciones. “Si bien el precio todavía es bueno para el sector de la cría, los números se empiezan a modificar”, señaló. También advirtió sobre la posibilidad de que una mayor oferta de animales presione sobre las cotizaciones.
El problema, según Milicevic, es que la recuperación de la cría no garantiza que el negocio ganadero funcione en su conjunto: “Lamentablemente, la ganadería a veces se analiza por sus sectores individuales, y sobre todo la cría es la que tiene más impacto en algunos mensajes generales o en las expectativas de muchos dirigentes, especialistas o comentaristas”, cuestionó.
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En ese sentido, consideró que el entusiasmo por el futuro de la actividad puede ser positivo, pero pidió moderar las proyecciones. “Me parece que es bueno, pero al menos hay que tomarlo de manera un poco más moderada”, sostuvo.
El panorama que describió para la recría y el engorde a corral es todavía más complicado. Según indicó, los costos de estructura, los salarios y la energía aumentaron considerablemente, con subas cercanas al 20%, mientras que el valor de venta de la hacienda gorda retrocedió entre 17% y 18% en términos nominales durante el período que analizó.
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Para mostrar cómo impacta esa combinación sobre los resultados, relató el caso de una vaquillona que un engordador había comprado meses atrás para llevarla a un mayor peso. El animal ingresó al sistema con unos 200 kilos y luego fue vendido con cerca de 395 kilos, pero el precio de salida no compensó el desembolso inicial y los gastos de alimentación y mantenimiento.
El ejemplo, según explicó, refleja una situación en la que el aumento de peso no necesariamente se traduce en una ganancia económica. “Todos esos kilos de ganancia que le asignaron a ese animal terminan siendo pérdida”, afirmó.
Por eso, su evaluación del engorde a corral dista de la imagen de una actividad que aprovecha automáticamente los mejores precios de la hacienda. “La invernada no está viviendo un momento muy bueno. Está viviendo un momento muy justo o de pérdidas”, advirtió.
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A ese escenario se suma un mercado interno que no consigue absorber la producción con la fluidez necesaria. Milicevic señaló que los consumidores de clase media y los trabajadores atraviesan dificultades económicas, un factor que condiciona la demanda de carne y limita la capacidad de la industria para convalidar mejores precios por los animales.
“Argentina no tiene consumo”, afirmó durante la charla, al describir las dificultades que encuentra la cadena para colocar la hacienda. También advirtió que, en los últimos meses, la comercialización comenzó a mostrar señales de mayor esfuerzo por parte de los consignatarios para concretar las ventas.
“Si a la cadena de carnes en su conjunto no le va bien, siempre por algún lado empieza a retroceder”, planteó.
Además de los costos internos y la debilidad del mercado doméstico, Milicevic señaló al tipo de cambio como uno de los factores que condicionan la competitividad de la producción argentina.
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Aunque aclaró que no es economista, sostuvo que el atraso cambiario es una preocupación extendida entre los analistas y que tiene consecuencias directas sobre las actividades exportadoras.
“Uno de los puntos que están haciendo mella sobre las rentabilidades es el tipo de cambio atrasado”, afirmó. El problema, agregó, no se limita a la carne. También alcanza a otras actividades agroexportadoras y economías regionales, cuyos ingresos no siempre logran acompañar el aumento de los gastos de producción.
Milicevic consideró que una recuperación del consumo interno podría contribuir a mejorar el funcionamiento de la cadena, aunque no espera un cambio rápido en esa variable. También planteó que una modificación del tipo de cambio real ayudaría a recuperar competitividad.
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Mientras tanto, dijo observar señales de deterioro financiero en distintos sectores vinculados al mercado doméstico. “Empiezo a visualizar cheques rechazados y atrasos de pago, sobre todo en el sector de consumo”, advirtió.
La combinación de esas variables lo lleva a poner en duda que la ganadería pueda sostener, en el corto plazo, las expectativas que se construyeron durante la recomposición inicial de los precios.
En el tramo final de la entrevista, también cuestionó la situación del SENASA y alertó sobre la pérdida de profesionales, las dificultades de funcionamiento y la falta de conducción del organismo sanitario. A su entender, la demanda internacional por carne argentina no debería hacer perder de vista los riesgos que implica debilitar los controles sanitarios.
Agro & Campo
Un freno al optimismo ganadero: El productor y ex vicepresidente del Senasa Carlos Milicevic advierte que la inflación y los costos están deteriorando los números del negocio
Fuente: Bichos de Campo