El día que vecinos abrieron una cápsula del tiempo tras 25 años y hallaron un mensaje que los dejó pensando: “La ceremonia fue mágica y realmente maravillosa”

En el corazón de la localidad cordobesa de Deán Funes, una ceremonia singular abrió la puerta a un ejercicio de memoria colectiva. Ocurrió en 2023, exactamente 25 años después de su sellado, cuando las autoridades de la Biblioteca Popular Mariano Moreno procedieron a la apertura de una cápsula del tiempo, un cofre de chapa que resguardaba las expectativas y anhelos depositados por unos 500 habitantes en 1998, cuando la institución buscaba tender un puente hacia el porvenir. Lo que debía ser un encuentro nostálgico terminó convirtiéndose en un espacio de reflexión profunda sobre los cambios sociales y las deudas pendientes de la Argentina contemporánea.La jornada, que coincidió con las celebraciones por el Día del Libro y del Idioma Español, permitió rescatar gran parte del material, a pesar de que el paso del tiempo y la humedad del nicho de mampostería donde se hallaba alojado el receptáculo provocaron el deterioro de algunas misivas. Daniel Tomás Quintana, presidente de la comisión directiva de la entidad, describió el evento como una experiencia “movilizante” que logró reunir a familias enteras, muchas de las cuales regresaron para leer los escritos de sus seres queridos, incluyendo a aquellos que ya no se encuentran presentes. “La ceremonia ha sido mágica y realmente maravillosa”, resumió en ese momento Quintana, un experiodista y poeta que lidera la institución, emblema cultural de la ciudad desde hace 96 años, situada estratégicamente frente a la catedral y a pocos metros de la plaza principal.El contenido de las cartas, que originalmente formaban parte de la iniciativa denominada “escribe tu mensaje para el siglo XXI”, funcionó como un espejo incómodo de la realidad actual. Entre los textos recuperados, destacó el mensaje de Maricha de Elías, una vecina octogenaria que tuvo la oportunidad de volver a leer en voz alta un poema que escribió hace un cuarto de siglo. En su obra, la mujer exhortaba a las generaciones venideras a proteger el entorno natural, concluyendo con un pedido contundente: “No transformemos a nuestra tierra en un desierto”. La vigencia del ruego generó un impacto inmediato entre los asistentes. Al respecto, Quintana reconoció con pesar que, visto el panorama actual, “lamentablemente no le hicimos caso”.Otros testimonios, leídos por sus propios autores o familiares, reflejaron las inquietudes de una sociedad que, a finales de los años 90, ya proyectaba preocupaciones profundas. Una mujer, que en 1998 tenía 15 años, dejó asentado en su papel: “Les deseo que se creen más escuelas, que se ayude a la gente necesitada, que desaparezca la droga y la violencia”. En la misma línea, los deseos infantiles apuntaban hacia un entorno más seguro y próspero. Jorge Luis, quien al momento de escribir la carta contaba con 11 años, manifestó su anhelo de que “cambien los hospitales y la violencia en los jóvenes”, además de expresar una esperanza personal: “Que cuando sea grande tenga trabajo y sea feliz con mi familia”.Para el presidente de la biblioteca, esta continuidad histórica es un símbolo fundamental que justifica la persistencia de las instituciones culturales en el interior del país. “Estamos convencidos de que las buenas cosas deben terminarse, y muchas veces esto no se hace”, enfatizó Quintana sobre la importancia de cerrar estos ciclos temporales. “Tengo el corazón colmado”, confesó Quintana al cierre de una jornada en la que el pasado y el presente de Deán Funes se fundieron en un solo acto de memoria.Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA, en base a un artículo de Germán Wille.

Fuente: La Nación