Detrás de cada producto que los consumidores introducen en su changuito del supermercado hay una cadena productiva. Y detrás de cada una de ellas, miles de personas trabajan para que los alimentos lleguen a la mesa de los argentinos.
La agroindustria no solo produce alimentos y materias primas, sino que también constituye uno de los principales motores del empleo en el país, con más de 4,3 millones de puestos de trabajo generados a lo largo de sus distintas actividades, según un nuevo informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo Argentina (FADA).
Las cadenas agroindustriales representan el 23% del empleo privado nacional. En otras palabras, 2 de cada 10 puestos de trabajo están vinculados a este entramado productivo, que abarca tanto las tareas rurales como las actividades industriales, comerciales y de servicios que se desarrollan en las ciudades.
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“Cuando hacemos las compras, es fácil ver los productos, pero no siempre a las personas que hay detrás. En el changuito aparecen los fideos, la leche, la carne, el arroz, las verduras, el aceite, la salsa de tomate. Detrás de cada uno hay productores, agrónomos, contratistas, trabajadores de plantas industriales, transportistas, comerciantes y muchos más, millones de trabajadores en el campo y las ciudades”, explicó Fiorella Savarino, economista de FADA.
Y repasó: “Muchas veces se asocia el empleo agropecuario exclusivamente con el trabajo en el campo. Sin embargo, su alcance va mucho más allá de la producción primaria: también genera puestos en fábricas, comercios, camiones, laboratorios, estudios profesionales, empresas proveedoras de insumos y supermercados. Cada producto que llega al consumidor es el resultado de una red de actividades que moviliza trabajo en diferentes puntos del país”.
EL EMPLEO EN EL AGRO
Los números muestran la dimensión de ese aporte. La carne vacuna encabeza el ranking de las cadenas agroindustriales que más empleo generan, con alrededor de 519.000 puestos de trabajo.
Le siguen frutas, verduras y legumbres, con unos 462.000, y la soja, con aproximadamente 446.000.
Además, el potencial de crecimiento es significativo: de acuerdo con las estimaciones de FADA, la eliminación de los derechos de exportación podría impulsar la creación de más de 850.000 empleos adicionales en una década.
Estos datos surgen del informe Empleo en las cadenas agroindustriales, elaborado por FADA, que analiza la cantidad de puestos de trabajo asociados a las distintas actividades del sector y su participación en el mercado laboral argentino.
SIN RETENCIONES, MÁS EMPLEO
¿Qué pasaría si las cadenas agroindustriales pudieran desarrollarse sin retenciones? Según el informe, el impacto potencial sobre el mercado laboral sería considerable: podrían generarse más de 850.000 puestos de trabajo adicionales en 10 años, una cifra que equivale a la mitad de las personas desempleadas en Argentina.
“En diez años, las cadenas de granos y carnes podrían crear unos 830 mil empleos extras, desde la producción primaria, la industrialización, comercialización y transporte”, destaca Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA.
La estimación contempla el efecto que tendría una mayor producción sobre el conjunto de las actividades vinculadas al agro, desde el origen de las materias primas hasta su transformación y llegada al mercado.
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El punto de partida sería un incremento de la producción agrícola de alrededor de 70 millones de toneladas adicionales de granos. Ese volumen tendría diferentes destinos, tanto en el mercado interno como en la exportación, y generaría nuevas oportunidades de trabajo a lo largo de las cadenas productivas.
En el caso del maíz, por ejemplo, una parte de la producción adicional podría destinarse a la alimentación animal y, de esa manera, impulsar las cadenas porcina, aviar y bovina. También permitiría ampliar la producción de bioetanol.
En el caso de la soja, un mayor volumen podría fortalecer la elaboración de biodiésel, además de las restantes actividades vinculadas con su industrialización y comercialización.
De acuerdo con las estimaciones del estudio, el crecimiento de la producción de cereales y oleaginosas permitiría generar alrededor de 430.000 empleos, a los que se sumarían otros 425.000 en las cadenas de carnes y biocombustibles. En conjunto, el potencial superaría los 850.000 nuevos puestos de trabajo.
La magnitud de esa cifra se comprende al compararla con la situación actual del mercado laboral. En un país con aproximadamente 1,6 millones de personas desempleadas, la creación de esos puestos equivaldría a reducir el desempleo a la mitad, siempre bajo el escenario proyectado por FADA.
Para la entidad, no se trata de una posibilidad completamente alejada de la realidad. “Estos números no son tan lejanos cuando analizamos qué pasó entre 2020 y 2025. En esos años, se crearon 480 mil nuevos empleos en las Cadenas Agroindustriales, unos 80 mil empleos por año, empujados principalmente por la cadena de carne vacuna, soja, trigo, girasol y el sector lácteo”, explica Savarino.
UN MAPA DEL EMPLEO MÁS ALLÁ DEL CAMPO
En 2025, las cadenas agroindustriales generaron exactamente 4.332.114 puestos de trabajo en Argentina. Pero para comprender el alcance de esa cifra es necesario observar cómo se distribuye el empleo entre los distintos eslabones que integran el sistema productivo.
“Si se analiza al interior, ese dato permite mirar al empleo agro más allá del campo”, explica Savarino. La producción primaria concentra el 34% de los puestos de trabajo, mientras que la comercialización representa el 27% y la industria, el 21%. El resto se distribuye entre el transporte y la logística, con un 9%, y otros servicios necesarios para el funcionamiento de las cadenas.
Dentro de este último grupo se encuentran las actividades relacionadas con la provisión de insumos, los bienes de capital, los servicios financieros, los seguros y los servicios inmobiliarios, jurídicos y contables, entre otros. Se trata de tareas que no siempre se identifican directamente con el agro, pero que resultan indispensables para sostener su funcionamiento.
“Es decir, hay empleo tanto en la siembra y la cosecha como en la fábrica, el depósito, el camión, el supermercado, el estudio contable o la empresa que fabrica una máquina agrícola”, agrega Pisani Claro.
La distribución de los puestos de trabajo también refleja la diversidad de actividades que conforman la agroindustria. Las cadenas agrícolas, entre ellas la soja, el maíz, el trigo, el girasol y otros cereales y oleaginosas, concentran el 32% del empleo de las cadenas agroindustriales. Las economías regionales representan el 29%, mientras que las cadenas de carnes y la láctea reúnen, en conjunto, el 23% de los puestos.
Esa diversidad se traduce en una fuerte presencia territorial. La producción de lana y ovinos en la Patagonia, los vinos en Cuyo, el maíz en la región Pampeana, la caña de azúcar en el NOA y la yerba mate en el NEA son ejemplos de actividades que generan trabajo en diferentes regiones del país.
Aunque tienen escalas, características y procesos productivos distintos, todas forman parte de una misma trama de producción, industrialización, comercialización y servicios. De esta manera, el empleo agroindustrial no se concentra únicamente en las principales zonas agrícolas, sino que también sostiene economías locales y regionales en distintos puntos de Argentina.
LAS CADENAS QUE MÁS TRABAJO GENERAN
Cuando se desagrega el empleo por actividad, la carne vacuna ocupa el primer lugar, con alrededor de 519.000 puestos de trabajo. El segundo puesto corresponde a frutas, verduras y legumbres, con unos 462.000 empleos, mientras que la soja se ubica en el tercer lugar, con aproximadamente 446.000.
El ranking continúa con el trigo, que genera alrededor de 440.000 puestos, y el maíz, con unos 258.000. En conjunto, las cinco principales cadenas concentran prácticamente la mitad del empleo generado por las actividades agroindustriales.
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La importancia de estos números radica en que cada cadena reúne una amplia variedad de tareas y perfiles laborales. La carne vacuna es un ejemplo claro: detrás de cada corte que llega a una carnicería hay trabajadores dedicados a la cría y reproducción de los animales, profesionales que aportan conocimientos técnicos y sanitarios, personal de los establecimientos de engorde, operarios de frigoríficos y personas vinculadas con la distribución y la comercialización.
El proceso continúa una vez que la carne sale de la planta industrial. El transporte, la logística, los comercios y las carnicerías forman parte de esa misma cadena, que conecta la producción ganadera con el consumidor final y genera oportunidades laborales en cada etapa.
“Hay investigación y cuidados médicos para la cría y reproducción. Están los trabajadores de los feedlot y frigoríficos, quienes trasladan la carne hasta las carnicerías. El carnicero que corta los bifes para las milangas argentinas. Cada uno de esos trabajadores forma parte de los más de 4,3 millones de hogares que viven, de una forma u otra, relacionados con el agro”, concluyen desde FADA.
Así, detrás de los alimentos que forman parte de las compras cotidianas existe una estructura productiva que trasciende los límites del establecimiento rural. El changuito permite ver el resultado final, pero también representa el trabajo de millones de personas que participan de las cadenas agroindustriales, desde la producción primaria hasta el último eslabón comercial.
LOS NÚMEROS CLAVE
Más de 4,3 millones de puestos de trabajo: es el empleo generado por las cadenas agroindustriales en Argentina.
Dos de cada 10 empleos: están vinculados a las cadenas agroindustria
Agro & Campo
Estiman que, sin retenciones, el agro podría generar 850.000 puestos y reducir el desempleo a la mitad
Fuente: InfoCampo