General
Le prohibieron manejar por haber matado en la ruta a dos personas, pero el hijo de una de las víctimas lo encontró conduciendo
Christian Crocetti provocó una tragedia en 2015 en el acceso a Monte Hermoso; pese a una inhabilitación vigente lo hallaron al frente de un automóvil
La historia de la familia Pistochi se partió en dos la tarde del viernes 30 de enero de 2015. Hasta ese momento, la vida en Monte Hermoso transcurría entre el trabajo de alquiler de departamentos en el balneario y el oficio de carpintero de Luis Pistochi, un hombre querido en la zona. Aquel día, Luis se disponía a viajar a Coronel Dorrego junto a su pareja, Carmen Martínez, para asistir al cumpleaños de un primo. Nada hacía prever que un trayecto de rutina se transformaría en una pesadilla que arrastra el dolor inextinguible de dos muertes y 11 años de una sensación de injusticia que parece no tener fin.Un conductor a alta velocidad embistió en la ruta 78 la camioneta en la que viajaban Luis; su esposa, Carmen Martínez, su hija y dos nietos. La pareja murió en el acto y los sobrevivientes, que iban en el asiento trasero del vehículo, padecieron graves heridas que aún hoy tienen secuelas.Pero eso no fue todo: el responsable de la tragedia Christian Enrique Crocetti, fue condenado a una pena de prisión en suspenso e inhabilitado para conducir por diez años. Sin embargo, el fin de semana pasado uno de los hijos de Pistochi lo vio al volante de un vehículo y lo filmó. Por esa violación flagrante de las condiciones impuestas en la sentencia, la familia de las víctimas pide que sea sancionado con rigor. Mató a dos personas en la ruta y lo escracharon manejandoEl hecho mortal ocurrió en el kilómetro 18 de la Ruta 78, la vía de acceso a Monte Hermoso. El tránsito era intenso debido al recambio turístico de fin de mes en el verano de 2015. Luis Pistochi, de 77 años, conducía una camioneta Fiat Strada; en el vehículo también viajaban su pareja Carmen, su hija Daniela, su nieto Valentín, de 14 años, y su nieta menor, Sofía, que por entonces tenía 11 años.En sentido contrario, en dirección a la localidad balnearia, circulaba Crocetti al mando de una Toyota Hilux. Según los peritajes judiciales y los testimonios de quienes presenciaron la escena, conducía a una velocidad excesiva, muy por encima del límite permitido.Al llegar a una curva, la Toyota invadió el carril contrario. Tras rozar a un primer vehículo y golpear a un segundo, la camioneta de Crocetti impactó de lleno y de frente contra la Fiat Strada de los Pistochi. El golpe fue tan violento que el vehículo de las víctimas voló 30 metros hacia la banquina, quedando reducido a un montón de hierros retorcidos.Luis Pistochi, a quien aquellos que lo conocieron lo recuerdan como “un excelente abuelo, siempre presente y que siempre dio todo por sus hijos y nietos”, y Carmen Martínez murieron prácticamente en el acto. En el asiento trasero, el panorama era desolador: tres malheridos atrapados entre los restos del vehículo.Las consecuencias del siniestro fueron devastadoras y se extendieron mucho más allá de aquel fatídico enero. Sofía, la hija de 11 años de Gabriel Pistochi (hijo de Luis), fue quien se llevó la peor parte entre los sobrevivientes. “Me entregaron a nuestra hija desarmada”, le resume Gabriel a LA NACION, recordando el momento en que comenzó un proceso de recuperación que aún hoy continúa. Sofía sufrió una doble fractura de pelvis, el estallido de su cadera, fracturas en el brazo y el tabique nasal. Pasó tres meses con el 90% de su cuerpo enyesado, sin poder moverse. A la fecha, con 22 años, ya debió afrontar 16 cirugías y convive con secuelas irreversibles, incluyendo una discrepancia en sus miembros que la obliga a usar un realce en una de sus piernas.El resto de la familia no corrió mejor suerte. Daniela Pistochi sufrió las fracturas de siete costillas y heridas graves en una mano. Valentín, el sobrino de 14 años, padeció fracturas en una pierna y un brazo. Durante meses, la casa de los Pistochi en Bahía Blanca dejó de ser un hogar para convertirse en un anexo hospitalario, con camas ortopédicas, sillas de ruedas y sesiones interminables de hidroterapia. Mientras tanto, el responsable del hecho, un transportista profesional que debería haber extremado los cuidados al volante, iniciaba una estrategia legal para eludir su responsabilidad.En 2018, tres años después de la tragedia, la justicia dictó sentencia. Christian Enrique Crocetti fue condenado a tres años de prisión de ejecución condicional —es decir que no pasó un solo día en la cárcel— y a una postaccidente, la cual vence recién en octubre de 2028.Para la familia Pistochi, la sentencia siempre fue insuficiente. A esto se sumó la indignación por el comportamiento postaccidente del condenado. “Crocetti nunca se comunicó para pedir disculpas ni ofreció ayuda alguna”, cuestiona el hijo de Luis en diálogo con LA NACION. Y agrega: “Por el contrario, hizo todo lo más bajo que se puede esperar de una persona para eludir sus responsabilidades: realizó maniobras para declararse insolvente, incluyendo un divorcio ficticio y la transferencia de bienes a su pareja, con el fin de no afrontar las indemnizaciones civiles. Este hombre nos arruinó: mató a mi padre y a su pareja, y condenó la vida de mi hija, que a una edad donde los chicos juegan, debió convivir con operaciones, rehabilitaciones y de hospital en hospital para afrontar las diferentes terapias”.En flagranciaLa relativa paz que la familia intenta reconstruir se rompió el pasado domingo. Gabriel Pistochi se encontraba junto a su esposa en el Bahía Blanca Shopping cuando, entre la multitud, divisó a Crocetti y a su pareja. Movidos por la duda sobre si el condenado realmente cumplía con la ley, decidieron seguirlos discretamente hasta el estacionamiento.Lo que vieron confirmó sus peores temores: Crocetti se subió al asiento del conductor de un automóvil y, con total naturalidad, salió manejando del lugar. Gabriel logró registrar la escena con su teléfono celular. Al ser increpado y consultado sobre si tenía carnet habilitante, el condenado huyó rápidamente, realizando una maniobra brusca con la que casi atropelló a dos personas.“Para nosotros es una vergüenza. Se burló de la Justicia, directamente”, expresó Gabriel, quien después del incidente presentó una denuncia formal ante la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N°7, a cargo de la fiscal Marina Lara. El video, que ya circula de forma viral en redes sociales, es la prueba central de un presunto delito de desobediencia.Según le contó a LA NACION el hijo de Luis Pistochi, tras la difusión de las imágenes, otros vecinos de Bahía Blanca se comunicaron con la familia para asegurar que Crocetti nunca dejó de manejar, a pesar de la prohibición judicial. La familia Pistochi, que aún lidia con el desgaste mental y físico de aquel segundo que les cambió la vida en 2015, espera ahora que la justicia actúe con firmeza. “Este tipo tiene que estar preso porque cometió un delito grave. No puede manejar y anda como si nada”, concluyó Gabriel, con la esperanza de que, esta vez, la sentencia se cumpla efectivamente.