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El Cilindro era una fiesta, pero el Diablo metió la cola: Racing se hundió en su impotencia y el Rojo rescató el empate
Imágenes del final de la tarde en Avellaneda, sensaciones de un resultado que en el marcador no tuvo ganadores, pero que dividió escenarios. Aplaudió el capitán Marcone, reconoció el esfuerzo de sus compañeros que sacaron a flote un partido que en el primer tiempo se hizo cuesta arriba para Independiente. Al mismo tiempo, atronaron dos cánticos de los hinchas locales, señales del descontento que rodea a Racing: “que se vayan todos, que no quede ni uno solo; Milito, hijo de p...”. Atrás quedó el empate 1 a 1, que posiciona al Rojo dentro de lo mejores ocho de su grupo para disputar los playoffs y hundió a la Academia, que observó cómo se esfuman las posibilidades de pulsear por el torneo Clausura: desperdició la última bala de un 2026 cargado de frustraciones.De alta tensión. Un tiro de esquina que se demoró un minuto y medio por los proyectiles -entre ellos un reloj- que cayó desde la tribuna popular, un reclamo de una falta en las inmediaciones del área sobre Maravilla Martínez, una combinación y desborde de Ignacio Rodríguez por la izquierda que no descubrió receptor con tres jugadores de Racing en el área y la tarjeta amarilla para Barinaga... Todo en seis minutos. Un inicio eléctrico de la Academia y la búsqueda de Independiente de bajar el ritmo, porque en ese frenesí no se sintió cómodo. El peso del juego se exhibió en las pérdidas de pelota por pases fallidos y los controles nerviosos que impidieron progresar. Por las bandas, Racing tuvo potencial: Zaracho bajó la pelota con el pecho y Rodrigo Rey leyó la intención, se anticipó y la pierna a destiempo del volante generó la segunda amonestación para los locales y el rezongo del arquero, que animó a que se revisara la acción ante las explicaciones que entregaba el árbitro Facundo Tello. Una cuestión de actitud fue lo que desequilibró la balanza y ahí Racing se enseñó superior. Dobló al rival en la disputa de la pelota, anticipó, recuperó con facilidad y presionó la salida de Independiente... La Academia atropelló, impuso condiciones y acechó con peligro. Lodico perdió la pelota, se rehízo, descargó en Conechny y el goleador hizo el resto para el festejo de Zaracho: Maravilla ganó en lo alto a la marca de Arrayago y al puñetazo tardío de Rey. La pelota cayó llovida, con suspenso, y Zaracho la empujó sobre la línea para asegurar la conquista. Martínez, el jugador más ovacionado cuando se conocieron las alineaciones, el que en el clásico anterior falló un penal al intentar “picar” la pelota y el que en la previa sentenció que el “clásico es una final para nosotros, y así lo vamos a jugar”, destacó en la cancha el sentir de las palabras. La reacción de Independiente fue tibia, depositó todas sus esperanzas en el desequilibrio y barullo de Montiel y en alguna pincelada de Cabral para ubicar en el área a Chimy Ávila, que dos veces martilló, aunque sin dirección. El Rojo se debatía entre adelantarse, animarse a ser protagonista y pulsear el control, y dejar campo abierto para que Racing corriera con espacio. Por momentos pisando la cancha, Jadson Viera observaba y corregía; los de adentro, arriesgaban en defensa y prosperaban a los tumbos en ataque. Todo muy forzado, porque el rival lo empujaba al error. Kranevitter, que en los últimos cuatro partidos solo jugó 17 minutos -cinco con Sarmiento y 12 frente a Boca- era un patrón posicional y hasta se atrevió a atacar el área del Rojo; Conechny se asociaba con Ignacio Rodríguez e inclinaban la cancha por el sector izquierdo; Lautaro Díaz, un incansable junto a Maravilla para tapar la salida, batallar en el cuerpo a cuerpo y Lodico era el que le ofrecía lucidez a los ataques. Cambió una pieza Viera en el entretiempo, al enviar a Abaldo en lugar de Cabral. Menos control y mas verticalidad, sin modificación del posicionamiento de las fichas en el tablero: el 4-3-3 siguió como eje. Racing por momentos se confundió y, como en el inicio, del partido, tomó riesgos innecesarios. Mateo Martínez se ganó una amonestación por empujar a Arrayago y la secuencia siguió con colaboradores de los cuerpos técnicos, que fueron expulsados: Ribair Rodríguez en el Rojo y Luciano Aued, en el local. Del barullo salió mejor Independiente: Banegas trepó y sobre la línea final lanzó el pase atrás, donde Montiel demoró el remate y recibió un bloqueó de varias piernas. El resumen del empate en el clásico de AvellanedaRompió el partido Independiente y decidió jugar al golpe por golpe. Con menos fuerza que Racing, pero con mucho corazón e inteligencia. Meza hizo lucir a Cambeses y los hinchas despertaron con cánticos, mientras el VAR revisaba una posible mano. El clima de fiesta desapareció, el murmullo creció -aun con el resultado a favor- y el penal de Gonzalo Escudero sobre Meza marcó la confusión que se apoderó de la Academia. Meza tomó la responsabilidad y con un remate cruzado, de derecha, igualó el marcador. El autor del gol se hizo protagonista y Cambeses le ahogó, con una fotográfica volada, un nuevo festejo. Para reiniciarse, Racing lanzó cinco cambios en tres ventanas: Vergara, Ortegoza, Leonel Pérez, Cannavo y Elías Torres a la cancha, por Conechny, Zaracho, Kranevitter, Barinaga y Díaz. Piernas frescas para recuperar el rol principal y evitar un dolor de cabeza extra con las amonestaciones. También el Rojo retocó con Morales y Godoy en reemplazo de Ávila y Arias, respectivamente. La intensidad no era la misma y Montiel en una corrida tuvo la mejor para Independiente, aunque Leonel Pérez hizo un quite quirúrgico dentro del área. Apagada, la Academia concentró sus esfuerzos en pelotazos sin destinatarios. Poco quedó en pie de su comienzo arrollador. Enfrente, Independiente, que supo capear el temporal, terminó sin sentirse avasallado y espiando un error del rival que no llegó para desatar un infierno.
Fuente: La Nación Deportes