Mientras el agro argentino todavía discute las condiciones para pulverizar con drones y cómo regular su convivencia con los aviones agrícolas, hay un problema que empieza a asomarse en el horizonte: ¿Qué sucederá cuando haya tantos equipos volando que comiencen a cruzarse entre sí? ¿Quién organizará ese tránsito aéreo?
Es la pregunta que trajo a Argentina a Israel Quintanilla, un experto español en vehículos aéreos no tripulados (VANT) que lleva más de una década trabajando con esta tecnología y que considera que la próxima gran discusión ya no será solamente qué pueden hacer los drones, sino cómo administrar el espacio aéreo que deberán compartir.
“¿Qué pasará cuando haya muchos drones volando a la vez?”, plantea el especialista, que dialogó con Bichos de Campo, durante el primer Congreso Internacional exclusivo de esta tecnología organizado en Tucumán. Aunque suene futurista, el Quintanilla propone empezar a pensar qué va a suceder cuando haya varias naves volando en un mismo lote, y convivan los drones que mapean con los que aplican fitosanitarios o los que siembran .
Quintanilla es doctor ingeniero en Geodesia y Cartografía, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia y director académico de un máster universitario dedicado a sistemas de aeronaves no tripuladas. Su trabajo combina la utilización de sensores para obtener información del territorio con la investigación sobre aviación y gestión del espacio aéreo.
Desde esa doble especialización, el español insiste en una distinción que puede parecer obvia, pero que tiene consecuencias importantes para el agro: “Un dron es una aeronave, no es un juguete, no es un tractor”, afirma, y recuerda que por más que se utilice para observar cultivos o aplicar productos, sigue siendo una aeronave que debe respetar reglas de seguridad y convivencia con otros usuarios del espacio aéreo.
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En Argentina, esa discusión ya tuvo avances regulatorios importantes. La Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) aprobó en 2025 un nuevo régimen para los drones, que clasifica las operaciones según su riesgo en tres categorías: abierta, específica y certificada. En mayo de 2026 volvió a modificar las reglas y amplió las facilidades para la utilización de determinadas aeronaves de ala rotativa en zonas rurales, incluso eliminando límites de peso para su encuadre en la categoría abierta.
Pero más allá de establecer las condiciones para que cada dron pueda volar, Quintanilla asegura que lo que resta ahora es pensar cómo se va a organizar el tránsito cuando muchos lo hagan de forma simultánea.
De hecho, la propia normativa argentina ya contempla la implementación progresiva de un sistema de gestión del tránsito de aeronaves no tripuladas, conocido internacionalmente como UTM. Sin embargo, es una discusión que llega mucho más tarde que en Europa, donde, señaló el especialista, ya hace varios años se avanzó hacia un modelo basado en el riesgo de cada operación, que permite ampliar el uso de drones incluso en espacios aéreos controlados.
Mirá la entrevista con Israel Quintanilla:
Más allá de las diferencias regulatorias, el especialista también encuentra similitudes entre las discusiones actuales de la Argentina y las que ya vio librarse entre los productores españoles cuando comenzaron a reclamar la utilización de drones para aplicaciones fitosanitarias.
Según recordó, durante varios años las asociaciones agropecuarias debieron presionar a las autoridades para conseguir autorizaciones que contemplaran las particularidades de estos equipos que, al ser considerados aeronaves, debían afrontar requisitos pensados originalmente para la aviación agrícola tripulada.
En nuestro país, esa discusión tiene además su propia complejidad, porque a las reglas aeronáuticas se suman las disposiciones provinciales sobre aplicaciones de fitosanitarios. Como no hay una ley nacional que regule sobre esta nueva tecnología, las distintas normativas se superponen, y encuentran resistencia desde el sector de la aviación, que advierte una y otra vez sobre los peligros que engloba la convivencia con los drones sin reglas claras.
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Aunque la normativa hoy le mira el número en la espalda a esta tecnología, Quintanilla sí destaca el avance tecnológico que muestra Argentina, y que quedó plasmado, desde ya, en el primer congreso internacional celebrado en Tucumán. Durante su visita, el experto destacó el fuerte interés de los fabricantes y usuarios argentinos por los drones pulverizadores y el uso generalizado de aquellos para obtener información, elaborar mapas, estudiar el estado de los cultivos o construir modelos digitales del terreno.
Sin embargo, el español señala que esa demanda tecnológica deberá encontrar necesariamente respuestas regulatorias que permitan desarrollar la actividad sin descuidar la seguridad. A su juicio, el sector deberá prepararse para un escenario en el que todos esos usos comiencen a multiplicarse y sea necesario ordenar esa convivencia.
“En el futuro esta tecnología se integrará, habrá más drones y habrá que gestionar ese espacio aéreo”, resumió Quintanilla, que tiene justamente esa problemática entre sus líneas de investigación.
Agro & Campo
“¿Qué pasará cuando haya muchos drones volando a la vez?”: Un experto español pone sobre la mesa la próxima discusión que deberá afrontar el agro
Fuente: Bichos de Campo