¿De qué se habló en el Simposio Regional organizado por Fertilizar en La Pampa? Obviamente de que hay que ajustar estrategias en todos los cultivos
El Simposio Regional Fertilidad 2026 reunió en Santa Rosa, La Pampa, a más de 350 asistentes entre técnicos, investigadores, productores y representantes de empresas. El encuentro tuvo como eje en nutrición de cultivos y pasturas en ambientes con restricciones hídricas. Fue organizado por Fertilizar...
La gerente ejecutiva de Fertilizar, María Fernanda González Sanjuan, recordó que la Asociación ya lleva realizados 18 simposios y explicó que este año se decidió avanzar hacia una modalidad más regional e itinerante. “Pensamos hacerlo más regional para tomar con mayor dedicación algunas zonas que tienen particularidades y cultivos específicos”, afirmó.
En ese sentido, se sucedieron valorables exposiciones.
El primer módulo se centró en los Cereales de invierno, básicamente el trigo, y estuvo a cargo de Diego Rotili (UNLPam, Agroinnova y CREA).
¿Cuáles son las principales variables que debería tener en cuenta el productor? Según Rotili, la clave son las bases ecofisiológicas y un conjunto de variables que resultan de un diagnóstico de clima y lote.
Rotili sugirió considerar más que el pronóstico de Niño, lo que pasó el año anterior, ya que impacta directamente en la expresión del máximo potencial de rendimiento. En este sentido, repasó ensayos en las regiones subhúmedas y semiáridas que evidenciaron a lo largo de 10 años que la reserva de agua en la napa al momento de siembra es una variable que importa.
“Hay una buena recarga otoñal, y lo que sí es una buena señal para los cultivos de invierno es la profundidad relativa de la napa”, afirmó Rotili. Y agregó que “la productividad con esta reserva estaría en los máximos estimados, porque el 90% de los lotes están en capacidad de campo”.
Si bien el pronóstico de Niño puede tener cierto impacto negativo en la Región Pampeana, incluidas las regiones semiáridas y subhúmedas, la recomendación de Rotili es “medir las napas, analizar la prospectiva y tomar decisiones en base a la interacción de las variables lote, clima y fecha de siembra”. Al respecto señaló que no tiene sentido enfocarse en otros aspectos, porque no son drivers de negocio.
Luego de definir lote, genética y fecha, recién “podemos pensar en rendimiento potencial a partir del manejo de los insumos”, indicó Rotili. Según él, el promedio de un manejo de productor CREA está en 13% por encima de manejos convencionales. A su vez, el manejo de macronutrientes aporta un 8% adicional en promedio a los manejos CREA, siendo la variable más notoria.
En esta línea, el investigador sugirió realizar prácticas de manejo de largo plazo con diversidad de esquemas, hasta llegar a un esquema completo, porque en la región el trigo responde al nitrógeno, al azufre, al zinc y, especialmente, a la reposición de fósforo. “El manejo del zinc es fundamental, a partir de diagnóstico por muestreo de suelos.”
Luego llegó el turno de hablar de pasturas.
El especialista Cristian Álvarez (INTA) advirtió que la falta de fertilización estratégica en planteos de alfalfa degrada la estructura física, provoca la pérdida de carbono y acelera procesos de acidificación que desploman la oferta forrajera.
El ingeniero agrónomo del INTA General Pico y de la Facultad de Agronomía de la UNLPam, expuso sobre Nutrición de Pasturas en Regiones Semiáridas, donde el balance físico y químico del suelo condiciona directamente la producción de carne y leche.
Álvarez señaló que, en zonas de secano, la productividad está íntimamente ligada a la eficiencia en el uso del agua. Un manejo integrado de la nutrición puede elevar la conversión biológica desde un piso de 12 kg hasta alcanzar los 22 kg de materia seca por milímetro de agua por hectárea. Sin embargo, esta dinámica se rompe ante la degradación física y la consecuente compactación de los lotes.
A través de ensayos regionales, el especialista demostró que la fertilización estratégica con fósforo y azufre incrementa la producción entre 28% y 106% en alfalfa pura, y de hasta 46% en pasturas consociadas. Además, este manejo impacta de forma directa en el medio ambiente: los lotes degradados mostraron un alarmante balance negativo de carbono (perdiendo hasta 760 kg de C/ha al año), mientras que los planteos correctamente nutridos revirtieron la tendencia, logrando secuestrar hasta 690 kg de C/ha anuales.
Al respecto, Álvarez fue enfático en el impacto negativo de no fertilizar el recurso forrajero: “Las pasturas no son ajenas a la realidad del suelo; expresan el maltrato a través de una menor producción, problemas para persistir en el tiempo y una caída drástica en su calidad nutricional. Cuando fertilizamos bien con fósforo y azufre no solo producimos más forraje, sino que logramos dar vuelta el balance ambiental”.
Mirian Barraco, del INTA General Villegas, mostró como comienzan a responder cada vez más a estrategias de fertilización y manejo biológico los cultivos de soja y girasol, que son tradicionalmente considerados menos dependientes de la fertilización que los cereales.
Barraco presentó trabajos que corresponden al noroeste y oeste bonaerense, regiones con ambientes restrictivos, de menor contenido de materia orgánica y suelos frecuentemente arenosos, donde las respuestas a fósforo, azufre y boro comenzaron a hacerse más visibles. “Tradicionalmente son cultivos que recibieron poco aporte de fertilización porque se consideraba que se sembraban en suelos bien provistos. Pero la baja reposición de fósforo llevó a situaciones de deficiencia y ahora empiezan a mostrar respuestas interesantes”, señaló.
En soja, la especialista destacó el papel de la fijación biológica de nitrógeno, que aporta cerca de 50% de las necesidades del cultivo. Pero advirtió que problemas de acidificación y falta de calcio “se reflejan en una menor nodulación”. En ese contexto, resaltó que la inoculación continúa siendo una de las tecnologías de mayor retorno agronómico. “Aporta entre 200 y 300 kilos y no puede ser sustituida con fertilizantes”, aseveró.
Barraco también alertó sobre el deterioro de los niveles de fósforo disponible en los suelos. En concreto “50% de los lotes de nuestra región deberían recibir fertilización fosfatada”, indicó. No obstante, remarcó que tanto el cultivo de soja como el girasol son cultivos sensibles a altas dosis aplicadas en la línea de siembra porque pueden desencadenar problemas de fitotoxicidad.
Por eso insistió en pensar el fósforo como una estrategia de reposición de largo plazo y no sólo como una práctica anual. “Tiene que tener un plan de reposición sostenido en el tiempo”, explicó.
También planteó la situación del azufre, apuntando que la pérdida de materia orgánica y los años de agricultura continua están generando respuestas crecientes. “Más años de agricultura y lotes pobres en materia orgánica muestran mayor respuesta al azufre”.
En girasol, Barraco mostró respuestas importantes a fósforo, nitrógeno, azufre y boro, aunque aclaró que el manejo de N “debe ser cuidadoso: si aplico altas dosis puedo tener caída del contenido de aceite”. Por eso recomendó estrategias “moderadas” con aplicaciones en estadios V4 o V6. “El azufre le da un escalón de rendimiento”, aseguró.