El asesino silencioso: seis de cada diez hipertensos no saben que tienen la enfermedad

“Que te sientas bien no significa que la presión esté bien”. La frase de Miguel Schiavone, jefe de la Unidad de Hipertensión Arterial, Cardiometabolismo y Dislipemia del Hospital Británico, resume uno de los mayores desafíos de salud pública del mundo: millones de personas conviven durante años con hipertensión arterial sin saberlo. Una enfermedad que, en la actualidad, sigue siendo un asesino silencioso.La advertencia cobra relevancia a partir de un estudio publicado ayer en la revista BMJ Public Health, que analizó datos de 1,4 millones de adultos en Inglaterra y concluyó que el 58,8% de quienes tenían hipertensión desconocían su condición. En total, el 37,2% de los participantes presentaba presión arterial elevada.El trabajo fue realizado por los investigadores Wenyu Liu, Jennifer Collister, Thomas Littlejohns, Iain Turnbull, Robert Clarke y David Hunter, vinculados principalmente al Nuffield Department of Population Health de la Universidad de Oxford, en colaboración con la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard. Los autores analizaron registros correspondientes a 1,4 millones de adultos mayores de 18 años incorporados al programa británico Our Future Health entre 2022 y 2025. Según explicaron, el objetivo fue medir la prevalencia, detección, tratamiento y control de la hipertensión arterial en Inglaterra.Para analizar la magnitud del fenómeno, LA NACION consultó a dos referentes argentinos en la materia: Oscar Mendiz, director del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, y Schiavone. Ambos coincidieron en que los resultados son consistentes con lo que se observa desde hace años en la práctica clínica y en los estudios poblacionales realizados en la Argentina.“No me sorprende ese número y, de hecho, es consistente con lo que vemos habitualmente en la práctica clínica”, sostuvo Schiavone. El especialista recordó que investigaciones nacionales previas, como los estudios Renata I y Renata II, ya habían mostrado un escenario similar. “La tasa y la prevalencia de hipertensión arterial han crecido a lo largo de estos años y probablemente continúen creciendo”, agregó.Según explicó, lo verdaderamente preocupante no es únicamente la cantidad de personas afectadas, sino la magnitud del subdiagnóstico. “La hipertensión tiene una característica particular que puede evolucionar durante años sin producir síntomas”, señaló. Por esa razón, una persona puede sentirse perfectamente sana y, sin embargo, tener valores elevados de presión arterial de manera persistente.La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular del mundo. Está asociada a infartos, accidentes cerebrovasculares (ACV), insuficiencia cardíaca, enfermedad renal crónica y daños en distintos territorios arteriales. Sin embargo, a diferencia de otras enfermedades, muchas veces no provoca señales de alarma evidentes.Para Mendiz, una parte importante del problema tiene relación con cambios profundos en el estilo de vida. “La problemática se centra en la alimentación, la pandemia de obesidad y el sedentarismo por la vida laboral actual, sobre todo en las grandes urbes”, explicó. A eso se suman, dijo, la falta de controles preventivos y las dificultades de acceso al sistema de salud que todavía afectan a un sector de la población.“Muchos no están diagnosticados. Muchos no están bien controlados”, resumió el especialista de la Fundación Favaloro. Incluso, agregó, existe un grupo minoritario de pacientes que, pese a recibir tratamiento adecuado, no logra controlar la presión arterial y requiere estrategias más complejas. Entre ellas mencionó la denervación de las arterias renales mediante cateterismo, una técnica reservada para casos seleccionados.Qué dice el paperLos investigadores encontraron además que la enfermedad era considerablemente más frecuente en los hombres que en las mujeres (41,9% frente a 28,6%) y que la prevalencia aumentaba de forma marcada con la edad. En los mayores de 80 años, alcanzaba al 73% de los hombres y al 69% de las mujeres. En las conclusiones, los autores advirtieron que, pese a la elevada carga de enfermedad, “58,8% de los individuos con hipertensión permanecían sin diagnosticar”.Además remarcaron que “la prevalencia siguió siendo sustancial en todos los subgrupos de la población”, lo que, a su criterio, refuerza la necesidad de ampliar las estrategias de detección temprana.Sin embargo, el dato que más llamó la atención fue la cantidad de individuos que desconocían su condición. Para Schiavone, allí aparece una de las grandes paradojas de la hipertensión.“Tenemos una enfermedad de muy alta prevalencia, con una elevada morbilidad y mortalidad, cuyo diagnóstico requiere un procedimiento sencillo”, explicó. Medir la presión arterial puede realizarse en pocos minutos y con equipamiento ampliamente disponible. Aun así, millones de personas permanecen sin diagnosticar.El especialista atribuye esta realidad a varios factores. Por un lado, al carácter silencioso de la enfermedad. Por otro, a una tendencia frecuente entre las personas: acudir al médico cuando aparece un problema y no cuando se sienten bien.“La gente no concurre habitualmente a los controles periódicos de salud cuando se siente bien”, señaló. Y agregó que también existe un desafío desde los propios sistemas sanitarios, que deberían desarrollar estrategias más eficaces para convocar a la población y fomentar los controles preventivos.El daño que produce la hipertensión suele acumularse con el paso de los años. La presión elevada lesiona progresivamente las paredes arteriales y termina afectando órganos fundamentales.En el corazón, ese daño puede derivar en infartos, deterioro de la función ventricular e insuficiencia cardíaca. En el cerebro aumenta el riesgo de accidentes cerebrovasculares (ACV) isquémicos y hemorrágicos. En los riñones puede conducir a insuficiencia renal avanzada y necesidad de diálisis.El impacto excede al paciente individual. Los especialistas remarcan que las complicaciones cardiovasculares generan una enorme carga sanitaria, económica y social.Mendiz también recordó que la hipertensión es una de las principales responsables de la enfermedad arterial que posteriormente desemboca en infartos, ACV y patología vascular en distintos territorios del organismo.Tanto Mendiz como Schiavone coinciden en que la medición de la presión arterial debería formar parte de los controles periódicos habituales, incluso en personas que se consideran saludables.“No hay que esperar síntomas para medir la presión arterial”, enfatizó Schiavone.Según la orientación de Mendiz, una persona joven, menor de 40 años y sin factores de riesgo, podría controlarse una vez por año si los valores son normales. A partir de los 40 años, especialmente si existen antecedentes familiares u obesidad, recomienda hacerlo cada seis meses.En mayores de 50 años, el especialista considera razonable realizar controles al menos cada seis meses.“Hay que tomarse la tensión arterial en todas las personas”, planteó Mendiz. Y agregó que los controles periódicos resultan especialmente importantes a medida que aumenta la edad y aparecen factores de riesgo cardiovasculares.Para Schiavone, el mensaje principal sigue siendo el mismo: el control periódico es fundamental porque la mayoría de los pacientes no presenta síntomas hasta que el daño ya está instalado.Por eso eligió una frase sencilla para resumir la importancia de la prevención: “Que te sientas bien no significa que la presión esté bien”. Y concluyó: “Medirte la presión arterial lleva unos minutos y puede permitir detectar a tiempo un problema que, si pasa muchos años sin tratarse, puede aumentar el riesgo de infarto, de ACV y de enfermedad renal”.

Fuente: La Nación