La batalla por el voto evangélico: por qué Lula aún puede disputarle a Flavio Bolsonaro un bastión clave

SAN PABLO.– “Tal vez su hija empezó la universidad, o su hijo se cambió a una escuela diferente, y ahora traen ideas locas a la casa que pueden destruir su familia. Ese es el diablo queriendo entrar a su hogar. Rece conmigo y dígale al diablo: ¡Aquí no, no entrarán hoy!”, vocifera un pastor en el Templo de Salomón de San Pablo, sede mundial de la evangelista Iglesia Universal del Reino de Dios, en un evento del jueves por la noche al que asistió LA NACION.En la reunión, titulada “Terapia del Amor”, alrededor de 2000 personas levantan las manos en claro fervor religioso y cumplen con el pedido.En una elección en la que los principales candidatos aparecen prácticamente en un empate técnico y en un país que conoce bien la importancia del voto evangélico, tanto el actual presidente de Brasil y candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva, como el senador y representante del Partido Liberal (PL), Flavio Bolsonaro, se disputan aquel sector, que podría resultar clave para los comicios del próximo domingo.Según una última encuesta de Datafolha publicada el jueves, el hijo del expresidente condenado por intento de golpe de Estado oscila entre un 47% y un 52% de intención de voto entre los evangelistas, mientras que el líder de izquierda consigue un 26% del apoyo.Pero a medida que los brasileños rechazan cada vez más los intentos de influencia política directa por parte de sus pastores y que entran en juego factores ajenos a la religión como la raza, el género y el nivel socioeconómico, la disputa por el voto evangelista resulta más abierta de lo que parece.La discreta influencia de los pastoresLa historia política de los grupos evangelistas en Brasil no es nueva, y desde su irrupción en la escena en los años 80, el sector ha conseguido no sólo influenciar en las elecciones sino también una representación política supra partidaria en el Congreso en la forma del Frente Parlamentario Evangélico (FPE).Según los expertos consultados por LA NACION, antes era habitual que los pastores utilizaran los espacios de sus iglesias para presentar directamente a sus candidatos oficiales durante los ritos religiosos y para distribuir material de campaña en los propios templos.Sin embargo, a medida que los tribunales brasileños empezaron a considerar la instrumentalización de la fe en las iglesias como un abuso de poder político y económico y fueron cerrando el cerco legal de acción de los pastores, estos pasaron a buscar influir en sus fieles de formas más discretas. Hoy en día, los líderes religiosos “se alejan de la lógica de las candidaturas oficiales de la Iglesia y pasan a apoyar a candidatos que defienden ideas, valores y costumbres capaces de movilizar a sus fieles, como la defensa de la familia tradicional, el rechazo a las agendas feministas y a favor de la diversidad de género, y la defensa de la libertad religiosa”, dijo a LA NACION Cleto Junior Pinto de Abreu, doctor en Sociología por la Universidad de San Pablo (USP) y miembro del Núcleo de Religiones en el Mundo Contemporáneo del Cebrap.Según el experto, el cambio en la forma en que se ejerce la influencia hace que los líderes religiosos eviten mencionar explícitamente una figura política favorita, pero ayuden a vincular ciertas candidaturas con una identidad compartida, haciendo hincapié en ideas como la guerra espiritual y la teología del dominio.Esta nueva forma de aproximación responde también al rechazo por parte de los brasileños del intento de influencia sobre sus elecciones partidarias en los espacios religiosos. Según datos de la investigación “Religión y vida pública en Brasil” publicada en septiembre por el Instituto de Estudios de la Religión (ISER), el 82% de los encuestados desaprueba que se discuta de política en las iglesias, el 83% que se indique a quién votar y el 90% las campañas de candidatos en las comunidades religiosas.En ningún momento de las casi dos horas que estuvo presente LA NACION en el evento del jueves el pastor hizo referencia ni a las elecciones inminentes ni a la campaña de ninguno de los candidatos. No obstante, se multiplicaron los pedidos por mantener a la familia unida, las demonizaciones del divorcio y el rechazo a ideas “extrañas” o “diferentes”.Según Abreu, a pesar de la resistencia de algunos fieles y grupos minoritarios dentro del evangelismo, este tipo de discursos hace que exista efectivamente una mayor inclinación de este electorado a votar por candidatos conservadores y de derecha.“Eso no significa que los líderes puedan determinar automáticamente el voto de los fieles, sino que contribuyen a orientar las cuestiones, los valores y las identidades a partir de los cuales se toman esas decisiones”, explicó el experto.A la salida del templo, Alessandro, de alrededor de 45 años, se mostró muy convencido de su voto en diálogo con LA NACION.“¡Va a ganar Bolsonaro! Si el que tenemos en el gobierno es un bruto que no sirve para nada. Ya con el papá estábamos mejor, ahora tiene que ganar Flavio, que es un hombre de familia, un hombre decente”, dijo al ser consultado por su preferencia para el domingo.La disputa por el voto evangelistaEn la recta final de las campañas, la disputa por los votos religiosos se ubicó en el centro de la escena cuando circuló la versión de que Flavio, él mismo evangélico, pretendía sacar el título de patrona de Brasil a uno de los principales símbolos del catolicismo en el país, Nossa Senhora Aparecida (Nuestra Señora Aparecida).Aunque rápidamente el candidato del PL salió a rechazar esa versión, y el propio Lula aprovechó sus actos de campaña para asegurar que en un eventual cuarto mandato la figura mantendría su estatus privilegiado, el incidente demuestra cuán presente está en la campaña de ambos el factor religioso y la dicotomía entre evangelistas y católicos.En principio, los expertos consultados por LA NACION coinciden en que Lula y el PT se hacen fuertes en el catolicismo y tienen dificultades para avanzar en el segmento evangelista, mientras que la familia Bolsonaro tiene su bastión dentro de este último sector.No obstante, todos matizan la asociación directa de una profesión religiosa y la preferencia por un candidato, así como la homogeneidad en el voto de cualquiera de las dos identidades religiosas.“Los evangélicos no están separados de la vida nacional, por lo que el tema de la seguridad, entre otros, es una de los factores que inciden. Cuando además cruzamos distintas variables en las encuestas vemos, por ejemplo, que entre los evangélicos negros el apoyo a Lula es mayor que entre los evangélicos blancos”, dijo a LA NACION Clemir Fernandes, sociólogo y director de articulación del ISER.El experto explicó así que la forma en la que los votantes evalúen las propuestas y políticas respecto de los temas más importantes para el electorado –según un sondeo de la consultora Quaest del mes pasado la seguridad, la economía, la salud y la corrupción– , influirá en su voto independientemente de su profesión religiosa.Por otra parte, Fernandes señaló que otros factores como la raza, la pertenencia a un sector socioeconómico, el género o la región muchas veces tienen más incidencia en el voto que la religión.En ese sentido, quizá la mayor apuesta del gobierno de Lula por conseguir el favor de los evangelistas haya pasado por una serie reciente de medidas de alto impacto político, como el aumento anunciado hace dos semanas del principal programa de ayuda social, la Bolsa Familia, o una nueva fase del programa de renegociación de deuda Desenrola.En la misma línea, los datos de la investigación del ISER muestran que el 90% de la población brasileña está de acuerdo en que las apuestas online generan adicción y destruyen a las familias, por lo que la reciente prohibición y búsqueda de criminalización del sector por parte del gobierno del PT podría probar ser beneficioso para su desempeño en las elecciones.La relación con los BolsonaroAl mismo tiempo, la preferencia del evangelismo por la familia Bolsonaro podría verse afectada, en parte, por la selección de Flavio como candidato. Según dijo a LA NACION Juliano Spyer, antropólogo brasileño especializado en el cristianismo evangélico, el hijo mayor del expresidente “no es un nombre respetado por los pastores de las grandes denominaciones, y no tiene la cercanía ni la familiaridad con la fe que tiene, por ejemplo, Michelle Bolsonaro”, política brasileña y esposa de Jair Bolsonaro.En este sentido, el experto explicó que incluso el vínculo del sector con el propio Bolsonaro padre no era directo sino vía intermediarios, “en especial, con el pastor Silas Malafaia, como intermediario político con otras figuras nacionales vinculadas a la misma fe, y con Michelle, en la relación con el creyente común a través de internet y, especialmente, con las mujeres”. Esta posibilidad de escisión entre los Bolsonaro y el evangelismo queda aún más clara cuando miramos la forma en la que ha oscilado el apoyo partidario de este sector religioso a lo largo de la historia.En 1989, en su primera disputa por la presidencia, Lula fue objeto de la demonización y del rechazo de los pastores pentecostales. El escenario cambió con la victoria presidencial del líder del PT en 2002, cuando obtuvo el apoyo de importantes líderes religiosos del evangelismo.El mandatario de izquierda mantuvo aquel respaldo durante sus dos primeros gobiernos, aunque empezó a desestabilizarse a lo largo de la década de 2000, proceso que se intensificó a partir de la elección de Dilma Rousseff en 2010.A partir de allí, el evangelismo empezó a virar hacia otros sectores y terminó siendo decisivo en la elección de Jair Bolsonaro en 2018. Así, según los expertos, el apoyo del sector a Lula durante sus primeros mandatos debe entenderse como una decisión pragmática y no como una apuesta ideológica. Razón por la cual un experto como Abreu puede creer que el hijo mayor del clan Bolsonaro aún puede tener fe.“Para estos sectores, la elección de [Jair] Bolsonaro representó un avance en lo que entien

Fuente: La Nación