Lucía Vastik, piloto por legado, aeroaplicadora por elección y pasión: “La vida me puso a tres metros del piso”

Es tercera generación de pilotos en la familia sólo que su abuelo y su padre lo hacían como un hobby. Ella, que adquirió la pasión de volar desde niña, lo hizo profesión y una forma de ganarse “el mango”. En otra linda historia de El podcast de tu vida, Lucía Vastik, piloto aeroaplicadora (de las pocas… pocas en serio, contadas con los dedos de la mano) que hay en Argentina, cuenta su historia, sus desafíos y deja un mensaje: “Mi desafío es me, si me van a contratar, vean un piloto y no una mujer”. 
Al estilo de esta sección, además de su historia, también, en el pingpong fuera del surco (podríamos también decir, fuera del hangar), hablamos de música, series y películas, viajes en el tiempo, cocina y hobbies varios. 

-¿Piloto o pilota?
-Siempre me dijeron piloto. A mí me da exactamente lo mismo. Creo que la diferencia va más allá de una palabra, se genera con las acciones, con inclusión laboral. No me molesta que me digan como quieran. Yo me nombro como piloto aeroaplicadora, porque para mí queda mejor… sólo por eso. Pero que me digan como quieran. 
-Volemos imaginariamente a tu infancia, ¿dónde fue? ¿Haciendo qué? ¿Qué hacían tus viejos?
-Me crié en Córdoba capital, cerca del centro de la ciudad. Mi mamá analista en sistemas, mi papá técnico. Una infancia muy divertida, muchos juegos con mis hermanas y vecinas. Muchas macanas (se ríe). Pero sobre todo recuerdo ser una niña aventurera, curiosa, de muchas tardes y fines de semana en el club de planeadores. 

-¿Ese vínculo con los aviones viene de tu abuelo?
-Si, mi abuelo fue piloto de planeador y remolcaba planeadores. Luego mi papá hizo lo mismo. Y nos llevaba a pasar el fin de semana y los veranos al aeroclub. Asique un poco fue algo heredado, pero a medida que iba creciendo tenía más ganas de entender sobre el tema y dedicarme a ser profesional algo que en mi familia ninguno había hecho. Para ellos era un hobby. Yo tomé el camino de hacerme una carrera volando. 
-¿Te acordás las sensaciones de tu primer vuelo?
-Es difícil, porque tenía 4 años y ya lo acompañaba a mi papá. De eso no me acuerdo mucho. Pero sí, siempre me acuerdo de la primera vez que me dijo “agarrá los comandos”, o cuando me motivó para hacer alguna acrobacia con el planeador. ¡Era como una montaña rusa para mí! Son registros muy lindos que te quedan para siempre. 

-Sos la primera mujer aeroaplicadora de la provincia de Córdoba y de las pocas que hay en Argentina. ¿Cómo fue tu primer laburo como aeroaplicadora?
-Eso sí me acuerdo. A fines de 2022, fue un gran desafío. Hoy miro para atrás y mi primer lote no fue un lote fácil. Fue un lote en la montaña, cuando uno vuela en altura la performance del avión no es tan buena como en el llano, era sobre un pivote, con obstáculos, cables, yo estaba aprendiendo a usar el banderillero. Me sentí presionada de tener que aprovechar la primera oportunidad, porque no es fácil que le den un avión a alguien que no tiene experiencia. Pero bueno, me la banqué, creo que hice un buen trabajo. Era un lote que desafiaba incluso a alguien con experiencia. Yo hoy, si me preguntás, a un piloto sin experiencia, le hubiera dado un lote más simple. Pero a la vez me enorgullece haberlo hecho bien. 
-¿Qué tecnologías tienen hoy pensando en hacer una aplicación correcta del producto?
–Cada vez tenemos más tecnología y recursos para hacer una buena aplicación. Porque no es lo mismo pulverizar que aplicar y que el producto llegue al objetivo. Algunas te ayudan a calibrar el equipo, las BPAs, hoy hay muchas jornadas en las que podés capacitarte. Además de saber bien qué mezcla vas a hacer y tarjetear, o analizar el agua para ver el pH y cómo se va a comportar en contacto con los productos. Además, el mismo avión tiene buenos banderilleros, de gran precisión, y los picos son cada vez mejores. 

-Es una actividad que requiere una concentración extrema, porque no sólo volás sino que estás aplicando un producto.  Y encima van muy cerca del cultivo. 
-Si. Las aplicaciones de producto son a entre 1 y 3 metros del cultivo. Las siembras aéreas más alto así dispersa mejor. Uno es aplicador pero también piloto. Tenés que cuidar lo mecánico, lo meteorológico, no estar enfermo, ni cansado, ni estresado. A veces empezás a volar 5 de la mañana y es la una del mediodía y seguís. Y es importante reconocer los riesgos de eso. No hay una automatización en el trabajo, sino que creo que estar bien presente en todo, tanto en la aplicación del producto como en la operación de la máquina. Porque en la automatización viene el moco. 
-¿Cómo te ha ido siendo mujer piloto?
-He tenido buenas y malas experiencias. Personalmente, lo único que encuentro desafiante es insertarme laboralmente. Muchas veces no es por una discriminación, sino que a veces es una empresa más chica, y no tienen estructura para recibir una mujer. Por ejemplo, a veces el piloto comparte habitación con los de apoyo en tierra y eso termina siendo un problema al momento de contratarte. Eso me pasó mucho. También me ha pasado que me digan que no por ser mujer lo cual me sorprende mucho, pero también me pasó de tener experiencias con gente increíble, super respetuosa, como donde trabajo ahora, que te reconocen como profesional, más allá de ser mujer o no. Reconozco que ha sido un desafío muchas veces, pero el no ya lo tengo, asique sigo insistiendo. Alguien va a ver un piloto atrás mío y no una mujer. 

-Si, porque si te contrata, va a contratar un piloto, no una mujer o un hombre…
-También es cierto que es algo muy nuevo. Hemos sido durante mucho tiempo sólo tres las aplicadoras en todo el país. Yo me metí en combate de incendios y fui la única mujer en el país que lo hizo. Después la vida me volvió a poner a tres metros del suelo como aeroaplicadora. Pero bueno, queda camino por recorrer. Y me encanta. 
-Hace un tiempo creaste Ala Regia, creaciones con altura, donde venden ropa, llaveros, lámparas, y diseños que tienen que ver con volar. 
-De chica quería tener una tienda aeronáutica que no sea el típico “pilot-shop”, que hay muchos de eso. Yo quería tener algo en lo que pueda crear lo que se me ocurra. Y se dio que a fines del año pasado para poder hacerlo. No tanto desde lo comercial sino para despuntar mi capacidad creativa. Ser yo misma, una mujer piloto. Entonces empecé a crear prendas para hombres y mujeres, con más acento en lo femenino, que quizás no se encuentra mucho en el mercado. 





-¿Cómo te va con las ventas?
-Y… Somos pocas las mujeres que estamos en esta. Pero casi todas las pocas que somos han comprado. Que se yo, lo encuentro liberador y creativo. 
-¿Y el nombre?
-Ala Regia es una mezcla entre “vuelo, fuerza y elegancia”. Además, es corto. Es Ala Regia atelier, que me da la sensación de taller, algo personalizado. 
-¿Qué es lo que más te gusta de lo que hacés hoy?
-Cuando abro los ojos y me toca hacer un lote. Te despertás a las 4-5 de la mañana, está todo en silencio… No importa qué cultivo sea, me da lo mismo. A mí me gusta volar. Salir a laburar, volar, me cambia totalmente el día. 
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-¿Los pilotos desarrollan una conexión especial con el avión con el que trabajan?
-No necesariamente espiritual, pero sí uno se va encariñando con el avión con el que trabaja y le conoce sus mañas. A medida que le hacés más horas le conocés sus particularidades y es muy lindo. Capaz pasa un tiempo, volás otro y hablás con otro piloto y al otro le pasó lo mismo, y es lindo. 
-¿Cómo despejás tu cabeza? ¿Tenés algún hobby? ¿Qué te desenchufa?
-Tengo un montón de hobbies. Para desenchufar mi cabeza, depende el día que haya tenido, trato de estuchar mi cuerpo y ver qué hago. No es lo mismo tener un día en el que estuviste todo el tiempo pensando a full y desconecto mirando una serie tonta que me haga reír. Y otro día estuve muy exigida físicamente y me desconecto tomando un te de tilo y probablemente haga algo de yoga. Disfruto también escuchar música, leer, hacer deporte. 
-¿Qué deporte hacés?
-Me encanta hacer actividad física, siento que lo necesito. Actualmente con unas amigas estamos jugando al fútbol, muy novatas, nos pegamos más entre nosotras que a la pelota, pero corremos, descargamos. Y además hago musculación en el gimnasio, yoga, y cuando puedo danza. 

-¿Qué tal te va en la cocina?
-Mas o menos. Con lo salado me defiendo bastante, mi papá cocina espectacular y creo que tomé algo de él. No como él, pero un 8. En postres soy un desastre, pero tengo mi club de fan de mi tiramisú. Y budín de pan le hago a mi viejo. Ese es todo mi repertorio. Con eso voy a la guerra.  
-¿Series y películas? ¿Por dónde vas?
-Antes veía más. El cine me gusta, pero hoy no tengo mucho tiempo. Actualmente miro series tontas para distraerme. La última que vi fue “Esposas desesperadas”. 
-¿Libros?
-Hay una autora que se llama Pinkola Estés, he leído algunos libros de ella, me encanta. Ahora estoy leyendo uno que se llama “El baile de las mujeres sabias”. (N de la R: también escribió “Mujeres que corren con los lobos”, entre otros). 
Le dijeron “de tractores no voy a hablar con una mujer”, pero la salteña Adriana Godoy sólo profundizó sus conocimientos, hasta convertirse en referente de mecanización agrícola en el INTA

-¿Música? ¿Por dónde vas?
-Uf… de todo. Desde Enia, hasta “Queen of the stone age”, “Foo Fighters”. Me encanta ir a conciertos, la música en vivo. Fui a ver a Miley Cyrus, Shakira, a los Foo Fighters. Me gusta también la chacarera. Me encanta estar en el campo y que pongan la radio y suene, una chacarera. Genial. 
-¿Qué talento nuevo elegirías si frente frente a una biblioteca imaginaria de talentos? 
-Algo que me gustaría poder hacer es cantar bien, que la gente diga, qué bonito que canta. Ojo, no para un concierto, más para algo familiar, fogón, guitarra. 
-Imaginate que la Lucía que de hoy se encuentra con la que estaba empezando este camino. ¿Qué recomendación o sugerencia le diría?
-Le diría que esta

Fuente: Bichos de Campo