Según un especialista: cómo impactan la postergación de la maternidad, el estrés y la salud masculina en la fertilidad

La reproducción asistida cambió de manera radical en las últimas décadas, pero al mismo tiempo enfrenta nuevos desafíos. La maternidad y la paternidad se postergan, aparecen mujeres jóvenes con dudas sobre su reserva ovárica y el factor masculino todavía suele quedar en un segundo plano. En paralelo, persisten interrogantes sobre cuánto pueden influir el estrés, el ambiente o determinados hábitos en la fertilidad.¿Conviene empezar a ocuparse de la fertilidad aunque todavía no se busque un embarazo? ¿Tiene sentido que una mujer de 28 o 30 años estudie su reserva ovárica? Para Agustín Pasqualini, experto en medicina reproductiva y presidente del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva (SAMeR), una de las claves está en diferenciar la prevención de la medicalización. Ese equilibrio cobra especial relevancia en un escenario en el que muchas personas deciden tener hijos más tarde. En esos casos, Pasqualini resalta la importancia del asesoramiento, no para indicar cuándo alguien debería ser madre o padre, sino para que las personas puedan tomar decisiones con información sobre el impacto del paso del tiempo en la fertilidad. Pasqualini habló con LA NACION en la previa del congreso organizado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), que se realizó del 16 al 18 de septiembre pasado y tuvo como invitada de honor a Louise Brown, que nació en 1978 y fue la primera persona nacida mediante fertilización in vitro. —¿Cambiaron los pacientes que llegan a consultar?—Sí. Hoy se mezcla la medicina con un fenómeno social muy importante, que es la postergación de la maternidad y la paternidad. Mucha gente no quiere tener hijos a los 28 o 30 años, pero eso no significa necesariamente que haya decidido no tenerlos. Tal vez quiere ser madre o padre más adelante. Y ahí creo que tenemos mucho trabajo por hacer desde el asesoramiento. No se trata de decirle a alguien cuándo tiene que tener hijos, sino de que tenga información para poder tomar sus decisiones.—¿Una mujer joven debería conocer su reserva ovárica aunque todavía no esté buscando un embarazo?—Es un tema que se discute mucho. No creo que haya que enfermar a gente sana pidiendo estudios indiscriminadamente. Pero tampoco podemos saber con certeza cómo va a evolucionar la reserva ovárica de una mujer. Nosotros vemos mujeres de 30 años que tienen una reserva baja, algo que uno esperaría encontrar con mayor frecuencia a edades más avanzadas. Entonces hay que encontrar un equilibrio. Más que hablar necesariamente de un screening universal de reserva ovárica, yo hablaría de asesoramiento universal.—¿Qué significa ese asesoramiento?—Sentarse con una mujer, por ejemplo, de 28 años, y explicarle: “Estás en un momento de alta fertilidad. Existe la posibilidad de evaluar tu reserva ovárica, pero este estudio también tiene implicancias”. Porque no es simplemente sacarse sangre y mirar un número. Si el resultado da bajo, eso puede generar preocupación y hay que saber qué hacer con esa información. Son estudios que requieren una conversación previa. La persona tiene que entender qué puede encontrar y decidir si quiere saberlo. Hoy la medicina reproductiva tiene muchísimo de decisión compartida entre médico y paciente.—Cuando se habla de infertilidad, muchas veces el foco queda puesto en la mujer. ¿Qué peso tiene el factor masculino?—Muchísimo. Clásicamente se habla de una distribución aproximada en tercios: un tercio de los casos asociados principalmente a factores femeninos, otro a factores masculinos y otro a una combinación de ambos. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos del hombre. Y es importante evaluarlo porque existen múltiples factores que pueden alterar la calidad seminal.—¿Cuáles son algunos de esos factores?—Hay medicamentos que pueden afectar el semen en algunos hombres y en otros no. También existen determinadas exposiciones laborales. Los testículos están fuera del cuerpo porque funcionan a una temperatura menor; por eso, trabajos con exposición frecuente a altas temperaturas pueden ser un factor de riesgo. También se estudian determinadas situaciones laborales que implican pasar muchas horas sentado. Eso no significa que a toda persona expuesta le vaya a ocurrir algo, pero son antecedentes que vale la pena analizar.—¿También importa lo que ocurrió durante la infancia?—Sí. Hay antecedentes vinculados con los testículos o los genitales durante la infancia que pueden repercutir después. Por ejemplo, pacientes que tuvieron problemas con el descenso testicular y fueron operados, o situaciones que quizás no fueron tratadas. Por eso, cuando existe algún antecedente de ese tipo, está bueno mencionarlo en la consulta. Además, la evaluación inicial del hombre es relativamente sencilla: el espermograma nos permite obtener mucha información.—¿Qué lugar ocupa el estrés en los problemas de fertilidad?—El estrés existe y es importante, pero es muy difícil medir cuánto modifica concretamente las probabilidades de embarazo. También es difícil aislarlo del resto de los factores. Lo que sí sabemos es que un tratamiento de reproducción asistida ya puede ser estresante por sí mismo. Entonces, nuestro objetivo es que la persona o la pareja tenga la menor carga adicional posible y pueda transitar el proceso de la mejor manera.—Está muy instalada esa idea de que alguien “se relajó y quedó embarazada”. ¿Qué hay de cierto?—Es algo que escuchamos todo el tiempo. `Dejó de pensar en eso, se fue de viaje, abandonó el tratamiento y quedó embarazada´; o tuvo un primer hijo después de un tratamiento y el segundo llegó espontáneamente. Esas historias existen. El problema es trasladarlas como recomendación médica. Cuando una mujer viene a consultar, yo no puedo decirle simplemente “relajate y esperemos, capaz viene solo”, porque el tiempo también cuenta. Y, desde el punto de vista reproductivo, puede ser uno de nuestros principales enemigos. Hay muchas cosas sobre las que podemos intervenir; sobre el paso del tiempo biológico, no.—¿Cuánto cambiaron las técnicas de reproducción asistida desde el nacimiento de Louise Brown?—Muchísimo. El nacimiento de Louise fue prácticamente el nacimiento de la especialidad. Hoy tenemos, simplificando, dos grandes maneras de fertilizar un óvulo. Una es la fertilización in vitro convencional, que consiste en colocar el óvulo junto con espermatozoides en condiciones de laboratorio para que ocurra la fecundación. La otra es el ICSI, una técnica posterior en la que se introduce un espermatozoide directamente dentro del óvulo. Louise nació a partir de la primera técnica. El ICSI apareció muchos años después y fue otro hito muy importante.—¿Por qué fue tan importante la aparición del ICSI?—Porque permitió tratar situaciones que antes tenían muchas menos alternativas, especialmente los factores masculinos severos. Con la fertilización in vitro convencional necesitás una determinada cantidad y calidad de espermatozoides para que puedan fertilizar el óvulo. Había hombres cuya muestra no alcanzaba y muchas parejas debían recurrir a semen de banco. El ICSI permitió seleccionar un espermatozoide e introducirlo en el óvulo. Eso abrió una posibilidad para muchísimas parejas que antes no la tenían.

Fuente: La Nación