Ataque a machetazos en Rafael Castillo: el agresor libre, una madre y su hija que temen por sus vidas y un barrio atravesado por la violencia narco

La madre y su hija atacadas a machetazos en el barrio El Porvenir, en Rafael Castillo, partido de La Matanza, aseguran sentirse “abandonadas” por la policía luego de que el agresor recuperara la libertad en pocas horas y permanecer “aterradas” ante posibles represalias. Denuncian que el hombre les hizo llegar amenazas de muerte y ahora desconocen su paradero, aunque varios testigos ya lo han visto merodeando nuevamente por la zona.Las víctimas aseguraron que, pese a haber radicado la denuncia, no recibieron asistencia de las autoridades y describieron una sanguinaria realidad en la zona, a la que calificaron como “tierra de nadie”, un enclave atravesado por la violencia narco. “Lo único que sabemos es que este tipo ahora está fugado”, afirmó Natasha, la madre, en diálogo con LA NACION. Sin embargo, remarcó que en las últimas horas fueron advertidas de que “anoche lo vieron andando en bicicleta con el machete como si nada hubiese pasado”. En consecuencia, la mujer cuestionó la actuación policial y aseguró que tanto ella como su hija quedaron expuestas a posibles venganzas. “La policía no está protegiéndonos y desde el Municipio nunca se comunicaron con nosotras. Estamos librados al azar”, denunció.Un hombre ataco a machetazos a una mujer y su hija en La Matanza y quedo libreEl temor se profundizó después de que el atacante, identificado como Alejandro Richard Medina, alias “Ale Guerra”, fuera detenido tras el episodio y luego recuperara la libertad. El ataque ocurrió pasada la medianoche del sábado, cuando Natasha y su hija esperaban un vehículo de aplicación en el barrio. “Eran las doce y veinte de la noche y estábamos esperando un DiDi. Cuando el auto se paró para preguntar la dirección, este hombre, fuera de sí, se acercó y comenzó a atacarlo a machetazos”, relató la mujer.El conductor logró escapar, pero el agresor se dirigió entonces hacia ellas. La joven se interpuso para proteger a su madre y recibió un machetazo en el hombro que le produjo una lesión, aunque ella se encuentra fuera de peligro. “Mi hija se puso delante mío para defenderme y recibió el impacto. Le pegó con el machete en el hombro y le provocó un corte, mientras que a mí me pegó en la cintura. No nos arruinó porque el machete estaba desafilado”, contó.La secuencia quedó parcialmente registrada por una cámara de seguridad. En las imágenes se observa al hombre avanzar contra las mujeres, que lograron refugiarse en una pizzería. Hasta allí las persiguió, momento en el cual varios vecinos intervinieron para protegerlas y repeler al atacante.“Nos refugiamos en una pizzería del barrio, hasta donde nos persiguió este tipo, que estaba ‘sacado’. Ahí nos defendieron los vecinos y la gente que estaba en el comercio, que lograron que se alejara”, relató. Poco después llegó un patrullero. Medina escapó y arrojó el machete, que —remarcaron las víctimas— fue recogido por el marido de la dueña del comercio y entregado a la policía como evidencia.Según Natasha, el ataque contra ellas habría ocurrido después de otro episodio de violencia, en un raid cometido bajo el aparente efecto del consumo de estupefacientes. “Antes se había metido en una casa y golpeado a un chico discapacitado; terminó siendo agredido. De hecho, lo primero que hizo la policía fue trasladarlo al hospital”, afirmó con indignación Natasha, que recordó, entre los antecedentes de Medina, que “hace un tiempo atacó a mazazos en la cabeza a otro vecino”.Después de la agresión, las personas damnificadas se dirigieron a la Comisaría La Matanza Sur 2 - González Catán para realizar la denuncia. Allí, según Natasha, las tres familias afectadas por los distintos episodios terminaron con la sensación de haber quedado desamparadas. “Nos presentamos las tres familias agredidas para denunciar lo ocurrido en la comisaría de Catán, pero sentimos que nos terminaron haciendo pagar a nosotros las consecuencias. Apenas nos tomaron los datos, no nos contuvieron y nos hicieron firmar un papel arriba de la butaca de una moto y nada más”, denunció. La posterior liberación de Medina y las amenazas a través de mensajes que, alertaron, les hizo llegar terminaron de instalar el miedo. Ahora, además de las heridas físicas provocadas durante el ataque, Natasha y su hija enfrentan la incertidumbre sobre el paradero del hombre que las agredió. “Estamos aterradas y totalmente desprotegidas”, reiteró con angustia la mujer. Un barrio postergadoEl brutal episodio, según el relato de las víctimas, se produjo en un contexto de extrema violencia en el barrio El Porvenir, al que sus habitantes describen como una “tierra de nadie”. El paisaje está marcado por la falta de oportunidades, la penetración del crimen organizado y la cruda realidad que atraviesa a los sectores más postergados de La Matanza. En este punto caliente del partido más populoso del conurbano —afirman— la presencia policial es casi nula y grupos vinculados al narcotráfico se disputan el control territorial.“El barrio está tomado por los ‘transas’. Ellos tienen más derechos que nosotros. Hay una guerra de bandas para ver quién maneja la venta de la droga”, afirmó Natasha. Según su relato, la violencia se cobró varias víctimas en los últimos meses, entre ellas, personas de su entorno. “La situación es cada vez peor. Hay muchos robos, gente que resulta herida, asesinatos... Hace un mes mataron a un amigo que había quedado en medio de un ataque. Estaba caminando cuando pasó un auto y comenzaron a disparar ráfagas con una ametralladora”, contó.La mujer contabilizó “más de veinte personas asesinadas” en los últimos meses y aseguró que, hace dos semanas, otro vecino que vivía frente a su casa también fue abatido. “Nosotros vivimos escondidos porque tenemos miedo de salir. Sentimos que ellos pueden hacer lo que quieren y que nosotros no tenemos protección”, sostuvo. La situación, dijo, llevó a los vecinos a movilizarse, aunque lamentó que eso no modificara el escenario del barrio. “Hicimos una marcha cuando mataron a mi amigo, pero acá nada cambia”, concluyó.

Fuente: La Nación