En el tramo final de una recorrida por la citricultura entrerriana, que Bichos de Campo realizó para mostrar la situación de los productores de mandarinas y naranjas, era necesario detenerse en Trébol Pampa. Se trata de un empaque de última generación ubicado en Concordia y dedicado principalmente a preparar fruta para exportación. Pero además allí trabaja Enrique Yelin, el actual presidente de la Cámara de Exportadores de Citrus del Noreste Argentino (CECNEA). La entidad reúne a once empresas que, en conjunto, concentran más del 90% del volumen de cítricos que salen de las provincias del litoral.
Como otros entrevistados, Yelin nos relató que la historia exportadora de la región comenzó a tomar forma durante la década de 1980. Hasta entonces, las ventas al exterior quedaban principalmente en manos de algunas grandes compañías que operaban en Concordia y luego desaparecieron. Con el regreso de la democracia, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, se promovió la formación de grupos exportadores integrados por los propios productores.
“Eran varios productores que se juntaban para formar su propia empresa y sacar una parte de la producción al exterior”, explicó Yelin.
Ese desarrollo fue posible porque, por entonces, existía un mercado interno fuerte y rentable. Las ventas locales financiaban el aprendizaje necesario para ingresar en el comercio internacional, incorporar tecnología, modernizar los empaques y renovar las plantaciones.
Entre las décadas de 1980 y 1990 llegaron al país nuevas variedades de mandarinas que respondían mejor a las demandas de los consumidores internacionales. Con el tiempo, esas innovaciones también modificaron la fruta disponible en las verdulerías argentinas.
“El mercado se fue orientando fundamentalmente hacia mandarinas fáciles de pelar, sin semillas y de buen color”, resumió el exportador.
Pero cambiar una variedad no es una decisión sencilla ni ofrece resultados inmediatos. Requiere realizar una inversión importante y esperar entre seis y siete años hasta que la nueva plantación alcance una producción suficiente para comenzar a recuperar el dinero enterrado.
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Los productores pudieron hacer ese esfuerzo porque la actividad tenía rentabilidad. Pero esa capacidad de inversión se fue perdiendo paulatinamente.
El momento de mayor expansión exportadora llegó entre 2007 y 2008, cuando la Argentina alcanzó embarques cercanos a las 170 mil toneladas de cítricos dulces. Parecía que el sector finalmente había encontrado el camino para consolidarse en el mundo.
Hoy las ventas externas de naranjas y mandarinas suman apenas unas 50 mil toneladas. De ese total, alrededor de 35 mil corresponden a mandarinas. Es decir que la Argentina exporta menos de un tercio de lo que llegó a colocar en los mercados internacionales veinte años atrás.
De la charla con Yelin queda claro que esta caída de las exportaciones tiene una consecuencia directa sobre el mercado interno: toda la fruta que no consigue salir del país termina buscando compradores dentro de la Argentina. Allí aparece una de las principales explicaciones de la denominada “crisis de la mandarina”: sobra producción y falta demanda.
Mirá la entrevista completa:
El problema, según el presidente de CECNEA, es que actualmente están deprimidos los tres destinos posibles para la fruta: la industria, el mercado interno y la exportación.
La industria elaboradora de jugos atravesó un período de precios extraordinarios hace unos años, pero luego los valores cayeron hasta niveles históricamente bajos.
El mercado interno, en tanto, está afectado por la retracción del consumo, donde las frutas -lamentablemente- forman parte de los gastos familiares que se pueden recortar.
Y las exportaciones continúan condicionadas por la pérdida de competitividad argentina.
De eso en especial hablamos con Yelin: “El eterno problema que tenemos es la falta de competitividad. Hay costos impositivos elevados, dificultades para cobrar los reintegros y recuperar el IVA, y no existe un crédito acorde con esta actividad”, enumeró el empresario.
La citricultura necesita financiamiento de largo plazo y tasas compatibles con inversiones que tardan varios años en madurar. Sin embargo, esos instrumentos escasean desde hace décadas. “Esto no sucede solamente ahora. Ocurre desde hace 30 años”, aclaró Yelin, para no caer en la política barata que responsabiliza a un gobierno y acusa a otro. El problema es más grave.
Según su análisis, la construcción exportadora pudo sostenerse inicialmente porque existía un mercado doméstico rentable que permitía financiar la incorporación de variedades, infraestructura, certificaciones y conocimientos comerciales. Pero ese soporte se fue degradando durante los últimos 20 años.
“Estas economías regionales necesitan mucha inversión y mucho capital de trabajo. Además, tienen que competir internacionalmente contra países que cuentan con costos más bajos y mejores condiciones”, afirmó el empresario.
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El reclamo adquiere una dimensión especial en Concordia, una ciudad que durante años quedó asociada a los peores indicadores de pobreza y desempleo del país. La citricultura funciona allí como una herramienta concreta para generar trabajo, porque requiere una gran cantidad de mano de obra tanto en las quintas como en los empaques.
“Acá existe una posibilidad de cambiar la situación de la ciudad y de toda la región. La gente de Concordia también viaja a cosechar a Chajarí o a Federación. Esta es una población que necesita trabajo y la citricultura puede ofrecerlo”, sostuvo Yelin.
Para recuperar la actividad, dijo, no alcanza solamente con ordenar las grandes variables económicas. También es necesario revisar los problemas específicos que traban el funcionamiento de la cadena. “Creo que depende de la micro. La dirigencia tiene que entender que acá existe la posibilidad de volver a exportar 170 mil toneladas y de incorporar 10 mil hectáreas más destinadas a producir para el exterior”, planteó.
Para Yelin, el mercado internacional tiene capacidad suficiente para absorber ese crecimiento. La participación argentina es actualmente tan pequeña que sumar otras 100 mil toneladas no alteraría de manera significativa la oferta mundial.
Una de las grandes oportunidades, según este directivo citrícola, sería finalmente lograr el ingreso de los cítricos dulces argentinos a los Estados Unidos. Se trata de una negociación sanitaria y política que lleva años sin resolverse.
En 2019, una delegación sanitaria estadounidense inspeccionó la región y, según explicó el dirigente, aprobó las condiciones para que la Argentina pudiera exportar. Desde entonces quedó pendiente la consulta pública interna que deben realizar las autoridades norteamericanas. “El trámite se trabó por una cuestión política y hasta ahora no pudo destrabarse”, lamentó.
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La resistencia provendría fundamentalmente de los productores de cítricos de California, pese a que los volúmenes argentinos representarían una proporción mínima del consumo estadounidense. Según Yelin, ese mercado paga precios diferentes y podría cambiar la ecuación económica de toda la actividad.
“Estados Unidos es hoy un país importador. Nuestro volumen no mueve ningún amperímetro, pero siempre aparece una excusa. Antes era que el gobierno argentino no tenía una buena relación con el estadounidense. Ahora la relación mejoró, pero siempre aparece un ‘pero’ que les permite ganar tiempo mientras nosotros lo perdemos”, cuestionó el fruticultor.
Para los exportadores del NEA, la apertura estadounidense debería ocupar un lugar prioritario en la agenda de negociación bilateral. Acceder a ese destino permitiría vender fruta a mejores valores y comenzar a recuperar la tracción exportadora perdida. Es lo que le plantearon días atrás al gobernador entrerriano Rogelio Frigerio, quien se comprometió a apoyar esa causa.
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Mientras transcurría la entrevista con Yelñin en el empaque de Trébol Pampa, las máquinas estaban detenidas por el descanso de media hora para el personal. Aunque luego volverían a funcionar, el silencio servía como una metáfora involuntaria del momento que atraviesa la actividad.
“La gente está muy apagada. El empresario está muy triste porque no advierte una preocupación del Gobierno nacional por esta situación. Está muy claro que se está arreglando la macro, pero se nos está cayendo la micro, sobre todo en este tipo de economías regionales”, afirmó Yelin.
Detener una cadena exportadora implica poner en riesgo capacidades que tardaron décadas en construirse. Para enviar fruta fresca al exterior se necesitan certificaciones, trazabilidad, controles sanitarios, infraestructura, conocimiento comercial y, sobre todo, la confianza de los compradores. “Costó 40 años construir todo esto”, remarcó.
Según el empresario, la exportación agrega cerca del 80% del valor final de la fruta. Una materia prima que en la quinta puede valer 100 o 200 pesos llega al mercado de destino con un valor de 1.000 pesos debido al trabajo incorporado durante la cosecha, la selección, el empaque, la conservación, el transporte y la comercialización. Y ese proceso también sostien
Agro & Campo
Presidente de los exportadores de cítricos del NEA, Enrique Yelin avisa que los envíos de naranjas y mandarinas cayeron de 170 mil a solo 50 mil toneladas: Por eso pide incrementar esfuerzos para abrir Estados Unidos
Fuente: Bichos de Campo