El fenómeno El Niño que se está desarrollando sobre el Pacífico será fuerte o muy fuerte, pero sus efectos sobre la Argentina estarán lejos de ser uniformes. Esa fue la advertencia que hizo el meteorólogo Leonardo De Benedictis durante una presentación en General Cabrera, Córdoba, donde pidió no trasladar automáticamente el escenario de excesos de lluvias previsto para el noreste argentino al resto de las regiones productivas.
“El Super Niño ha tomado una relevancia como que todo es lo mismo y para todos lados impacta de la misma manera. Y, en realidad, hay zonas y zonas”, explicó De Benedictis ante el sitio Valor Agregado Agro. Según el especialista, las mayores complicaciones por excesos de precipitación se concentrarían en el noreste argentino, particularmente en Chaco, Formosa, Misiones y Corrientes, además de las zonas vinculadas con las cuencas de los ríos Paraná y Uruguay.
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La precisión resulta relevante porque el fenómeno que viene generando preocupación entre productores y operadores del sector agropecuario es efectivamente de una intensidad poco habitual. El Servicio Meteorológico Nacional confirmó en su informe de septiembre que las condiciones del ENOS corresponden a una fase cálida o El Niño y que existe una probabilidad del 100% de que durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre se mantenga una intensidad fuerte o muy fuerte.
Pero una cosa es la intensidad del fenómeno en el Pacífico y otra, explicó De Benedictis, la manera en que esa señal se traduce sobre cada región argentina.
“Super Niño es una marca marketinera. Meteorológicamente hablando, nosotros tenemos categorías de débil, moderado, fuerte, muy fuerte”, señaló. Y agregó que un evento de intensidad muy fuerte “no significa que se va a traducir en precipitaciones en todos los lugares de la misma manera, con la misma frecuencia y con el mismo volumen”.
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Para Córdoba, y particularmente para el centro y sur de la provincia, el panorama que describió es bastante diferente al que puede presentarse en el NEA. No descartó lluvias por encima de los promedios, pero aclaró que probablemente aparezcan concentradas en determinados momentos de la campaña.
“Esas lluvias que por ahí pueden estar por encima de los promedios se van a estar dando en ciertos momentos de la campaña. No va a ser una situación en la cual todos los meses va a llover para arriba de lo normal”, explicó.
El meteorólogo puso como ejemplo justamente el momento actual. Septiembre, dijo, es una muestra de que la señal de El Niño no puede utilizarse como una explicación automática de lo que ocurre en cada zona. “Es Septiembre y está todo Córdoba pidiendo un chaparrón, cuando en realidad, si nos dejamos llevar por lo del Super Niño, debería estar lloviendo un montón”, señaló.
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La clave para la región central estaría entonces en los eventos puntuales. De Benedictis planteó que noviembre y diciembre podrían presentar episodios de lluvias importantes, capaces de dejar acumulados elevados en períodos muy cortos, aunque el comportamiento general de esos meses podría mantenerse cerca de los valores normales o incluso ligeramente por debajo.
“Esos eventos que, en 24, 48 horas te pueden dejar un acumulado importante” son los que habrá que monitorear, sostuvo. Porque una campaña puede terminar con un registro mensual cercano al promedio y, sin embargo, generar problemas productivos si buena parte de ese volumen cae concentrado en pocas horas.
En ese sentido, el llamado a prepararse sigue vigente, aunque el riesgo cambia según el lugar. “No es lo mismo Córdoba que Corrientes, no es lo mismo Córdoba que Formosa. Son situaciones totalmente distintas y los impactos son muy diferentes”, resumió.
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De Benedictis ya había planteado a comienzos de septiembre que el mayor impacto de El Niño sobre las regiones más expuestas se esperaba hacia noviembre y diciembre, con el Litoral como una de las zonas que podría recibir una señal más clara y persistente. También había remarcado que el término “Super Niño” no constituye una categoría meteorológica formal y que la intensidad del fenómeno oceánico no implica por sí misma inundaciones generalizadas.
En esa región, el escenario es efectivamente más delicado. La señal de El Niño puede traducirse en mayor frecuencia de precipitaciones y acumulados superiores a los normales, con períodos de saturación de los suelos y dificultades para el escurrimiento, especialmente cuando también se encuentran elevados los niveles de los grandes ríos.
Agro & Campo
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Fuente: Bichos de Campo