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Detuvieron a tres sospechosos del asalto en el colegio Emaús, de El Palomar, en el que un excomisario fue herido de un tiro
Tres sospechosos de haber participado el jueves pasado del cruento asalto a metros de la entrada del colegio Emaús, de El Palomar, fueron detenidos en las últimas horas al cabo de cuatro allanamientos en el asentamiento Carlos Gardel, en el partido de Morón. Uno de los imputados tiene 14 años.En ese asalto, ocurrido el 10 de este mes a las 7.15, fue herido de tres tiros el comisario inspector retirado Hernán Mariano Catarraso, que llevaba a su hija al mismo colegio cuando advirtió que delincuentes armados amenazaban a otros padres de alumnos del establecimiento con fines de robo e intervino para poner fin a la intimidación. El expolicía quedó internado, fuera de peligro.Según pudo saber LA NACION, dos de los delincuentes fueron arrestados esta mañana, mientras que el tercero había sido detenido el viernes durante un robo en el partido de San Martín.A partir del seguimiento de las cámaras de seguridad y de los celulares que habían robado, los detectives de la policía bonaerense lograron identificar la zona en la que la banda de asaltantes operaba y determinar dónde sustraía vehículos a mano armada y dónde los estacionaba para “enfriarlos” hasta comprobar que los rodados no tuvieran geolocalizadores activos o no hubiera concurrido ninguna empresa recuperadora a buscarlos.La banda que atacó a dos padres que dejaban a sus hijos en el colegio Emaús de El Palomar fue identificada gracias al seguimiento de las cámaras de seguridad y de los celulares que robaron.Así, los investigadores judiciales y policiales lograron reconstruir el recorrido que realizaron cuando cometían los robos y el área en la que estacionaban los vehículos para “enfriarlos” hasta comprobar que no tuvieran geolocalizador activo o no hubiese concurrido ninguna empresa recuperadora a buscarlos.Según fuentes de la investigación, el raid de robos cometido por la banda había comenzado el día anterior al tiroteo, cuando, a punta de pistola, se apoderaron de seis automóviles en una tarde. Además de los celulares de los delincuentes, los investigadores pudieron reconstruir el recorrido con los localizadores de los teléfonos de las víctimas de los robos.Los investigadores, tal como informó LA NACION la semana pasada, habían determinado que cinco minutos después de balear al comisario inspector Catarraso protagonizaron otro violento robo. Luego de que el oficial retirado de la fuerza de seguridad provincial frustrara con su intervención los robos de su camioneta Ford Ranger negra y del Peugeot 208 blanco de Luciana, la madre de una alumna, los asaltantes continuaron su raid delictivo en busca de otros automóviles.Según fuentes de la investigación, los ladrones que protagonizaron el tiroteo que conmocionó a la comunidad educativa del mencionado colegio forman parte de una banda dedicada a robar automóviles en la zona y que cobra $2 millones por cada vehículo.A 18 cuadras del colegio Emaús, en la esquina de Enrico Fermi y Sargento Cabral, los malvivientes, vestidos con ropa negra, interceptaron a una joven madre, amenazaron con matar a sus dos hijos y se apoderaron de su Peugeot 308 blanco.Este fue el último de los vehículos que la banda robó en un raid delictivo que había comenzado el miércoles pasado a las 17.30, cuando en la misma zona y a punta de pistola se apoderaron de un Peugeot 208 gris oscuro.Al día siguiente, los malvivientes, a bordo de ese auto, se dirigieron a la zona del colegio donde, aprovechándose del factor sorpresa, planeaban robar los vehículos de los padres de los alumnos que estacionan en doble fila y, en algunos casos, los dejan abiertos mientras acompañan a los niños a la puerta del establecimiento.Esos segundos de descuido serían la situación de ventaja con la que contarían los asaltantes para llevarse los vehículos. A tres cuadras y media del colegio, los delincuentes aprovecharon el descuido de un vecino para robarle un Toyota Yaris. Así, con ese automóvil y el Peugeot 208 gris oscuro que habían robado la tarde anterior, los ladrones llegaron a las inmediaciones del colegio, en Santiago Brian al 900. Allí advirtieron que un padre, a bordo de un Peugeot 208 blanco, abandonaba el vehículo para acompañar a su hija a la puerta del establecimiento.En ese momento se produjo una división de roles. Cuatro ladrones descendieron del Peugeot 208 gris oscuro y de la Toyota Yaris del mismo color; dos de ellos apuntaron al padre de una alumna, sin saber que era un policía retirado. Los otros dos amenazaron a la madre de otra alumna que llegaba en una camioneta Ford Ranger negra.El dueño del Peugeot 208 blanco se identificó como miembro de una fuerza de seguridad e impartió la “voz de alto”. Pero los asaltantes, que tenían superioridad numérica, dispararon primero e hirieron de tres balazos al policía retirado. Los ladrones aprovecharon la confusión y el pánico generalizado entre los padres de los alumnos que dejaban a sus hijos en la escuela para huir en los dos vehículos en los que habían llegado.Como si no les importara que hubieran baleado a un vecino, y con el objetivo de conseguir otro automóvil, los asaltantes recorrieron 18 cuadras y al llegar a la esquina de Enrico Fermi y Sargento Cabral sorprendieron a una joven madre que, instantes antes, había salido de su casa para llevar a sus hijos al colegio.Una cámara de seguridad privada grabó la escena en la que el ladrón que conducía el Peugeot 208 gris oscuro interceptó a la conductora del Peugeot 308 blanco. Al mismo tiempo, un delincuente descendió del automóvil oscuro y apuntó con un arma a la joven madre que, segundos antes, había realizado una maniobra para eludir a los asaltantes.Con los tres vehículos, el Peugeot 208 gris oscuro, el Peugeot 308 blanco y el Toyota Yaris, los malvivientes se dirigieron a la Villa Carlos Gardel, donde estacionaron los automóviles y, según se conoce en la jerga delictiva, los dejaron “enfriar”.Este término se utiliza para denominar a la maniobra que realizan las bandas que se dedican a robar automóviles y los estacionan en un determinado lugar hasta comprobar que ninguna empresa dedicada a la recuperación de vehículos sustraídos concurre al lugar a buscarlos.Con esta maniobra, los asaltantes también se aseguran de que los vehículos que robaron no cuenten con localizadores satelitales. De esta forma, otros integrantes de la banda que actúan como “pasadores” retiran esos vehículos y los llevan a los talleres donde los convierten en “mellizos” o a la frontera con Paraguay, donde los cambian por droga.Según la información aportada por una fuente de la investigación, los asaltantes que concretan los robos a mano armada o “de caño” cobran $2 millones por cada vehículo sustraído.
Fuente: La Nación