Mirar la luna

No suponga el lector que la sugerencia de mirar la luna conlleva un giro romántico, amatorio o sensible; va directo a los datos de la ciencia. El Día Internacional de la Observacion de la Luna es una inciativa anual de la NASA, que reúne a personas de todos el mundo para observar nuestro satélite y seguir avanzando en aprender sobre su geología, su exploracion, sus misterios, y su trascendencia. Esta invitación a su observación, que la NASA efectua cada año, durante el primer cuarto lunar, por tratarse de una fecha movible que este año concuerda con el 19 de setiembre.Territorio de los dioses, patrimonio de mitos, y objeto permanente de admiración y análisisLa luna, durante miles de años, pareció cercana algunas veces y otras, un extraño satélite o astro misterioso; fue también territorio de los dioses, patrimonio de mitos, y objeto permanente de admiración y análisis. Tambien corresponde al hombre, que desde su limitada existencia, fue un sorprendido explorador de un misterio o de un milagro que aún hoy no nos da todas las respúestas. Oportunamente llegaron los telescopios, los satélites, los científicos, las naves espaciales, las sondas que nos traían fotogs desde más allá de los límites del sistema solar: sin embargo, el hombre desde su candidez, siempre insistió en preguntarse, que rol jugaba la luna: ¿había agua?, estaba lejos, ¿se podria vivir? Algunos querían comprar terrenos y mudarse, buscando nuevos horizontes y destinos y por cierto beneficos por ser los primeros.El hombre, en su historia de exploración, puede resumirse como una sucesión de fronteras: primero fueron los desconocidos y lejanos territorios, solo recordemos a Alejandro Magno llegando a la India y descubriendo los elefantes. Despues los grandes ascensos a la altísimas montañas, y como contrapunto, descender con ciertas seguridadades a las profundidades de los oceaños. Por último la luna y los puntos más extremos del planeta. En 1865, Julio Verne publicó De la tierra a la luna y en 1870 continuó aquella pasión con Alrrededor de la luna, soñanado con una expedición, disparando un satélite con un gran cañón gigantesco, que podría llegar a tan lejano destino. Qué maravilla que el hombre, con su genio e ingenio a partir de sus propios sueños, transformó todo en cálculos de ingeniería, trayectorias, ajustes técnicos y tecnología adecuada, para poder alcanzar tamaña proeza. Que encerraba tanto de utopía como de curiosidad.En 1902, Georges Méliès llevó aquella imaginación al nacicmiento del cine con El viaje a la luna. Su célebre proyectil, que alzanza a la luna y queda clavado en el el ojo de un potencial rostro lunar. Hoy pertenece a la historia del cine y dio energía a la ciencia. Es decir que primero alguien imagina el viaje. Depués alguien lo hace posible. Obviamente concluimos, que casi todo esta precedido, antes de la realidad, por lo que todavía no existe, pero sí se puede soñar, presentir, intuir... La realidad alguna vez lo tornará materialmente cierto.El gran día llega el 20 de julio de 1969El 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética puso en órbita el Sputnik 1, primer satélite artificial que orbita la tierra. Y en octubre del mismo año, el Sputnik 2 se permite llevar a bordo a la perra Laika que también orbita la Tierra. Tal vez sea justo honrrar a este animalito, que permitió, años después, al hombre, el ruso Yuri Gagarin, flotar entre la Tierra y la Luna. Pero el gran día llega el 20 de julio de 1969, cuando el astronauta Neil Armstrong, pausadamente descendió por la escalerilla del módulo lunar Eagle y apoyó suavemente la planta de su solida bota sobre la superficie de la Luna. El milagro soñado por el cine, la imaginación de los hombre, y el astronauta, como representante de toda la condición humana, posaba su sello en tan distante y inhóspita superficie.El acontecimiento no fue solo vivido por un reducido grupo de científicos. Fue admirado y visto por millones de hombres, mujeres y niños que, desde el blanco y negro de las pantallas de tv, vieron las imáenes de ese privilegiado que tocaba la luna y dejaba fuertemente grabada la impronta de la condición humana. En ese instante la luna dejó de ser solo un objeto celeste: durante horas se convirtió en un nuevo mundo, explorado por millones de anónimos de toda la humanidad.La NASA continuó estudiándola, mediante misiones, instrumentos, y una observación permanente. Ya no se trató de una épica carrera por llegar, se cruzó una frontera que abrió nuevos estudios; no se la conquistó, se la alcanzó para canocerla, y observarla permanentemente, para llevar adelante nuevas investigaciones, crear mapas lunares, y actividades que la vinculan a las estrategias más impensadas. Los signos de lo militar se hacen presentes, sin evitar otras actividada educativas y culturales también.Tal vez hoy, cuando levantemos nuestros ojos hacia la luna, para mirarla, no será simplemente como otras veces. Hoy advertiremos los siglos de interrogantes, misiterios, luchas, ciencia y técnica. Claro que ahora tenemos la IA, esa misteriosa nueva luna, que tal vez hoy nos aconseja a dejar de sentirnos exploradores, y simplemente dejar pasar el tiempo, pensando en otras cosas., mientras ella trabaja por y para nosotros. Otra pregunta que tampoco tiene respuesta

Fuente: La Nación

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