Un edificio de 1912 refugia el legado de un ícono de la arquitectura moderna argentina

Que el estudio de uno de los arquitectos más modernos y singulares de Argentina haya estado por casi 50 años en un edificio clásico de 1912 parece una curiosidad. Pero para uno de sus colaboradores más cercanos no es ninguna contradicción: “Clorindo siempre decía que hay que trabajar con lo que hay”, cuenta Oski Lorenti (y, de hecho, su hogar también era un experimento de diálogo entre lo clásico y lo moderno).Aunque conserva signos originales como un esmerado piso de venecitas, molduras y boiserie, el piso fue renovado para albergar a la Fundación Clorindo Testa. Sus salas de colores plenos, puntales de madera a la vista y las obras y maquetas expuestas reflejan signos de una vida y un quehacer que no tuvieron nada de convencional.La Fundación se constituyó en 2018 por iniciativa de Teresa Bortagaray y Joaquina Testa, la viuda y la hija del arquitecto, respectivamente. Desde entonces, la dirige el artista y gestor cultural Julio Suaya.Cuenta Suaya que conoció a Testa cuando lo convocó a muestras que organizaba. Su relato sobre los almuerzos en la casa del arquitecto refleja su característico espíritu lúdico: “Los domingos hacía casa abierta: la mesa del comedor estaba compuesta por seis mesas de un metro por un metro, como las de bar, y él las modulaba según la cantidad de gente. Le gustaba cocinar pastas, experimentar con salsas. A veces con éxito y otras no, como cuando intentó hacer una con yerba mate”.La reformaUno de los primeros proyectos de la Fundación fue la reforma del estudio donde el arquitecto trabajaba junto a su equipo de colaboradores. Por directiva de Clorindo, en su momento los ambientes habían sido pintados totalmente de blanco. Pero como la idea era darle una impronta de espacio expositivo, el curador Patricio López Méndez sugirió que las salas se pintaran con tonos vivos, evocando un gesto característico del estudio: alternar el hormigón y el blanco con detalles de color.Con un azul vibrante se identificó la sala dedicada a su arte, con rojo una sobre su costado ‘Humanista’ (en la que se exhiben sus colecciones de barcos y máscaras africanas) y con amarillo la que abarca su trabajo como arquitecto. También se conserva su oficina, con el escritorio tal como lo dejó.Tanto en la obra arquitectónica como en la artística de Clorindo hay una preocupación central sobre el hombre como fin, como centro del pensamiento.En el espacio sigue funcionando el Estudio Clorindo Testa, que hoy dirigen Oski Lorenti y Juan Fontana, sus socios y discípulos, designados por la familia como los únicos intérpretes válidos de su obra, con facultad de usar la firma del estudio en proyectos pendientes y futuros.“Mal puedo arrepentirme de algunas de mis obras ya que casi todas ellas las gané por concurso. Me gusta presentarme a ellos. Se gana y se pierde. Pero en todo su desarrollo me divierto mucho. Esto es muy importante: divertirse con lo que uno hace”, dice la frase que corona esta sala.Un espacio del piso se destinó a una biblioteca que integra el centro documental, un cuarto para investigadores, una sala de archivo y una reserva. El centro documentalDespués de la reforma del piso, el trabajo de la institución se concentró en el registro, catalogación y digitalización de la obra de Clorindo, tanto artística como pictórica.Se conserva material de 221 proyectos: planos, fotos, bocetos y otros documentos minuciosamente catalogados para su consulta por parte de estudiantes e investigadores. Gracias a un convenio con la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, se digitalizaron 286 planos de gran formato.Entre la modernidad y el humorOski Lorenti cuenta que durante su época de estudiante en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de La Plata, increpó a uno de sus profesores sobre por qué no enseñaba a Clorindo Testa. Cuando lo echaron del aula, se puso como objetivo conocerlo. Dio con él, y lo único que le pidió el arquitecto fue un dibujo. Poco después empezaron a trabajar juntos. Él era un moderno, en el sentido pleno. La modernidad como búsqueda de la verdad. Y en esa búsqueda encontró su manera: a través de una idea y un vocabularioOski LorentiCuenta Lorenti, que también es profesor de la recientemente inaugurada Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica Argentina, que los concursos eran momentos casi místicos. “Estábamos los tres: Juan, Clorindo y yo, como en un claustro de dos o tres días. Nos encerrábamos, empezábamos a discutir. Había un momento que no sabías cuándo pasaba, podía ser el primer día o el tercero, era algo corporal. El tipo bajaba la cabeza y empezaba a dibujar”, describe.Cuando a Clorindo le había bajado una idea, no hacía nada más. Podía haber un mundo a su alrededor, pero la concentración y atracción que tenía con lo que estaba haciendo era increíble. Me encantaba verlo.Oski Lorenti“Hoy se trabaja con información: vos no sabés cuál es el resultado final, te vas acercando a él con información. Antes, la búsqueda era la forma: sabías adónde querías llegar y encontrabas el camino. Clorindo pertenece a eso anterior. Buscaba la verdad”, dice Lorenti.La mayoría de las personas que lo rodeaban destacan su humor. “Tenía una parte de niño que siempre mantuvo, algo lúdico vinculado a la infancia en cuanto a su libertad y creatividad”, dice Suaya. Esto se refleja en la elección del lema de la Fundación: “Hay una serie de obras suyas en las que dice ‘estoy alegre’, ‘estoy muerto’, ‘estoy vivo’. Cuando vimos eso, entendimos que ese era el eslogan. La responsabilidad nuestra es mantenerlo vivo”, agrega.Recientemente la fundación participó de la exposición “Habitar la forma: desde el arte a la arquitectura”, que incluye tres obras de Clorindo en diálogo con doce artistas contemporáneos. Se puede visitar en el Centro Cultural Rojas hasta el 29 de octubre.También editó el libro para chicos “Yo quiero ser arquitecto”, colaboró con la Comuna 2 de la Ciudad de Buenos Aires en la realización de un mural ubicado en la calle Agüero (entre Avenida del Libertador y Las Heras, próximo a la Biblioteca Nacional) y con la producción de un documental a cargo de Ezequiel Hilbert (director de “Mundo Salamone”).La Fundación y el centro documental pueden visitarse con cita previa completando el formulario publicado en su página. www.fundacionclorindotesta.org

Fuente: La Nación

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