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Enrique Díaz Álvarez, filósofo mexicano: “Debemos dejar de fascinarnos con la burla y el sentido del humor macabro para volver a sensibilizarnos”
Enrique Díaz Álvarez sostiene que la sociedad puede ampliar tanto su umbral de tolerancia que determinadas formas de violencia terminan por parecer normales. El autor de Lo intolerable planteó esta preocupación durante el “Hay Festival Querétaro”, donde participó el 6 de septiembre de 2026.Enrique Díaz Álvarez: por qué advierte sobre la normalización de la crueldad“Debemos dejar de fascinarnos con la burla y el sentido del humor macabro para volver a sensibilizarnos”, sostuvo en una entrevista con BBC Mundo. El filósofo considera que la exposición reiterada a imágenes de sufrimiento puede reducir la capacidad de reaccionar frente a ellas.El escritor habla de una política de la crueldad y menciona las medidas migratorias de Donald Trump y la violencia en Gaza. Según su análisis, determinadas formas de brutalidad ya no permanecen necesariamente ocultas, sino que pueden exhibirse como parte del mensaje político. “Lo que se busca ahora es aclimatarnos, normalizar cosas que antes no podíamos tragar”, afirmó.Qué significa “pensar con todo el cuerpo” para Enrique Díaz ÁlvarezUno de los conceptos centrales del libro es “pensar con todo el cuerpo”. La propuesta parte de reconocer las reacciones físicas y emocionales que provoca el sufrimiento ajeno, como la repulsión, la vergüenza o la indignación.“Es una invitación a pensar con todo el cuerpo”, explicó. Para desarrollar esta idea, recupera a la filósofa española María Zambrano y su planteo sobre la necesidad de pensar también desde el interior.También retoma a Hannah Arendt para distinguir entre culpa y responsabilidad. “Una persona no tiene que haber cometido directamente un acto para asumir una posición frente a algo que ocurre en nombre de la comunidad a la que pertenece”, remarcó.Filosofía para todos: ¿qué es la filosofía?El autor resume esa postura con una frase referida al trato hacia los migrantes. “No maltraten al migrante en mi nombre, con mis impuestos”.También menciona las movilizaciones en defensa de los migrantes en Minneapolis frente a las operaciones de las autoridades de inmigración. Para el académico, esas respuestas muestran que todavía existe la posibilidad de convertir la identificación con el otro en una reacción política.Cómo resistir la normalización de la violencia, según Enrique Díaz ÁlvarezLa cantidad de imágenes que circulan diariamente también forma parte de su análisis. Las escenas de violencia pueden aparecer junto a noticias, entretenimiento, publicidad y contenidos de redes sociales, en una sucesión que puede reducir su impacto emocional.“Necesitamos pensar en cómo resistir a esa aclimatación”, señaló. Su propuesta es recuperar la capacidad de sorpresa frente al sufrimiento y mantener la indignación ante aquello que considera intolerable.El ensayista también pone el foco en las formas de narrar la realidad. El periodismo de investigación, la literatura, el cine y la fotografía aparecen en su planteo como herramientas para disputar los discursos que convierten a determinados grupos en una amenaza. “En una época en donde reina el ruido, la mentira, la ofensa, el insulto, creo que el lenguaje es parte central de la batalla”, afirmó a BBC Mundo.Enrique Díaz Álvarez y la responsabilidad colectiva frente a la violenciaEn su ensayo, el autor vuelve sobre lo que sucede cuando la violencia deja de generar rechazo y empieza a incorporarse al día a día. El planteo también apunta a la responsabilidad de quienes observan esas situaciones y de las sociedades que permiten que determinados abusos se vuelvan aceptables.La obra fue publicada por Anagrama en 2026 y forma parte de una reflexión sobre la crueldad contemporánea.Su trayectoria académica está vinculada con la filosofía política. Es doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona y desarrolla su actividad docente en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Antes de este trabajo, recibió en 2021 el Premio Anagrama de Ensayo por La palabra que aparece.
Fuente: La Nación