El maíz argentino encara una nueva campaña con una combinación que, en principio, invita al optimismo. En buena parte de las regiones productivas los perfiles llegan recargados después de las lluvias de los últimos meses y, además, la genética viene empujando cada vez más arriba el potencial de rendimiento. Quizá la parte negativa sea ver de qué forma se comportará la chicharrita, plaga odiosa que llegó a recortar un 40% la producción nacional.
Pero para que la disponibilidad de agua que aportaría el evento climático “Niño” y ese potencial genético se conviertan efectivamente en kilos de grano hace falta un tercer componente: nutrición. Desde Fertilizar Asociación Civil plantearon que la campaña presenta una oportunidad para revisar el manejo de los nutrientes y evitar que las deficiencias del suelo terminen poniendo un techo al rendimiento.
“Tenemos agua disponible y genética con un enorme potencial. El desafío es que la nutrición no se transforme en el factor que limite ese rendimiento”, señaló María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de Fertilizar AC.
El planteo tiene como punto de partida una realidad conocida del agro argentino, pues los cultivos vienen extrayendo del suelo más nutrientes de los que se reponen. Según la entidad, en la última campaña se restituyó menos del 40% de los principales nutrientes exportados con los granos, con balances negativos de nitrógeno, fósforo, azufre y zinc.
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En el caso del maíz, esa brecha nutricional puede tener una relación directa con la distancia entre el rendimiento que efectivamente se obtiene y el que permitirían alcanzar la genética y el ambiente.
Según González Sanjuan, un maíz de 120 quintales de rendimiento tiene un requerimiento aproximado de 260 kilos de nitrógeno y 48 kilos de fósforo, entre otros nutrientes. La especialista sostuvo que las diferencias entre los nutrientes que el cultivo necesita y los que efectivamente se aportan ayudan a explicar buena parte de las brechas productivas. A nivel nacional, Fertilizar estima que se cosecha alrededor de un 30% menos de maíz que el potencial que podría alcanzarse.
La disponibilidad hídrica aparece este año como una oportunidad especialmente interesante. Con perfiles recargados, el cultivo puede arrancar con una reserva de agua capaz de sostener buena parte de su ciclo. Pero esa condición, por sí sola, no garantiza un buen rendimiento. La cosecha récord de trigo sirve de ejemplo de ello.
“Agua y nutrientes deben pensarse en forma integrada. Un cultivo bien nutrido tiene mejores herramientas para aprovechar el agua disponible”, explicó Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar AC.
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El dato que aporta la entidad resulta particularmente interesante para una campaña que comienza con buenas perspectivas hídricas. Ensayos de largo plazo de la Red de Estrategias de Fertilizar muestran que la eficiencia de uso del agua puede aumentar entre 22% y 44% cuando los cultivos de maíz reciben una nutrición adecuada.
En esos ensayos se pasó de menos de 12 kilos de grano por cada milímetro de agua caída a casi 17 kilos por milímetro. Traducido a una situación concreta, con 500 milímetros disponibles durante el ciclo, la diferencia podría representar unos 2.500 kilos de maíz por hectárea.
Por eso, desde Fertilizar consideran que una campaña con buena oferta hídrica es precisamente una de las situaciones en las que más sentido tiene ajustar la estrategia de fertilización. “Frente a perfiles recargados, el diagnóstico cobra todavía más importancia: tenemos una oportunidad productiva que no deberíamos desaprovechar por deficiencias nutricionales que podemos anticipar y manejar”, sostuvo Ciarlo.
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La recomendación de la entidad empieza por una herramienta bastante menos sofisticada que las nuevas tecnologías de agricultura de precisión, que es el análisis de suelo. De acuerdo con una encuesta reciente de Fertilizar, apenas el 26% de la superficie analizada se muestrea todos los años. Otro 9% nunca se analiza y un 17% lo hace con muy baja frecuencia.
También hay diferencias según el nutriente. El 30% realiza análisis de nitrógeno todos los años y apenas el 23% lo hace para fósforo. La disparidad también aparece entre regiones. En el sudeste y oeste, el 44% de los productores muestrea todos los años, mientras que en el norte ese porcentaje cae al 15%. Allí, además, un 26% declara no realizar análisis de suelo nunca.
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Para planificar la nutrición de un maíz, Fertilizar recomienda determinar el fósforo extractable, zinc y azufre de sulfatos en los primeros 20 centímetros del suelo y medir los nitratos disponibles antes de la siembra hasta los 60 centímetros de profundidad.
“El análisis de suelo es la inversión más pequeña dentro del costo total de implantación y, al mismo tiempo, una de las que más información aporta para tomar decisiones de manejo de gran impacto”, afirmó Ciarlo.
El objetivo es conocer cuánto puede aportar el propio suelo antes de definir cuánto fertilizante necesita el cultivo. En el caso del nitrógeno, además de los nitratos presentes, se debe considerar el aporte que realizará la mineralización de
Si la extracción de nutrientes continúa superando sistemáticamente a la reposición, la productividad futura queda condicionada. Cada cosecha se lleva una parte de los nutrientes disponibles y la fertilización debe contemplar tanto las necesidades inmediatas del cultivo como la conservación de la capacidad productiva del sistema.
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“No se trata solamente de pensar cuánto podemos producir esta campaña. Cada cosecha se lleva nutrientes y, si sistemáticamente extraemos más de lo que devolvemos, estamos consumiendo parte de la fertilidad que construyó nuestro sistema productivo”, advirtió González Sanjuan.
Para Fertilizar, entonces, la combinación de agua disponible y genética de alto potencial no debería llevar a relajar el manejo nutricional, sino exactamente en la dirección contraria.
“Tenemos una oportunidad productiva que no deberíamos desaprovechar por deficiencias nutricionales que podemos anticipar y manejar”, resumió Ciarlo.
Agro & Campo
Hay agua y genética, pero falta algo: Fertilizar pide ajustar la nutrición del maíz para no dejar rendimiento en el camino
Fuente: Bichos de Campo