Andrea Garrote: la directora de obras de culto que ahora apuesta por el desafío de desenmarañar los vínculos familiares

En la mitología andina, su cosmovisión indicaba que “Amaru” era el nombre -en quechua- asignado a una serpiente sagrada. Se la pensaba como una deidad y también como una fuente de energía y sabiduría. Partiendo de ese imaginario como inspiración para darle nombre a uno de los personajes -y a la propia obra- la dramaturga Andrea Garrote desarrolló su nuevo material, donde también asume la codirección y forma parte del elenco protagonista. View this post on Instagram “Uno tiene la cabeza dividida, es un trabajo de mucha concentración, porque, estoy dentro de la escena, pero también cumplo un rol por fuera al codirigir. En este sentido, descanso mucho en Carolina Stegmayer, quien tiene una mirada muy cómplice, no podría hacerlo sola, no sería bueno para el material”, argumenta Garrote en relación a su trabajo y a la sociedad artística en torno a la dirección. Amaru, que se estrenará el próximo domingo 6 de septiembre en el histórico teatro Picadero, también cuenta con las actuaciones de Marcos Ferrante, Fiamma Carranza Macchi y Julián Cnochaert.Indudablemente, la multiplicidad de roles dentro de la propuesta implica para la artista revisarse en cada una de esas facetas: “Como dramaturga me interesa pulir, sacar, agregar, mover el orden de determinados parlamentos, la idea es que, durante el proceso del montaje, el texto se hidrate, hay que darle la oportunidad de madurar, rara vez un texto se estrena tal como fue escrito”. En ese sentido, destaca la literalidad de Pundonor, material que subió a escena, y se continúa representando, prácticamente como fue concebido. “Como conlleva la estructura de un monólogo, en todo este tiempo solo se le sumó alguna que otra línea”, se refiere a esa magnífica propuesta donde interpreta a una docente universitaria transitando su abismo y el escarnio ante sus alumnos. Una propuesta de culto de su autoría y que dirigió junto a Rafael Spregelburd, con quien también sentó las bases de El Patrón Vázquez, el colectivo teatral que exploró la escena con lenguaje propio machacando en su propia teatralidad. -¿Revisás tus materiales con insistencia hasta lograr una versión final?-Me interesa mucho ese proceso, disfruto de la reescritura, ahí aparece el oficio del escritor. La dramaturgia de Amaru se desarrolla a partir del maridaje de dos relatos en simultáneos. Lo fantástico entrelazado con la intimidad de una familia en proceso de desbarrancarse emocionalmente. De pensar en padres e hijos y del paso y la percepción del tiempo también se trata. Y, en ese ecosistema, el poderío de Amaru buscará modificar el estado de las cosas.-Lo simbólico atraviesa la dramaturgia de la pieza. -Hace tiempo que tenía ganas de escribir un material que fuera un poquito más arriesgado. Si nos basamos en la Tesis sobre el cuento de (Ricardo) Piglia, todo relato son dos relatos que realizan transacciones entre sí. Un padre y una madre reciben a la pareja de su hijo, allí reside una de las capas narrativas de la propuesta. “Típica clase media ilustrada en vías de desaparición, interesados por la disección de las palabras”. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia, podría declararse de movida. Cuando irrumpe la joven pareja del heredero nada es lo que parece. “Todos experimentan un ´crash´ con esa visita, pero, en paralelo, la otra historia es la de Amaru, la serpiente quechua y todo lo que representa”. En el texto de Amaru se menciona a celebridades referenciales de la cultura como Jorge Luis Borges y Martha Argerich y también la iconografía en torno a los clásicos griegos “podríamos decir que esta familia es una versión porteña de lo que mostró Teorema de (Pier Paolo) Pasolini”.Como en aquel clásico del escritor y realizador italiano, en el planteo de Amaru entra en juego el encantamiento y lo onírico. Y, tal como es sello en la dramaturgia de Garrote, lo intertextual aplica con resonancias poderosas. Más allá de los relatos y simbologías simultáneas, estas capas narrativas se hacen asequibles para el espectador: “Todo está contado con humor, desde diálogos con gracia, me gusta que el teatro tenga conceptos, humor y emocionalidad”. -Los protagonistas pertenecen a una clase media en proceso de aniquilación. ¿Cómo se inserta esta realidad en el actual contexto de nuestro país?-La obra es muy actual, tan actual que decidimos alejarla hacia lo fantástico. No podría pensar este material desde una puesta donde se vea un living. La escenografía es muy loca, hermosa y simple. -A partir de tu descripción, es evidente que el material es desafiante para el espectador. -Sí, es cierto, pero eso no implica que sea críptico, es para todos. -No excluye.-Para nada, la obra es muy clara. Creo que un público joven también la puede disfrutar mucho. Lo conceptual define buena parte del corpus de escritora, de la actriz y directora. En Pundonor, de la mano de la profesora de ficción Claudia Pérez Espinosa, aparecía el ideario en torno a Michel Foucault. En Amaru también las referencias intelectuales contextualizan. -La posibilidad de incorporar pensadores en tus textos es un rasgo que te define. -Uno pinta su mundo, también en esta obra hay algo de homenaje a mi propia familia. Vengo de una casa bastante intelectual, donde el psicoanálisis, el derecho, la filosofía del derecho y la literatura daban vueltas permanentemente. Siempre digo que, en mi familia, el amor por (Jorge Luis) Borges era “antigrieta”, por eso lo cito en la obra como a alguien que se quiere mucho.Era niña cuando su madre y su hermano mayor pudieron asistir al ciclo de conferencias que brindó el autor de El Aleph en el Teatro Coliseo durante siete noches. “Me las perdí, era muy chica”, se lamenta. “Recuerdo que, en mi casa, el día que murió el escritor fue muy triste, como cuando partió John Lennon, son patrimonio de la humanidad. Por eso, cuando, en estos tiempos, se critica o se desprecia a la cultura, pensándola como algo elitista, me resulta doloroso”. EstímulosGarrote se pronuncia en contra de la evaluación cuantitativa que, muchas veces, se busca confluir como argumentos para otorgar o quitar apoyos a determinados movimientos, lenguajes y estructuras artísticas de parte de quienes administran las instituciones de fomento: “¿Qué arte tiene más valor que otro? No se trata de mirar solo la cantidad de gente que va a ver algo, porque sería pensar que lo único que valida al artista es el número; eso es engañoso y sin sentido”. -Esa perspectiva anularía la obra de un artista como Vincent Van Gogh, tan poco reconocido por sus contemporáneos. -Exacto, la historia del arte nos indica que eso no tiene ningún sentido. La actriz también se lamenta sobre determinados indicios de pauperización cultural: “La música que hoy se escucha en la calle, shoppings y medios masivos, objetivamente, tiene poco valor con respecto a la del pasado, hay técnicas que se han perdido. No se trata de valorizar el ayer como lo único posible, pero no podemos dejar de alertar sobre algunos temas. Pongo el ejemplo de la música, porque me parece muy visible para pensar la cultura, como la comida chatarra, donde todo es lo mismo”.-¿Por qué considerás que, desde el actual poder gubernamental, hay una mirada beligerante hacia los artistas?-Porque saben muy bien que los artistas generamos comunidad, somos argentinos por (Lionel) Messi y por (Jorge Luis) Borges, eso nos une como Nación. (Diego) Maradona es como un hermano fallido que todos tuvimos. -Allí emerge lo identitario.-Atacar la cultura de un país es un objetivo claro cuando se quiere vender ese país o no construir un Estado soberano. -En contraposición a eso aparece el fenómeno de lo teatral, tan asediado, pero con energías suficientes para erigirse multiplicado. -Es algo único, es un acto de resistencia, pero también porque hay un ecosistema construido. Tenemos los circuitos de las salas estatales, comerciales e independientes, hay talleres y cursos por todos lados, es un hábito muy adquirido. -¿Cómo dialoga la escena con la realidad nacional y la del mundo?-Si pensamos en los orígenes del teatro y en Atenas, allí se hablaba sobre los problemas de la “polis”, la ciudad, y sobre las personas, era el lugar de la filosofía popular. La filosofía debe volver a ser popular, por eso me interesa unir filosofía, poesía y divertimento. RumbosEn cine, fue parte de los elencos de propuestas exitosas y de gran factura artística como Relatos salvajes (Damián Szifrón) y de materiales de culto como La flor (Mariano Llinás). También pisó los sets televisivos siendo partícipe de varias ficciones, pero, por sobre todo, ha convertido la escena como su lenguaje más transitado, basta pensar en obras como La extravagancia, La modestia, La casa de Bernarda Alba y aquella recordada experiencia llamada Bizarra.-Tu continuidad laboral ha sido fluida, con una acertada elección de trabajos prestigiosos, y alejada de las aspiraciones de masividad. ¿Qué entendés por éxito?-Hago lo que me surge con ganas de hacer, las cosas se van dando. De pronto, si aparece un buen papel y ese papel es exitoso, me daría un poco de vértigo, pero lo asumiría. Entiendo que no se puede todo. Le he puesto más energía al teatro, porque conlleva la escritura, que es algo que me interesa, además de la actuación y la dirección. Son viajes diferentes y hermosos. El teatro me llena mucho, la libido está puesta ahí y no se puede colocar en mil lados. -Para el espectador consuetudinario, tu nombre es familiar. -Lo sé y lo agradezco, por otra parte, con (Rafael) Spregelburd tuvimos una compañía durante veinte años con la cual viajamos por buena parte del mundo representando a la Argentina, haciendo un teatro muy valorado. Como directora, actualmente también es la responsable de Prima facie, escrita por la dramaturga australiana Suzie Miller y protagonizada por Julieta Zylberberg, una de las apuestas más reconocidas de las últimas temporadas de la cartelera local que también se puede ver en el Teatro Picadero. View this post on Instagram “Me encanta

Fuente: La Nación