La ultraderecha está a las puertas de ganar su primer gobierno regional en Alemania

MAGDEBURGO, Alemania.– El partido de extrema derecha Alternativa para Alemania AfD se lanza este domingo a su primera victoria regional, con altas probabilidades de afianzar su crecimiento ganando la gobernación del estado de Alta Sajonia, en el este del país.Miles de personas se manifestaron este sábado contra la ultraderecha y en favor de la democracia en la Plaza de la Catedral de Magdeburgo, capital del estado, mientras la AfD celebraba su acto de fin de campaña. Bajo el lema “Una Alta Sajonia abierta al mundo”, unas 15.000 se reunieron en un gesto de defensa de la democracia, la diversidad y la solidaridad.Pero el protagonismo electoral parece estar del lado de AfD. Aunque no tiene garantizado obtener los votos para gobernar en solitario, la posibilidad de ganar supondría otro impulso para el partido antiinmigración y aumentaría la presión sobre el canciller Friedrich Merz.Con Merz conteniendo la respiración casi al borde de las urnas, el canciller ya frunce el ceño ante una posible derrota que amenaza con desencadenar una serie de humillaciones en las dos próximas elecciones. El 20 de septiembre le toca el turno a Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Berlín, donde la situación no es mejor.Desde hace meses, la AfD registra en las encuestas un 40% o más en el estado, de la mano de su principal candidato, Ulrich Siegmund, un político de 35 años que es aclamado como una estrella de rock en los actos de campaña y por sus legiones de seguidores en TikTok.La última encuesta publicada el jueves sitúa a AfD en el 41% de la intención de voto, seguida de la Unión Cristianodemócrata (CDU, 23%) del presidente regional Sven Schulze, La Izquierda (11,5%), el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) (8,5%) y Los Verdes, con un 6%.Sus promesas de campaña incluyen una ofensiva inmediata de “remigración y deportación” dirigida contra los migrantes irregulares, la prohibición de las banderas arcoíris del orgullo LGBTQ en las escuelas públicas y el fin de la construcción de nuevos parques eólicos.El partido, afín a Moscú, también ha sabido aprovechar el sentimiento de nostalgia por los años de la Alemania Oriental comunista y el resentimiento por la persistente brecha de riqueza con el oeste, décadas después de la caída del Muro de Berlín en 1989.“Robin Hood de derecha”Siegmund promete “hacer historia” este domingo y liderar una revolución política desde el pequeño estado de 2,1 millones de habitantes, que espera que impulse a su partido hacia la victoria nacional en 2029.“Es una especie de Robin Hood de derecha. Promete a la gente que les devolverá su estado”, explicó la autora Jana Hansel, periodista originaria de Leipzig. “No es una fórmula nueva en la derecha. Proviene de Gran Bretaña. Es un intento de vengar el orgullo herido del Este”, acotó.“Siegmund es de Alta Sajonia, habla como la gente de Alta Sajonia, es un poco más atractivo que la gente de Alta Sajonia, y esto genera un increíble fenómeno de identificación”, describió Hansel. Las políticas y el programa del partido son un peligro para la democracia, “pero esto demuestra la gravedad de los déficits que dejó la reunificación”, argumentó.El primer ministro del estado, Sven Schulze, de 47 años, del partido de centroderecha Unión Demócrata Cristiana (CDU) que encabeza una coalición multipartita, colocó enormes pancartas advirtiendo a los votantes de que “la extrema derecha lleva al abismo”.Si bien muchos votantes de AfD ansían un cambio drástico, el escenario de una victoria asusta a gran parte de Alemania, un país que se ha esforzado por expiar su oscura historia de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.La agencia interior de inteligencia de Alemania, la BfV, clasificó a la rama de AfD en Alta Sajonia como una organización “extremista de derecha”.En su último informe, la BfV documentó que muchos políticos de AfD en Alta Sajonia “emplean un lenguaje que demoniza a los migrantes” y califican sistemáticamente a los refugiados musulmanes de criminales, un menosprecio colectivo que viola “el principio de la dignidad humana”.Todos los demás grandes partidos han mantenido hasta ahora un “cortafuegos” de no cooperación con la AfD, aunque el pequeño partido BSW -que es de izquierda en lo económico, pero de derecha en materia de inmigración- dijo que podría apoyar que la AfD forme gobierno.Merz, en problemasMerz prometió detener el ascenso de la AfD reactivando la economía y restringiendo la inmigración irregular, pero hasta ahora no ha tenido éxito. “Si la AfD gana las elecciones en Alta Sajonia, sería una derrota personal para Friedrich Merz”, dijo Oliver Lembcke, de la Universidad del Ruhr en Bochum.“Su objetivo era reducir a la mitad la cuota de voto de la AfD. En cambio, la AfD ha superado a la CDU como el partido más fuerte, incluso a nivel federal. Él tiene una responsabilidad personal en este resultado”. Una victoria en las regionales demostraría que “la estrategia del cordón sanitario habría fracasado en las urnas, y ni Merz ni su equipo saben cómo gestionar la situación”.Por ahora, todas las partes coinciden en que la ventaja del AfD en las encuestas, de más del 40%, es prácticamente insalvable. La cuestión de si pueden lograr una mayoría absoluta en el parlamento de Alta Sajonia es más complicada. Depende mucho de si los partidos más pequeños superan la barrera del 5% para entrar en la cámara.Si algunos se quedan fuera, entonces la AfD necesitaría menos del 50% de los votos para formar gobierno. El BSW -que ya ha declarado que el “cortafuegos” ha fracasado- ha estado recientemente por debajo del 5%, pero si logra entrar podría facilitar el camino de la AfD al poder.La CDU, que ronda entre el 22 y el 24% en las encuestas, y otros partidos tradicionales como los socialdemócratas y los Verdes, confían en obtener suficientes votos entre todos para formar una coalición de gobierno.“Aunque la AfD no llegue al poder, la situación se volverá crítica en Alta Sajonia”, teme Anke Prellwitz, una profesora de secundaria de 50 años. “Seguirá dividiendo a la sociedad mientras se presenta como víctima”.Agencias AFP y ANSA

Fuente: La Nación