Luciano Toldo empezó a hacer silos a los 17 años, formalizó su empresa a los 21 y lleva más de tres décadas siguiendo la evolución de una actividad que pasó de ser un servicio para los tambos a convertirse en un eslabón estratégico de la producción ganadera. Hoy preside la Cámara Argentina de Contratistas Forrajeros y apuesta a que el crecimiento de la ganadería vuelva a impulsar al sector.
Hay una parte de la producción ganadera que empieza mucho antes de que el animal llegue a la balanza o al tambo. Empieza en un lote agrícola y continúa arriba de una picadora, cuando un cultivo se transforma en una reserva que después será alimento. Allí aparecen los contratistas forrajeros, una actividad que en las últimas décadas se fue profesionalizando hasta convertirse en un engranaje central de la producción de carne y leche.
Son, en cierta forma, los “chefs” del campo, pues tienen que transformar una materia prima agrícola en un alimento de calidad para que después el productor pueda convertirlo en kilos de carne o litros de leche.
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Luciano Toldo conoce esa historia desde adentro. Su historia empezó en el pequeño campo familiar: su padre tenía 40 hectáreas, alquilaba algo más y hacía un tambo. “El silo hacía que esto pueda mantenerse”, cuenta. Después llegaron otros vecinos que necesitaban el mismo servicio y aquella actividad terminó convirtiéndose en una empresa.
Una capacitación en el exterior también le permitió comprender hacia dónde iba el negocio: “Me hizo ver que la base forrajera, el silaje, iba a ser la base de cualquier dieta de alta producción. Hoy eso no se discute, si queremos producción y alta producción, tenemos que hacer silaje”.
El salto de la actividad llegó especialmente después del 2000, cuando la mejora de los precios de los commodities acompañó una expansión de la producción. “Cuando los commodities funcionaron y tenían valores, ahí estuvo el auge de decir: tenemos que producir más, tenemos que hacer silo”, explica Toldo.
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Al principio, los cultivos se picaban principalmente para disponer de reservas durante el invierno; con el tiempo, el silaje pasó a ser parte de la dieta habitual de los rodeos de alta producción. Y con ese cambio también creció la responsabilidad del contratista, pues ya no se trata simplemente de llegar al campo con una máquina y picar, sino de hacer correctamente un proceso que puede determinar cuánto alimento de calidad tendrá disponible el productor.
“Somos parte de un eslabón productivo, pero un eslabón muy importante, porque si no se hace bien esa labor, todo el esfuerzo que hace el productor se tira por la borda”, sostiene Toldo.
Por eso, una de las principales tareas de la Cámara Argentina de Contratistas Forrajeros es difundir buenas prácticas de picado y conservación. La entidad nació, justamente, a partir de problemas que se repetían entre empresas que incluso eran competidoras. “Todos teníamos los mismos problemas”, resume. Hoy la Cámara brinda información sobre costos, análisis y asesoramiento, y también comenzó a ofrecer auditorías y otros servicios destinados a mejorar la eficiencia de los sistemas ganaderos.
Mirá la entrevista completa con Luciano Toldo:
Toldo cree que todavía hay muchísimo espacio para crecer. Considera que la Argentina podría “triplicar” su producción ganadera y que el contratista forrajero será una pieza necesaria si efectivamente se produce ese salto. La Cámara calcula que actualmente se destinan unas 2,4 a 2,5 millones de hectáreas a la actividad y espera que esa superficie continúe creciendo de la mano de una mayor demanda ganadera. “Si en vez de poner 10 vacas voy a poner 100 vacas o 50 vacas, ahí atrás tiene que estar el contratista, tiene que estar el semillero, tiene que estar todo”, plantea.
El problema, según Toldo, es que para que el productor invierta necesita previsibilidad. En los últimos tiempos, dice, algunas condiciones financieras comenzaron a mejorar, pero todavía falta consolidar un escenario que permita planificar inversiones en maquinaria y tecnología. “Hoy tenemos que ser más eficientes”, afirma, aunque reconoce que ese proceso de adaptación no resulta sencillo después de tantos años de trabajar en una economía donde la inflación muchas veces terminó disimulando ineficiencias.
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El actual interés por la ganadería, sin embargo, le permite mirar el futuro con expectativa. “Empiezan a haber jugadores que a vos te llama la atención que entren, porque son jugadores que no son del palo y aparecen con altas producciones ganaderas”, cuenta. Para Toldo, la llegada de nuevos inversores y empresarios al negocio es una señal de que existen oportunidades concretas, aunque para aprovecharlas hará falta que toda la cadena acompañe: desde los productores y contratistas hasta los proveedores de genética, semillas, maquinaria y financiamiento.
La apuesta no es menor. Detrás de cada kilo de carne y cada litro de leche hay una base forrajera que alguien tuvo que producir, cosechar, conservar y convertir en alimento. Y detrás de ese trabajo están los contratistas, que cruzan permanentemente la frontera entre la agricultura y la ganadería. Si el país consigue ampliar su producción ganadera, también crecerá la demanda por sus servicios y, con ella, una actividad que Toldo conoce desde que tenía 17 años. En parte, también, ese crecimiento será explicado por quienes como Luciano, son vistos como los “chefs” del campo.
Agro & Campo
Los “chefs” del campo: Luciano Toldo es contratista forrajero y está orgulloso de su trabajo, que es -ni más ni menos- el de hacerle la comida a los bovinos
Fuente: Bichos de Campo