Hay una definición que se repite mucho entre los analistas económicos a la hora de describir el nuevo mapa económico argentino: que el agro, junto con la minería y la energía, forma parte del grupo de grandes ganadores del modelo económico de Javier Milei.
Alcanzaría con recorrer algunas producciones del interior para descubrir que esa caracterización, por lo menos, necesita varios asteriscos. También se pueden mirar los márgenes brutos de los productores agrícolas que alquilan campos. O muchos otros datos duros que desmienten eso. Pero lamentablemente la City porteña está plagada de analistas imprudentes y bastante holgazanes.
No es el caso de Maxi Montenegro, que además de economista es uno de los periodistas más obsesivos a la hora de analizar la realidad económica.
Montenegro conversó con Bichos de Campo en un congreso sectorial en Rosario, y planteó que buena parte de la contradicción que muestra al agro como “ganador del modelo” puede explicarse a partir de una decisión central del programa económico: la prioridad que el Gobierno asignó a bajar la inflación y mantener la estabilidad cambiaria.
“Yo no creo que el agro, ganadería, minería y energía son los ganadores y todo el resto son perdedores. Eso no es así”, se atajó Montenegro.
Mirá la entrevista completa:
Su argumento es que dentro del propio universo agropecuario conviven realidades muy distintas. En ese sentido advirtió que varias producciones, en especial las regionales, están sufriendo especialmente el actual reordenamiento de precios relativos.
Maxi se preguntó: “En este esquema, ¿qué es lo que el Gobierno está controlando? Para mí, demasiado. Y eso hace sufrir a distintos sectores, e incluyo a las economías regionales”.
Desde este mirada, que compartimos, mientras algunos servicios recuperaron fuertemente sus precios, muchos bienes transables quedaron funcionando como una suerte de ancla para la inflación. Allí ubicó el economista a distintas producciones agropecuarias, que además deben convivir con la apertura de importaciones, una elevada carga tributaria y dificultades para acceder al financiamiento.
Montenegro mencionó como ejemplos la producción porcina y aviar de Entre Ríos, además de la vitivinicultura, los cítricos y otras economías regionales intensivas en mano de obra.
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Para el economista, detrás de ese escenario aparece fundamentalmente la política cambiaria. “El Gobierno, en su afán de la desinflación y la estabilidad cambiaria, está toqueteando algunas variables. La economía hoy básicamente está toqueteando el dólar”, admitió.
Eso no significa, aclaró, que la salida de esta situación pase simplemente por reclamar una devaluación. Su planteo apunta a que incluso podría existir otro equilibrio cambiario dentro del propio esquema diseñado por el Gobierno, permitiendo una mayor flotación y acumulando más reservas.
“Si el Gobierno dejara flotar un poco más el dólar y, en vez de estar comprando 10 millones de dólares diarios de reservas, volviera a comprar 50 o 100 millones, dejaría un poquito más de pesos dando vuelta en la calle”, planteó. La presión compradora, a la vez, haría subir la cotización del dólar.
En ese escenario, consideró que un dólar más cercano al techo de la banda cambiaria -que se ubica ahora en torno a los 1.900 pesos- podría dar “otro aire a los sectores que compiten con importaciones, a las economías regionales”.
Por supuesto, esa decisión también tendría costos y riesgos. El principal, desde la perspectiva oficial, sería que una mayor cantidad de pesos y un dólar más alto dificulten el objetivo de seguir reduciendo la inflación.
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Montenegro consideró, sin embargo, que el traslado de una eventual suba cambiaria a los precios debería ser menor que en experiencias anteriores si el Gobierno confía efectivamente en su programa monetario. “Si todo se pasa a precios porque sí, no creés en tu programa económico. Porque la inflación es siempre, en todo lugar, un fenómeno monetario. No es un fenómeno del dólar más alto o más bajo”, argumentó, citando al propio presidente Milei y uno de sus apostillas más repetidas.
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Montenegro cree que la respuesta también está en que no quiere genera incertidumbre hacia 2027, año en que se debería definir la reelección del actual presidente.
A su juicio, pese al ordenamiento de algunas variables macroeconómicas, existe un problema que todavía no fue resuelto: “La confianza no se recuperó”.
El temor oficial, según su interpretación, sería llegar al próximo año electoral con más pesos circulando y un mercado cambiario más liberado que pueda quedar expuesto a una dolarización de carteras ante un aumento de la incertidumbre política.
“Es una economía que está maniatada. No le ponen pesos, no quiere que entren dólares fuerte porque no quiere liberar el mercado cambiario. Sabe que tiene un problema de confianza atrás que no se reconstituyó y que las opciones que tiene no son tan fáciles”, resumió.
Pero esa prudencia macroeconómica tiene consecuencias concretas mientras tanto. Entre ellas, que varias actividades productivas del interior sigan trabajando con rentabilidades mínimas o directamente negativas.
Para Montenegro, es allí donde aparece una segunda falsedad en el relato económico, además de la que muestra al agro como ganador del modelo.
La contradicción es si un gobierno que se define liberal puede implementar políticas específicas para aquellos sectores que quedaron más comprometidos por el propio ordenamiento macroeconómico. Para Montenegro, no existe ninguna incompatibilidad.
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De hecho, como ejemplo mencionó al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), al que definió directamente como “política sectorial a full”, así como distintas herramientas crediticias destinadas a pequeñas y medianas empresas. Para ellos sí hubo políticas activas. “Se pueden hacer mil cosas con el tema sectorial”, sostuvo el divulgador económico.
Incluso pronosticó que, si la situación se prolonga, podrían terminar apareciendo herramientas destinadas específicamente a actividades como la producción porcina o las economías regionales, posiblemente a través del Banco Nación u otros esquemas de financiamiento.
El problema, consideró, es que hasta ahora las intervenciones fueron demasiado pequeñas frente a las dificultades existentes. “Todo es muy homeopático”, definió Montenegro.
El periodista cerró con una observación lapidaria que va más allá de las restricciones ideológicas que suele plantearse el propio Gobierno: Me parece que hay una cuestión de fondo: no tiene gestión”.
Agro & Campo
¿El agro es realmente uno de los ganadores del modelo económico de Javier Milei? Maxi Montenegro advierte por qué el dólar usado como ancla de la inflación está asfixiando a muchas economías regionales
Fuente: Bichos de Campo